
Mientras las calles de Turquía siguen llenándose a diario con miles de personas que salen a protestar por la persecución política contra el alcalde Ekrem Imamoglu y lo que consideran un intento de golpe de Estado, el presidente Recep Tayyip Erdogan elevó el tono de su retórica y cargó contra la oposición por estas manifestaciones.
Este martes, el Presidente acusó a la disidencia de “sembrar el terror en las calles” y de “atacar” a la democracia, mientras se “esconde tras la juventud para tapar su propia inmundicia”, pero aseguró que este camino es “un callejón sin salida” y prometió, por tanto, “exigir cuentas a quienes violen la ley”.
“Utilizan el terror callejero contra la voluntad nacional (...) Están intentando crear una atmósfera de caos en las ciudades (pero) nuestras ciudades no se van a alinear con la corrupción y la injusticia. Los días de tomar las calles y secuestrar la voluntad nacional con organizaciones izquierdistas y vándalos se ha terminado. Rendirán cuentas por sus actos”, dijo en referencia a las casi 1.500 personas que fueron detenidas desde el inicio de las protestas, la semana pasada.

Según el último balance de las autoridades de Estambul, 1.418 personas fueron arrestadas en el marco de las manifestaciones “ilegales” de los últimos días, de las cuales 979 siguen privadas de su libertad.
“No habrá concesiones para aquellos que intenten aterrorizar a la población o que intenten atacar nuestros valores nacionales y morales, así como a nuestra policía”, aseguró el ministro del Interior, Alí Yerlikaya, siguiendo el tono del Ejecutivo.
Sin embargo, la ONU manifestó su preocupación por las recientes declaraciones del Gobierno turco, que dan cuenta de una escalada de la persecución y represión en el país.
“Las protestas han sido prohibidas en tres ciudades del país de forma ilegal y más de mil personas han sido arrestadas, al menos nueve de ellas periodistas”, alertó la Oficina de Derechos Humanos de Naciones Unidas, que exigió además que “todos los detenidos por haber ejercido sus derechos deben ser puestos en libertad de forma inmediata e incondicional” y recordó que “quienes hacen frente a la imposición de cargos deben ser tratados con dignidad, siempre mediante el respeto de sus derechos y siendo sometidos a un juicio justo”.
Desde el pasado miércoles tienen lugar en todo Turquía -aunque especialmente en Estambul- protestas en contra del Gobierno y en defensa del alcalde Imamoglu, quien fue detenido hace una semana en lo que se entiende como una persecución política por parte de su principal rival, Erdogan.

Ante este avasallamiento de la democracia, el pueblo salió a las calles a exigir la libertad del funcionario y forzar la celebración de elecciones anticipadas, que pongan fin al actual Gobierno.
“Al igual que la gente salió a la calle para apoyar a Erdogan durante el intento de golpe de Estado del 15 de julio de 2016, estamos en la calle para apoyar a Imamoglu. No somos enemigos del Estado pero lo que está ocurriendo es ilegal”, dijo uno de los jóvenes en la convocatoria del fin de semana.
En respuesta a la retórica del Presidente, el líder opositor del Partido Republicano del Pueblo, Ozgur Ozel, redobló también la apuesta y llamó a la gente a una manifestación masiva el sábado para “decir basta”.
(Con información de Europa Press)
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