
Es comprensible, todos los ojos están fijos en Rusia y Ucrania a medida que se avecina lo impensable -una guerra del Siglo XXI-, con el aditamento de una guerra cibernética y un sufrimiento humano incalculable, impactando a millones.
Aplaudimos los pasos -incluso tardíos-, de EEUU y la OTAN diseñados para frustrar una invasión del ejército de Putin.
Al mismo tiempo, observamos con total conmoción y horror cómo Estados Unidos y sus aliados clave de la OTAN ceden ante el régimen iraní; aparentemente se preparan para liberar otros 7 mil millones de dólares para aliviar sanciones, mientras Teherán mantiene sus centrifugadoras, mantiene su programa de misiles balísticos y no existen repudios a las políticas de aplastamiento de los derechos humanos en el país. Mientras tanto, Irán continuará armando, entrenando y comandando a sus agentes terroristas como Hezbolá, los hutíes y Hamás. El Régimen mantendrá su amenaza de genocidio contra el Estado judío mientras continúa negando el Holocausto nazi.
Sorprendentemente, todas las partes están de acuerdo en que dentro de unos pocos meses (o aún menos) el Ayatolá y su Guardia Revolucionaria pueden desatar nuevamente sus amenazas de chantaje nuclear. Todo esto mientras los negociadores iraníes exigen que la Guardia Revolucionaria, brazo súper terrorista del Ayatolá, sea eliminado de la lista de terroristas de Estados Unidos. El Régimen sólo hace esta clase de demandas absurdas porque sabe que encuentra un oído comprensivo en Robert Malley, el hombre clave de Biden sobre temas de Irán.
Tendríamos alguna esperanza de que Estados Unidos no ceda a la luz de la declaración del senador demócrata Bob Menéndez acerca de que “ningún acuerdo es mejor que un mal acuerdo”.
De hecho, casi todos los demás demócratas y republicanos del Senado están de acuerdo con Menéndez. Pero Malley, en claro desafío, sigue obstinadamente el mismo plan de juego que fraguó como negociador principal para el primer acuerdo en nombre del entonces presidente Obama, el que resultó fatalmente defectuoso. La verdad es que Malley no es capaz de elaborar un acuerdo que atraviese un escrutinio, aborde cuestiones actuales o sobreviva a un simple voto a favor o en contra de un acuerdo nuclear iraní.
En cambio, se informa que el enviado especial del presidente está a punto de cerrar un acuerdo de veinte páginas que inicia “un enfoque por etapas” para volver a retomar el Acuerdo con Irán de 2015, cuyos términos críticos expirarán en gran medida -de todos modos- para 2023.
Todos tenemos una idea bastante clara de lo que los iraníes obtienen del acuerdo, pero no está tan claro si el presidente Biden y su Partido Demócrata obtendrán del acuerdo algún dividendo de paz. Un escenario más probable es que este acuerdo podría ser el preludio de otra guerra impensable, esta vez en el volátil Medio Oriente.
Las consecuencias son predecibles y repugnantes.
La economía moribunda de Irán volverá a la vida, pero no de la manera que promete Malley. Los que más necesitan la ayuda se quedarán fuera. La Guardia Revolucionaria del país, similar a la mafia, se asegurará de que la entrada de dinero en efectivo no se destine a las sufridas minorías de Irán. No habrá agua para los agricultores que luchan contra las sequías. Los árabes del país, cuyas regiones se asientan sobre el petróleo de Irán, seguirán enfrentándose a una discriminación sistemática. En lugar de invertir en atención médica, infraestructura, educación y cultura, los más de $ 7 mil millones de dólares se desviarán de inmediato a la exportación de la Revolución Islámica de Irán desde Yemen a Venezuela, desde el Líbano a Londres.
Verán cómo la actividad terrorista se expandirá y aumentará dramáticamente. Se suministrarán drones y cohetes iraníes a Hezbolá en el Líbano, a Hamás en Gaza, a los hutíes en Yemen e incluso a Maduro en Venezuela. El Ayatolá Khamenei ordenará a los representantes iraníes en países que van desde Nigeria hasta Bahrein e Indonesia, que desestabilicen a sus sociedades. Los barcos que pasen por el Estrecho de Ormuz serán atacados, saboteados y confiscados. Todo esto mientras continúa la participación de la Guardia Revolucionaria en el narcotráfico mundial.

