Las imágenes llegaron como una pista inconclusa. En la víspera de las negociaciones entre Estados Unidos y Rusia en el hotel Ritz-Carlton de Riad, el Ministerio de Defensa ruso difundió un video extraño: se ve el despliegue de seguridad, los tres autos de lujo de la delegación rusa llegando al hotel, los funcionarios a punto de bajar… y corte. Nadie aparece. Las figuras permanecen fuera de cuadro, como si el Kremlin hubiera decidido mostrar el poder del operativo sin revelar los rostros que lo justifican.
Un segundo video, grabado desde el lobby, ofrece otro ángulo pero no más claridad. Registrado, aparentemente en forma oculta, muestra a un grupo de hombres cruzando con rapidez el salón principal, rumbo a los ascensores. No hay nombres ni identificaciones visibles. La delegación avanza, mientras las mesas de prensa vacías delatan la previa: todos los periodistas acreditados habían sido desalojados del lugar antes de la llegada rusa.

En contraste, el arribo del ministro ucraniano de Defensa, Rustem Umérov, fue abierto, transparente. Las cámaras lo captaron llegando, saludando a la comitiva anfitriona y caminando hacia las salas de reuniones. Su encuentro con representantes estadounidenses tuvo lugar por separado y previo a la llegada de los rusos.
La cita entre los enviados de Putin y estadounidenses comenzó el lunes por la mañana, con la participación del presidente del Comité de Asuntos Internacionales del Senado ruso, Grigori Karasin, y del asesor del director del FSB, Serguéi Beseda. Según la agencia estatal TASS, las conversaciones se abrieron a las 07:30 GMT. Del lado norteamericano, el enviado especial Steve Witkoff se mostró optimista: apuntan a lograr un alto el fuego limitado en el mar Negro, especialmente para garantizar la navegación de barcos civiles.
Ambas partes llegaron con propuestas distintas. Estados Unidos insiste en una pausa inmediata de 30 días en los combates, alineado con el pedido ucraniano de una tregua más amplia que incluya ataques a infraestructuras, instalaciones energéticas y ofensivas navales. Rusia, en cambio, sólo está dispuesta —por ahora— a detener los ataques contra objetivos energéticos, en lo que llamó una “tregua unilateral energética”.

La reactivación del acuerdo de 2022 sobre exportaciones de granos a través del mar Negro es, para el Kremlin, el punto central del diálogo. Moscú se retiró de ese pacto en 2023, acusando a las potencias occidentales de incumplir su promesa de flexibilizar las sanciones sobre productos agrícolas y fertilizantes rusos. Según el portavoz presidencial Dmitri Peskov, los negociadores rusos están dispuestos a revisar “los detalles técnicos” de ese mecanismo.
Mientras en los salones alfombrados de Riad se suceden las reuniones, en el terreno no cesan los ataques con drones. La guerra sigue, incluso mientras se negocia su posible pausa.
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