
En las Dolomitas italianas, una de las regiones más expuestas al riesgo de avalanchas en Europa, Zen, un border collie de cinco años, corre en círculos sobre un montículo de nieve.
Paolo Sbisa, su cuidador que lo conoce desde cachorro, lo observa atento: ese movimiento no es un juego, es señal de que detectó un olor. Zen excavó hasta encontrar un juguete de cuerda que simula una víctima enterrada.
Esta escena forma parte de un entrenamiento de certificación para 20 perros de rescate, una práctica que se vuelve cada vez más necesaria. En el país, según datos de la Asociación interregional para la coordinación y documentación de problemas de nieve y avalanchas (AINEVA), el número de personas atrapadas por avalanchas se duplicó en los últimos 25 años.

El aumento de avalanchas en Italia es una tendencia sostenida. A inicios del siglo XXI, el promedio anual de intervenciones por avalanchas con víctimas era de 30; hoy esa cifra se aproxima a 60, indicó la agencia de noticias AP.
Paralelamente, los excursionistas afectados pasaron de 65 a 110 por año. Este incremento coincide con un cambio en las condiciones de nieve provocadas por el cambio climático, que ha alterado no solo la cantidad de nieve, sino su composición física.
El perro: el mejor sensor disponible
En este escenario, los perros entrenados se vuelven esenciales. Su olfato es capaz de localizar con rapidez lo que la tecnología -como los transpondedores- no siempre alcanza.
La nariz del perro tiene mucho mejor precisión que cualquier dispositivo electrónico, afirmó Adriano Favre, responsable del campamento de entrenamiento canino en las montañas sobre Cortina D’Ampezzo, sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026, en AP.
Pero la utilidad de los perros tiene un límite: el tiempo. Igor Chiambretti, director técnico de AINEVA, explicó que el 70% de las personas enterradas en una avalancha mueren por asfixia si no son rescatadas en los primeros 35 minutos.
Aun cuando los perros viajan en el primer helicóptero, pueden tardar entre 15 y 20 minutos en llegar, más si las condiciones meteorológicas son adversas.
De ahí que Chiambretti sugirió ubicar perros directamente en estaciones de esquí, lo que reduciría el tiempo de respuesta a unos cinco minutos. Actualmente, hay 80 perros activos en toda Italia.
Zen ya conoce bien la urgencia. Nueve días antes de su ejercicio de entrenamiento, fue desplegado junto a Sbisa en un rescate real en el Paso Giau, a 2.300 metros de altitud. Una avalancha, tras una nevada reciente, sepultó a tres esquiadores de travesía.
Cuando el animal llegó en helicóptero, un testigo ya había rescatado a un hombre de 51 años. Otro fue localizado por un transpondedor a dos metros de profundidad.

La tercera, una mujer de 40 años, estaba enterrada entre tres y cuatro metros. Zen detectó su ubicación exacta. Pese a los esfuerzos, tanto ella como el segundo hombre murieron.
“Todos nuestros perros necesitan tener una relación intensa con su cuidador. De lo contrario, no podemos entender lo que intenta decirnos. Una vez que se forje la relación, harán lo que sea para hacernos felices”, aseguró Sbisa. Destacó que la tarea del can es determinar dónde excavar.
Sin embargo, por los tiempos mencionados, subrayó que es esencial que quienes salen a zonas de nieve lleven y sepan usar transpondedores, sondas y palas. El auto-rescate por parte de compañeros sigue siendo la forma más efectiva de salvar vidas.
Las autoridades estudian la posibilidad de posicionar perros entrenados directamente en áreas de esquí, con el objetivo de reducir el tiempo de llegada a zonas de avalanchas. El traslado en helicóptero, aunque ágil, se ve afectado por las condiciones climáticas.
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