Estados Unidos está dispuesto a sentarse a negociar con Irán esta misma semana si Teherán lo desea. Así lo anunció este miércoles el secretario de Estado, Marco Rubio, quien confirmó que Washington ha recibido expresiones de interés por parte de la República Islámica para iniciar conversaciones.
“Si los iraníes quieren reunirse, estamos listos”, declaró el jefe de la diplomacia estadounidense en una rueda de prensa, sin confirmar la información difundida por medios estatales iraníes que situaban las negociaciones el viernes en Omán. “Han expresado interés en reunirse y hablar. Si cambian de opinión, también estamos listos”, agregó Rubio, en un mensaje que combinaba apertura con cautela.
La disponibilidad de Washington para el diálogo se produce en medio de una escalada militar sin precedentes en la región. El presidente Donald Trump ordenó recientemente un importante despliegue de fuerzas navales cerca de las costas iraníes y amenazó con llevar a cabo ataques si Teherán no modera su postura.
La amenaza de una intervención militar directa ha elevado la tensión en el Golfo Pérsico, lo que hace que cualquier gesto diplomático adquiera especial relevancia. La declaración de Rubio representa el primer reconocimiento público de alto nivel de que existe un canal abierto de comunicación entre ambos países, algo que no ocurría de manera explícita desde la retirada estadounidense del acuerdo nuclear en 2018.

Sin embargo, el secretario de Estado dejó claro que la disposición a reunirse no significa que Washington esté dispuesto a negociar en los mismos términos que en el pasado. Rubio planteó condiciones estrictas para que las conversaciones puedan “conducir a algo significativo”: la agenda debe incluir el programa de misiles balísticos de Irán, su apoyo a organizaciones consideradas terroristas por Estados Unidos, el expediente nuclear y la represión interna contra manifestantes.
“Para que las conversaciones realmente conduzcan a algo significativo, tendrán que incluir ciertas cosas, y eso incluye el alcance de sus misiles balísticos, incluye su patrocinio de organizaciones terroristas en toda la región, incluye su programa nuclear y incluye el trato a su propia gente”, desgranó el jefe diplomático.
Esta exigencia choca frontalmente con la postura histórica de Irán, que en rondas anteriores de negociaciones ha rechazado sistemáticamente discutir su arsenal de misiles. Teherán sostiene que esas armas, capaces de alcanzar territorio israelí, constituyen un instrumento legítimo de defensa al que cualquier Estado soberano tiene derecho. Durante las negociaciones que llevaron al Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA) en 2015, la República Islámica logró mantener fuera de la mesa su programa balístico, un logro diplomático que considera fundamental para su seguridad nacional. Aceptar ahora incluir ese tema en la agenda significaría ceder en una línea roja que Irán ha defendido durante años.

El contexto actual, sin embargo, es radicalmente distinto al de 2015. Irán enfrenta una situación de creciente vulnerabilidad tanto interna como regional. En el último año, el país ha sido sacudido por protestas antigubernamentales que han puesto en evidencia el descontento con el régimen. Al mismo tiempo, Israel lanzó en 2024 una campaña de ataques contra objetivos iraníes que debilitó significativamente la capacidad militar de Teherán y de sus principales aliados.
El grupo terrorista libanés Hezbollah, brazo armado clave de Irán en Oriente Medio, sufrió golpes devastadores por parte de las Fuerzas de Defensa de Israel, mientras que la caída del presidente sirio Bashar al Assad privó a la República Islámica de uno de sus socios estratégicos más antiguos en la región.
Esta combinación de presión interna, debilitamiento regional y amenaza militar estadounidense podría explicar el aparente interés de Teherán en explorar una salida diplomática. Sin embargo, la confusión sobre el lugar y la fecha exacta de las conversaciones refleja la fragilidad del proceso. Mientras los medios estatales iraníes afirmaron que las negociaciones tendrán lugar el viernes en Omán, diplomáticos estadounidenses habían señalado previamente que la reunión se celebraría en Turquía.
Rubio reconoció que el enviado especial Steve Witkoff estaba preparado para reunirse con representantes iraníes en territorio turco, pero que luego recibieron “informes contradictorios” sobre si Teherán había aceptado finalmente. “Eso todavía se está resolviendo”, admitió el secretario de Estado.
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