
La industria textil de Bangladesh, proveedora de prendas para cadenas internacionales y empleadora de 4,4 millones de personas, atraviesa una etapa de transformación hacia modelos sostenibles.
En los últimos años, el país se posicionó como referente mundial en la adopción de tecnologías verdes y en la obtención de certificaciones ambientales como LEED, de acuerdo con MIT Technology Review.
Este proceso responde tanto a la presión internacional para mejorar el impacto ambiental como a la demanda de consumidores y reguladores. Sin embargo, persisten desafíos estructurales en el ámbito laboral y social.

Liderazgo en tecnologías verdes y certificaciones
Bangladesh lidera el ranking global de fábricas textiles certificadas bajo el estándar LEED, con 268 plantas que cumplen requisitos de eficiencia y sostenibilidad. Entre los ejemplos destacados figura la planta Fakir Eco Knitwears, en Narayanganj, distinguida con la categoría Oro de LEED.
En este complejo, los tragaluces permiten reducir 40% el consumo eléctrico destinado a iluminación y los sistemas automatizados posibilitan el reciclaje del 95% de los retazos de tela para su reutilización como hilo. “Aprovechamos la luz solar, la energía solar y el agua de lluvia en vez de depender de sistemas pesados de aire acondicionado y calderas”, explicó Md. Anisuzzaman, ingeniero de la empresa, según recogió MIT Technology Review.
Estas medidas, junto con el uso de tintes más seguros y el tratamiento de aguas residuales, reflejan una tendencia creciente de fábricas comprometidas con la reducción de residuos y el ahorro de recursos frente a los desafíos climáticos y las interrupciones en el suministro global.

La financiación de tecnologías ecológicas surge de inversiones propias, créditos del Fondo de Transformación Verde del Bangladesh Bank y el respaldo de compradores internacionales, que premian el cumplimiento ambiental mediante contratos.
Un caso relevante es la iniciativa Partnership for Cleaner Textile (PaCT), impulsada por la Corporación Financiera Internacional (IFC) del Grupo Banco Mundial. Desde 2013, PaCT ha colaborado con más de 450 fábricas para aplicar métodos de producción más limpios, logrando un ahorro anual de 35.000 millones de litros de agua dulce, suficiente para abastecer a 1,9 millones de personas, según datos de MIT Technology Review.
Además, la presión de compradores extranjeros —en especial europeos— ha aumentado ante la próxima entrada en vigor, a partir de 2027, de regulaciones de la Unión Europea que exigirán a las empresas demostrar el cumplimiento de estándares ambientales y de derechos humanos a lo largo de toda la cadena de suministro.

Desafíos sociales y desigualdad en la industria
El impacto social de estos avances no se distribuye de manera uniforme. El sector, que emplea a millones de personas, ha registrado mejoras en seguridad y condiciones laborales tras el derrumbe del edificio Rana Plaza en 2013, aunque muchos trabajadores continúan con salarios bajos y escasa estabilidad.
El salario mínimo oficial ronda los 12.500 taka mensuales (aproximadamente USD 113), lejos de los USD 200 reclamados por los sindicatos, lo que ha provocado huelgas y protestas en demanda de mejores condiciones y mayor protección laboral.
“Desde Rana Plaza, la seguridad en los edificios y las condiciones de las fábricas han mejorado, pero la mentalidad de fondo no ha cambiado”, advirtió A.K.M. Ashraf Uddin, director ejecutivo de la Bangladesh Labour Foundation, en diálogo con MIT Technology Review. “La ganancia sigue por encima de todo, y la libertad de expresión de los trabajadores continúa sin garantizarse”.
El avance hacia la sostenibilidad revela profundas desigualdades dentro del sector. Mientras las grandes plantas acceden a la mayoría de los contratos y adoptan los nuevos estándares internacionales, la mayoría de los talleres en Bangladesh son pequeñas empresas con recursos limitados para adaptar su infraestructura.
Esto incrementa el riesgo de que sean excluidas de mercados clave, como el de la Unión Europea, con consecuencias negativas para el empleo y el bienestar de sus trabajadores.

Sostenibilidad ambiental y retos pendientes
El recuerdo del colapso del Rana Plaza —que causó 1.134 muertes y dejó unas 2.500 personas heridas en 2013— sigue marcando el debate sobre el futuro de la industria textil en Bangladesh.
Aunque las políticas de seguridad han dado pasos visibles, todavía existen problemas estructurales que afectan tanto al bienestar de los empleados como a la equidad en el acceso a los beneficios de la transición ecológica, según señala MIT Technology Review.
El renacimiento de ríos como el Buriganga ilustra el potencial transformador de la industria textil bengalí en el ámbito ambiental.

Sin embargo, este progreso representa solo una mejora parcial frente a los numerosos retos sociales y económicos que aún enfrenta el país.
La presión internacional, la innovación tecnológica y la demanda de los consumidores configuran un escenario de cambio constante, donde la sostenibilidad se convierte en requisito y desafío para el principal motor económico de Bangladesh.
Las desigualdades persistentes y la protección laboral insuficiente siguen siendo obstáculos en el camino hacia un modelo más equitativo y responsable.
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