
En Tanzania, una organización no gubernamental entrena ratas para participar en operaciones de búsqueda y rescate, detección de minas terrestres y diagnóstico de tuberculosis, una enfermedad que aún provoca más de un millón de muertes al año en el mundo.
La ONG APOPO, con sede en Morogoro, trabaja desde hace dos décadas con estos roedores, a los que denomina “ratas heroicas”. Su entrenamiento comienza a los pocos meses de vida y se basa en técnicas de condicionamiento clásico y refuerzo positivo. Cada animal cuesta alrededor de 6.000 euros en su formación y puede trabajar hasta diez años.
“Su sentido del olfato es increíble”, afirmó Fabrizio Dell’Anna, especialista en comportamiento animal de APOPO. “Son capaces de detectar explosivos, tuberculosis —incluso pequeñas cantidades de la bacteria", y más recientemente, de identificar sobrevivientes entre los escombros.
De las minas a la tuberculosis
Las ratas de APOPO han sido desplegadas en países como Angola y Camboya, donde han colaborado en la limpieza de más de 50.000 minas terrestres desde 2014. Más recientemente, se han incorporado a proyectos de búsqueda de personas atrapadas tras terremotos; el primer grupo ya trabaja en Turquía junto a equipos de rescate locales.
En un simulacro realizado en Morogoro, un hombre permaneció inmóvil entre los restos de un edificio derrumbado. Minutos después apareció un rescatista poco convencional: una rata equipada con una pequeña mochila. El animal recorrió con rapidez los escombros, entre muebles caídos y ropa esparcida, hasta accionar un dispositivo que alertó a los equipos en la superficie. Un chasquido confirmó el hallazgo. La rata abandonó el lugar y recibió como recompensa un trozo de plátano.

El mayor impacto social se registra en los laboratorios. Desde 2007, las ratas entrenadas analizan muestras de esputo en Tanzania, Mozambique y Etiopía para detectar tuberculosis. Según APOPO, han identificado a más de 30.000 casos positivos que habían recibido diagnósticos negativos en hospitales. Una rata puede analizar 100 muestras en apenas 20 minutos, el equivalente al trabajo de 55 hospitales en un solo día.
Los falsos negativos siguen siendo un problema persistente en la detección y supresión de la TB porque cada persona infectada puede propagar la enfermedad a 10 a 15 personas más cada año.
“La ventaja de usar ratas es significativa”, sostuvo Felista Stanesloaus, una doctora en una clínica de TB en Morogoro. “Nos ayudan a detectar casos que de otro modo pasarían inadvertidos, lo que evita que las personas propaguen infecciones sin saberlo”.
“Cada día mueren tantas personas por TB como por minas terrestres en todo un año”, explicó Christophe Cox, director ejecutivo de la ONG. La tuberculosis es una antigua enfermedad respiratoria que continúa propagándose a pesar de siglos de investigación y tratamiento.

La Organización Mundial de la Salud apuntó en octubre que la tuberculosis había resurgido como la enfermedad infecciosa más letal, con 1,25 millones de muertes y un récord de 8,2 millones de infecciones en 2023.
En el África subsahariana, solo alrededor de la mitad de los pacientes con TB reciben un diagnóstico, según un estudio de investigadores en el Reino Unido y Gambia publicado en la Biblioteca Nacional de Medicina, y esto los deja propensos a propagar la enfermedad. Tanzania tiene una de las cargas de TB más altas del mundo, según la OMS.
Limitaciones y desafíos
El mayor obstáculo que enfrenta APOPO no proviene del entrenamiento de las ratas ni de la eficacia comprobada de sus narices, sino del reconocimiento oficial. La Organización Mundial de la Salud (OMS) no clasifica a estos animales como herramientas de diagnóstico primario, sino como un recurso complementario. Esto significa que cualquier muestra identificada como positiva por una rata debe ser confirmada posteriormente mediante microscopía en los laboratorios de la ONG antes de iniciar un tratamiento.
La falta de validación internacional limita seriamente la expansión de la iniciativa. Sin ese aval, APOPO queda fuera de las principales fuentes de financiamiento en la lucha contra la tuberculosis. “No ser reconocidos por la OMS significa que la financiación principal nunca nos llega”, advirtió Christophe Cox, director ejecutivo de la organización.

El proceso de aprobación, además, sería extenso y riguroso, sin garantía de éxito. Cox admite que ya renunció a buscar esa certificación, a pesar de que algunos donantes han presionado para iniciar los trámites. “Es un gran desafío”, reconoció.
Otro punto de fricción es el estándar de precisión. APOPO procede con una investigación más profunda cuando una sola rata señala una muestra como positiva, mientras que los reguladores suelen exigir que varios animales coincidan en la detección para reducir la posibilidad de falsos positivos. La ONG, en cambio, prioriza no dejar escapar ningún caso aunque eso implique revisar más muestras adicionales.
Cox defiende ese criterio. “Nuestra decisión ha sido buscar a cada paciente, buscar el impacto social”, enfatizó. Para él, el riesgo de pasar por alto una infección es más grave que tener que confirmar un número mayor de sospechas.
(Con información de AP)
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