
En 1989 Don Octavio Paz escribió un artículo sobre la invasión de Panamá en el que indicaba que cuando una banda minoritaria y criminal secuestra el derecho a la autodeterminación es deber de la comunidad internacional actuar para restaurar el ejercicio de este derecho sin el cual no es posible la existencia de ningún otro derecho civil. Algo similar piensa otro escritor de peso como Carlos Alberto Montaner quien recientemente propuso que Haití se sometiera a un régimen de tutela por 25 años de manera de rescatar a esa nación de las garras del crimen organizado transnacional.
Haití representa la mayor y más duradera catástrofe política de nuestro hemisferio. Desde el siglo XIX el país ha sufrido el desdén de los Estados Unidos cuyos padres fundadores no reconocieron su independencia por tratarse de una nación nacida de una revolución de esclavos negros como bien lo apunta el antropólogo Michel-Rolph Trouillot. Sus ingresos fueron literalmente saqueados por Francia durante todo el siglo XIX como compensación por haberse independizado. Porque además de multar a Haití con 150 millones de francos, Francia impuso un descuento del 50% al precio de sus exportaciones.
Pese a su generosa ayuda a todos los patriotas latinoamericanos empezando por Francisco de Miranda, siguiendo con Simón Bolivar y José Martí quien murió portando un pasaporte haitiano, ninguna de estas naciones apoyó a Haití en fatídica negociación con Francia. Es el país del hemisferio que más veces ha sido ocupado por ejércitos extranjeros. Y cada intervención lo único que ha logrado es debilitar la institucionalidad haitiana. Hoy el país ha caído en manos del crimen organizado transnacional cuyos efectivos deciden quien vive y quien muere en Haití. Peor aún, el país se ha convertido en el centro de planificación de los crímenes más truculentos del continente tal y como fue revelado por las investigaciones que siguieron al asesinato del presidente Juvenal Moise.
Pero Haití no está solo en este pozo oscuro de la criminalidad. Venezuela y Honduras presentan idénticas circunstancias y entre los tres centros hay una siniestra coordinación de inteligencia para el suministro de armas y el tráfico de ilícitos hacia Estados Unidos y Europa. Los pueblos de estas tres naciones son sometidos a la represión y la pobreza extrema mientras los capos de sus regímenes atesoran recursos en Estados Unidos y en Europa. La violencia que irradian los ilícitos ha tomado cuerpo en Brasil y en México. Tijuana, Ciudad Victoria, Acapulco, Ciudad Juárez y Irapuato en México son terra nostra para el crimen organizado como lo son Caracas y Ciudad Guayana en Venezuela y Fortaleza y Natal en Brasil.
Estas estadísticas revelan lo acertado de la tesis presentada por Montaner en el foro Quo Vadis Haití del Inter American Institute for Democracy. La concreción en realidad, sin embargo, confronta severos obstáculos que nacen de la ausencia de visión geopolítica de la mayoría de las naciones Latino Americanas; el evidente periodo de aislacionismo que vive los Estados Unidos y la concentración de Europa en horizontes orientales donde recién inauguradas democracias se sacuden bajo vientos autoritarios. Solo una movilización de a la sociedad civil Latino Americana podría mover el compas de la historia hacia el proyecto de rescate del derecho a la autodeterminación hoy prisionero de regímenes criminales en Haití, Honduras y Venezuela.
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