
El jueves 25 de febrero por la noche y durante el viernes 26 hasta la tarde, los judíos celebran la festividad de Purim. En ella, se recuerdan los eventos narrados en el Rollo de Esther: Hamán, un malvado ministro, manipula al rey Ajashverosh (Asuero) para que decrete el exterminio de todos los judíos del Imperio persa, pero este intento genocida resulta infructuoso gracias al accionar de Esther y Mordejai (Mardoqueo).
Según relata el propio Rollo de Esther, el odio de Hamán fue instigado por un episodio aparentemente banal: cuando todos los súbditos del reino se prosternaban ante el malvado ministro, Mordejai se negó a hacerlo. Hamán sintió celos: su poder quedaba rebajado frente a un mero súbdito. Su odio a Mordejai creció y se trasladó a todo el pueblo judío.
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Nacía el antisemitismo en su expresión clásica: exacerbación del odio, acusaciones falsas y manipulaciones maniqueas del poder. Bajo una lectura superficial de los acontecimientos, la actitud de Mordejai podría ser considerada rebelde y facciosa. Después de todo, Mordejai realmente estaba poniendo en cuestión la autoridad de Hamán.
Aquí descubrimos la primera lección política de Purim: el poder no es arbitrario ni se conquista por la mera fuerza, sino que se gana mediante el espíritu. La legitimidad de un gobernante se mide por la moralidad de sus actos. Ningún gobernante tiene la autoridad para atacar los fundamentos de la libertad de conciencia, pensamiento, expresión y culto. Frente a quien intenta acallar al disidente y homogeneizar a la sociedad, la respuesta debe ser un “no” firme y resuelto.
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Sin embargo, la mirada de Hamán, cegada por el odio, resulta incompleta e inadecuada. Mordejai no estaba atacando a la autoridad en general, sino a la autoridad ilegítima. Esto lo aprendemos nuevamente de los mismos acontecimientos del Rollo de Esther: es el propio Mordejai quien denuncia un complot contra el rey, salvándole la vida y su reinado.
Así descubrimos la segunda lección política de Purim: respetar a la autoridad legítima y procurar su bienestar. Aunque Mordejai no obtenía ninguna ganancia personal salvando al rey Ajashverosh, cumplió su deber como ciudadano de manera ejemplar, sin importar las consecuencias. La autoridad legítima debe ser respetada para mantener el orden: sin jerarquías de ningún tipo, surge el peligro de la anarquía y la destrucción de los pilares de la civilización.
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Así, descubrimos dos principios: respetar a la autoridad y, simultáneamente, marcar sus límites. Frente a la apatía y la indiferencia generalizadas, solamente una actitud ciudadana activa puede ayudarnos a caminar entre estos dos principios fundamentales del accionar político.
Al focalizar en el personaje de Mordejai, podemos extraer algunas lecciones políticas relevantes para nuestro presente convulsionado y polarizado. Indudablemente, releer la Biblia con ojos atentos nos puede ayudar a lidiar con nuestra propia realidad en busca de paz y justicia.
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