El régimen de Irán reconoció este sábado “avances” hacia una posible negociación nuclear con Estados Unidos, en un contexto de creciente tensión militar y advertencias cruzadas. El anuncio coincide con el despliegue refuerzo de fuerzas en zonas claves como el estrecho de Ormuz y el mar Arábigo.
Tras reunirse en Moscú con el presidente ruso Vladimir Putin, el jefe del Consejo de Seguridad Nacional de Irán, Ali Larijani, manifestó en X que la percepción internacional de falta de diálogo responde a una “propaganda de guerra” y aseguró que “la puesta en marcha de un marco de negociación avanza”. No detalló plazos ni condiciones, pero hizo hincapié en la posibilidad de un acercamiento pese al ambiente hostil.
Desde Washington, el presidente Donald Trump confirmó que ha dado un ultimátum a Teherán para alcanzar un acuerdo sobre el programa nuclear iraní, aunque el plazo concreto no se hizo público. “Puedo decir esto: quieren llegar a un acuerdo”, declaró Trump en un encuentro con la prensa, añadiendo que solo las autoridades iraníes conocen el límite temporal impuesto y alertando de que el margen de negociación es limitado.
Trump subrayó que Estados Unidos mantiene “todas las opciones” sobre la mesa si falla el diálogo y remarcó la fortaleza de la flota estadounidense en la región. No obstante, expresó su preferencia por un entendimiento que evite la vía militar.

Por parte de Irán, figuras como el ministro de Exteriores Abás Araqchi reiteraron que el país acepta reanudar conversaciones solo si quedan excluidos las capacidades defensivas y los misiles balísticos. Araqchi declaró en Estambul, citado por IRNA, que “preservaremos y ampliaremos nuestras capacidades defensivas en la medida que sea necesario para defender el país”. El diplomático recalcó que actualmente no existen negociaciones formales y que cualquier diálogo debe evitar presiones o amenazas.
No obstante, con un tono más confrontativo, el jefe del ejército iraní, Amir Hatami, advirtió que las fuerzas armadas de su país están “plenamente preparadas” para responder ante cualquier agresión estadounidense: “Si el enemigo comete un error, no tengan duda de que pondrá en riesgo su propia seguridad, la seguridad de la región y la seguridad del régimen sionista”.
Las exigencias estadounidenses para avanzar en el diálogo se centran en el freno al desarrollo del programa de misiles iraní, una demanda rechazada de manera reiterada por la cúpula política y militar de la República Islámica. Teherán, a su vez, condiciona cualquier acuerdo significativo al levantamiento previo de sanciones.
El despliegue militar en la región se ha intensificado. Según The New York Times, la Armada estadounidense mantiene el portaaviones Abraham Lincoln en el mar Arábigo, acompañado de tres buques de guerra dotados con misiles Tomahawk, cazas F-35 y aviones F/A-18. Este grupo naval, bajo control del Comando Central de Estados Unidos, opera en alerta máxima y con capacidad de ataque inmediato sobre posibles objetivos en territorio iraní si así lo ordena Trump, como parte de su estrategia de disuasión y para salvaguardar las rutas comerciales críticas en la zona.
El Comando Central estadounidense advirtió a la Guardia Revolucionaria de Irán que “no tolerará” maniobras militares “inseguras” en aguas internacionales, en especial durante los ejercicios navales previstos en el estrecho de Ormuz, paso clave del tránsito energético mundial. Estados Unidos considera peligrosos tanto los sobrevuelos cercanos como las aproximaciones agresivas de embarcaciones iraníes a su personal o equipo militar, insistiendo en que estas conductas aumentan el riesgo de incidentes y de inestabilidad regional.
En respuesta, Irán anunció maniobras navales de dos días con fuego real en el estrecho de Ormuz. IRNA confirmó que la Guardia Revolucionaria dirige estos ejercicios con el objetivo de fortalecer la defensa nacional ante cualquier escenario. La fecha de realización se produce poco después de que Estados Unidos y la Unión Europea incluyeran a la Guardia en la lista de organizaciones terroristas, una designación rechazada por las autoridades iraníes.
En el plano diplomático, países como Turquía, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita incrementaron sus gestiones para frenar la escalada y evitar un conflicto armado. La llegada de un destructor estadounidense al puerto de Eilat en Israel refuerza la presencia militar internacional en esta zona estratégica para el flujo global de petróleo y gas.
Este pulso entre Washington y Teherán acontece en un contexto interno delicado para Irán. A pesar de la presión internacional, las autoridades de Teherán mantienen como prioridad la defensa de su programa nuclear y el desarrollo científico y tecnológico nacional. En ese sentido, el régimen iraní afirma que su avance en ciencia y tecnología nuclear se mantendrá inalterable, reflejando así una postura firme de preservar sus logros incluso bajo las amenazas más directas.
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