Los estadounidenses tampoco se salvarán. Incluso si el acuerdo de Malley implica la liberación de estadounidenses rehenes retenidos mucho tiempo por el Régimen iraní, pueden estar seguros de que el Régimen aprovechará la primera oportunidad para secuestrar a más estadounidenses. Todo lo que hay que hacer es recordar la difícil situación de Xiyue Wang, la estudiante de doctorado de Stanford, que fue tomada como rehén por el Régimen iraní en Teherán pocas semanas después que la administración Obama completara el primer acuerdo con Irán.
Si hay un acuerdo, se volverá expedita la vía para el Programa de Armas Nucleares de Irán, esta vez con la bendición de las potencias mundiales.
La mayoría de los estadounidenses votaron por Joe Biden, un presidente que prometió una visión guiada por el bipartidismo tanto en el país como en el extranjero. Eso no se ha reflejado ni en la sustancia ni en el estilo en lo que respecta al Acuerdo Irán 2.0. Casi nada une más a los estadounidenses en Estados Unidos que el apoyo a Israel y la oposición a este acuerdo.
En cambio, los estadounidenses contaban y aún cuentan con un gran esfuerzo liderado por Estados Unidos para expandir los históricos Acuerdos de Abraham, y no proporcionar a su enemigo declarado los medios para destruirlos.
Y los estadounidenses esperaban un apoyo firme de los Emiratos Árabes Unidos y el Reino de Arabia Saudita cuando fueron objeto de ataques mortales por parte de los representantes iraníes. Todo lo que los Emiratos Árabes Unidos obtuvieron fueron declaraciones comprensivas de un Washington demasiado preocupado por mantener las conversaciones en Viena más que por dibujar líneas en la arena en contra de la agresión de Irán y sus representantes.
En cambio, la administración de Biden debería haber reimpuesto instantáneamente sanciones devastadoras y debería haber redesignado inmediatamente como terroristas a los agentes hutíes de Irán en Yemen (un estatus que, en primer lugar, la administración nunca debería haber revocado).
No es demasiado tarde para que el presidente Biden fortalezca su política exterior y tranquilice a nuestros aliados y amigos en la región.
Sin ella, veremos una repetición de los dramas draconianos que ya se desarrollaron en Afganistán y Ucrania y que temían para Taiwán.
Mientras tanto, se espera que los Estados del Golfo, incluidos aquellos que aún no están bajo el paraguas de los Acuerdos de Abraham, fortalezcan su cooperación con Israel y Egipto. Tendrán que trazar sus propias líneas rojas contra Irán.
Pueden defenderse a sí mismos y, a diferencia de los Estados Unidos, dejarán todas las opciones sobre la mesa porque su propia existencia se verá amenazada por un Ayatolá nuclearizado.
El Rabino Abraham Cooper es Decano Asociado y Director de Accion Global del Centro Wiesenthal
El Reverendo Johnnie Moore es Presidente del Congreso de Líderes Cristianos
(Traducción Centro Simon Wiesenthal Latinoamérica)
Últimas Noticias
Hace cuatro años comenzaba la criminal invasión de Rusia a Ucrania: jamás abandonemos a Kiev
La fallida toma rusa de la capital marcó el inicio de una guerra que redefinió el equilibrio internacional

Claves neuropsicoeducativas para las infancias
La integración de hallazgos científicos sobre el aprendizaje infantil redefine el rol docente y subraya la urgencia de abordar la diversidad en contextos sociales cambiantes, exigiendo nuevos enfoques educativos con impacto duradero en la trayectoria de las infancias

Solo el fin de la dictadura y no la modernización del régimen es libertad para Cuba y seguridad para las Américas
La dictadura castrista es hoy conocida por la miseria a la que ha llevado al pueblo, la evidencia global de que detenta el poder con terrorismo de Estado y violaciones a derechos humanos

¿Cómo se creó un país como Estados Unidos?
Si el 4 de julio es el día de la Independencia, es en el proceso originador de la constitución donde nosotros encontramos la respuesta sobre el origen de un país tan especial y diferente a lo entonces conocido

Trump y la Corte Suprema: un fallo adverso que debería interpretarse como un triunfo para el liderazgo de los Estados Unidos
El poder judicial independiente es el gran hándicap con el que cuenta Washington para atraer inversiones frente a la creciente competencia económica y financiera global que mantiene con China


