
Latinoamérica es la región del mundo más rica en bienes y servicios ambientales, pero también la más desigual. Cuenta con el 23% de bosques tropicales, el 31% de los recursos hídricos y el 70% de la biodiversidad del planeta. Sin embargo, la pobreza afecta al 37% de su población, según datos del último informe de la Comisión Económica para América latina (Cepal).
La crisis sanitaria y económica sin precedentes provocada por el coronavirus, no está haciendo sino agravar sus problemas estructurales. Según proyecciones de Cepal, la región terminará el 2020 con 45 millones de nuevos pobres (su número crecerá de 186 a 231 millones), y de ellos, 12 millones más caerán en la indigencia.
Con más de 7 millones de infectados y cerca de 300 mil muertes, América latina se convirtió en el epicentro de la pandemia. Y será también, una de las regiones más afectada económicamente, con una caída del 9% del PBI regional para fin de este año, el cierre de 2,7 millones de pymes y microempresas y la pérdida de más de 8 millones de empleos formales, según proyecciones de la OIT.
Sin duda, la irrupción del nuevo virus zoonótico causante de la enfermedad Covid-19, está poniendo en jaque al paradigma económico dominante, basado en la explotación de los recursos naturales y las personas, y la acumulación de ganancias siderales en manos de unos pocos.
Los gobiernos regionales se debaten entre el cuidado de la salud y de la economía, como si fueran antagónicos. Y algunos, en la emergencia, olvidan la cuestión ambiental, cuando la evidencia indica que sin Ambiente, no hay salud ni economía posibles.
El cambio climático y la pérdida de biodiversidad están en los orígenes de la actual pandemia. Y si bien durante las primeras semanas de confinamiento se registraron algunos efectos benéficos sobre el ambiente como un descenso en la contaminacioń por el freno en el transporte y la industria; con el paulatino regreso a la actividad, esos parámetros volvieron a los niveles pre-pandemia, e incluso algunos problemas como la deforestación y la generación de basura, se agravaron por la falta de políticas y controles.
Por eso, la salida a esta nueva recesión no debe lograrse a costa de aumentar la contaminación, la proliferación de residuos por el mayor uso de descartables y las emisiones de gases de invernadero: o se correrá el riesgo de caer en una crisis ecosistémica mucho más compleja que la provocada por un virus.
Para evitar el colapso, es preciso cambiar las formas de producción y consumo hacia modelos más sustentables, que satisfagan las necesidades actuales sin comprometer las de generaciones futuras.
Esta transformación, lejos de implicar un freno al crecimiento económico y el bienestar, presenta una oportunidad para el desarrollo con equidad y la generación de empleo. Según datos del programa de Naciones Unidas para la Economía Verde (Page, por sus siglas en Inglés), sectores como la economía circular y las energías renovables podrían generar 13 millones de nuevos puestos laborales en la región en los próximos 10 años.
Las tecnologías para lograrlo ya están disponibles. Nuevos biomateriales, que utilizan insumos naturales y reciclables, reemplazan a materiales convencionales (como el plástico) que resultan contaminantes.
A su vez, las interacciones entre nanotecnología, inteligencia artificial, robótica y otras innovaciones están produciendo medicamentos efectivos, sistemas de energía y remediación de la contaminación ambiental.
La llamada “Economía Circular” donde los desechos se reciclan y vuelven al sistema productivo generando empleo e inclusión social, ayudaría a América Latina a dejar de depender de las industrias extractivas y las prácticas agrícolas que impulsan la pérdida de bosques, pastizales naturales y humedales.
La transición hacia una economía más sustentable ya está en marcha. Los mercados internacionales están imponiendo regulaciones ambientales y mecanismos de compensación para evitar que las empresas importen bienes o trasladen su producción hacia países con normativas ambientales débiles.
El fenómeno se conoce como “fuga de carbono” (carbon leakage) y más del 50% de las exportaciones latinoamericanas son sensibles a la aplicación de estos mecanismos compensatorios.
Hoy, desarrollo económico, cuidado ambiental y bienestar social pueden y deben ir de la mano. Es preciso cambiar los modelos de producción y de negocios, y no queda mucho tiempo. Para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, los famosos ODS que Naciones Unidas planteó para 2030, gobiernos, sociedades y empresas deben reinventarse.
La autora es periodista especializada en Sustentabilidad y Negocios, y escribió “Economía Verde. Innovación y Sustentabilidad en América latina” (Editorial Almaluz)
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