Foto de archivo del disidente cubano Jose Daniel Ferrer en Palmarito de Cauto, Cuba. Mar 25, 2012. REUTERS/Mariana Bazo
Foto de archivo del disidente cubano Jose Daniel Ferrer en Palmarito de Cauto, Cuba. Mar 25, 2012. REUTERS/Mariana Bazo

Todo parece indicar que la dictadura castrista se apresta a un evento represivo de gran envergadura similar a la conocida Primavera Negra de Cuba de 2003, cuando activistas pro democracia, escritores, periodistas y bibliotecarios independientes fueron arrestados y condenados a largas sentencia de cárcel, muy superiores a las que recibieron Fidel y Raúl Castro junto a sus secuaces después del ataque al cuartel Moncada.

La represión es una práctica regular de la dictadura insular, pero los grandes operativos represivos son preparados minuciosamente por altos oficiales policiales que evalúan cuidadosamente las repercusiones internas y externas, y hasta la dimensión de la operación.

La primera señal de alarma para muchos activistas al interior de Cuba y analistas de la situación de la Isla fue el arresto de José Daniel Ferrer junto a varios de sus compañeros. El posterior juicio a los activistas se desarrolló en el acostumbrado marco jurídico de la dictadura de cero garantías para los procesados.

El encarcelamiento del dirigente de UNPACU, un opositor de gran entereza y valentía, fue una señal inequívoca de que el régimen busca curarse en salud ante un eventual estallido social como consecuencia del contante deterioro de las condiciones de vida de la ciudadanía.

La dictadura es consciente de que su capacidad de vender sueños está agotada. Son muchos los fracasos acumulados y al parecer se han percatado que el alto número de cubanos con vocación masoquista se ha ido reduciendo.

Guillermo Fariñas, premio Sajarov 2010, comentó con varios amigos que esperaba un incremento en la represión oficial y que no dudaba que a su regreso a Cuba fuera arrestado, lo que ocurrió al menos dos veces en menos de una semana. Fariñas también dijo que “al régimen le preocupaba la tensión social que se vivía en el país”, una percepción que comparten importantes opositores y organizaciones dentro y fuera de la isla y publicaciones orientadas a la democracia en Cuba.

Un reciente comunicado del Observatorio Cubano de Derechos Humanos con sede en España alerta sabiamente que en Cuba “está en marcha una ola represiva para liquidar a la oposición”.

La periodista Idolidia Darias conversó al respecto con importantes personalidades de la oposición, entre ellos, Ángel Moya Acosta, Félix Navarro Rodríguez, Jorge Olivera Castillo e Iván Hernández Carrillo, quienes coincidieron en alertar sobre una posible nueva ola represiva como medida preventiva ante el descontento social.

Algunos de los entrevistados comentaron que ante una eventual campaña de arrestos los detenidos serían personas destacadas de la resistencia interna, particularmente, aquellas que fueran conocidas en el exterior, enviando así un mensaje en el que se reitera de que en Cuba no habrá cambios aunque haya un nuevo jefe de Estado.

A la dictadura le es significativo seguir intimidando a la población, pero le es especialmente importante repetirle a la clase dirigente que no hay espacios para disentimientos, repetir en el oído de las nuevas camadas de funcionarios de todos los niveles que la lealtad absoluta es la única fórmula posible para seguir disfrutando de los privilegios.

Otro factor que la dictadura tendría en consideración para acentuar la represión es que las necesidades crónicas de la población son cada vez más intensas y las posibilidades de satisfacerlas casi nulas, una situación que sumada al ya mencionado agotamiento del sistemas y la desesperanza de la población de mejorar sus condiciones de vida, propician la ruptura de la pax social que el castrismo ha logrado preservar por más de sesenta años, aunque no sin sobresaltos.

Es realmente vergonzoso que la dictadura haya logrado sobrevivir más de seis décadas gracias a la complicidad de un sector de la población y a la labor de verdugos que ha cumplido la clase dirigente respaldada por los fusiles de las fuerzas armadas. Es tiempo más que suficiente de llamar la atención de aquellos cubanos que dentro y fuera de la Isla se han prestado para la labor de victimarios, de vigilantes de sus compatriotas, que después no se escondan en la ignorancia de los crímenes de la dictadura.

También es hora de que se señalen a gobiernos, instituciones y personalidades extranjeras que sirven de testaferro a un gobierno totalitario.