
En septiembre de 1966, el capitán Peter Warner navegaba cerca de la isla de ‘Ata, un islote volcánico deshabitado al sur de Tonga. A través de sus binoculares, notó algo extraño: manchas oscuras en la vegetación y fuego.
Warner sabía que la isla había estado abandonada desde 1863, cuando sus habitantes fueron secuestrados por esclavistas peruanos y trasladados a otras islas.
Por lo tanto, no había razón para que hubiera fuego en un lugar donde, en teoría, no vivía nadie.
Decidió acercarse. A medida que su barco, el Just David, se aproximaba a la isla, vio una escena completamente inesperada: seis figuras corriendo por la costa y lanzándose al mar, nadando desesperadamente hacia la embarcación.
Cuando los muchachos finalmente llegaron a su barco, entre jadeos y gritos, le aseguraron que llevaban 15 meses atrapados en la isla. Warner, incrédulo, usó su radio para contactar a Nuku‘alofa, la capital de Tonga.

Según ereseñó Daily Mail, del otro lado, tras un silencio inicial, la respuesta fue clara: los seis chicos habían sido dados por muertos, sus funerales ya se habían celebrado.
Quince meses antes, en junio de 1965, Sione, Stephen, Kolo, David, Luke y Mano eran estudiantes en una escuela católica en Nuku‘alofa, capital de Tonga (Polinesia). Según contó Mano Totau, uno de los sobrevivientes, en un documental, solo querían ver el mundo.
Hartos de la rutina escolar, decidieron fugarse y navegar hasta Fiji, a más de 800 kilómetros de distancia. Pero no tenían un plan detallado.

Según Vice, robaron un bote pesquero perteneciente a un hombre llamado Taniela Uhila.
Su equipo era mínimo e inadecuado, de acuerdo a la información de People. En lugar de prepararse con provisiones suficientes, llevaron solo dos sacos de bananas, unos cocos y un pequeño quemador de gas. No tenían brújula ni mapa. Solo confiaban en sus instintos y en la suerte.
El mar estuvo tranquilo al principio, pero al caer la noche, una tormenta feroz golpeó la embarcación. En cuestión de horas, el viento arrancó la vela y el timón se rompió. Sin forma de controlar la dirección, quedaron completamente a la deriva en el vasto océano.

Durante ocho días flotaron sin rumbo, sin comida ni agua potable. The Sun consigna que lograron sobrevivir bebiendo agua de lluvia que recolectaban en cáscaras de coco y atrapando pequeños peces con las manos.
Cada día que pasaba, sus fuerzas se debilitaban. El sol abrasador los quemaba durante el día, y por las noches temblaban de frío.
Según Vice, algunos de los muchachos comenzaron a perder la esperanza, pero se apoyaron mutuamente para resistir.
El Daily Mail informa que al octavo día, cuando ya parecía que no sobrevivirían mucho más, divisaron una masa de tierra en el horizonte. Sin saberlo, habían llegado a ‘Ata, un islote abrupto, rocoso y cubierto de maleza. Al tocar tierra, su bote quedó destrozado contra las rocas. Se abrazaron y agradecieron haber encontrado un lugar donde, al menos, podrían sobrevivir.
Pero su situación no era fácil. La isla no tenía playas accesibles ni agua potable visible. En sus primeros días, exploraron la zona y hallaron un cráter volcánico donde crecían plantas silvestres como bananos y taro.
Según People, también encontraron gallinas salvajes, descendientes de las que habían sido abandonadas por los antiguos habitantes.

Para poder resistir, organizaron un sistema de trabajo en turnos: dos se encargaban de recolectar comida, dos de mantener el fuego encendido y dos de vigilar el refugio.
El fuego se convirtió en su mayor tesoro. Tras semanas de intentos, lograron encender una fogata, dice The Sun. Sabían que, si la perdían, sería casi imposible encenderla de nuevo.
Las dificultades eran constantes. Un día, Stephen cayó de un acantilado y se rompió una pierna. Sin acceso a atención médica, los demás improvisaron un entablillado con ramas y hojas. Milagrosamente, el hueso sanó sin complicaciones. informa el Daily Mail.
A pesar de las condiciones extremas, nunca dejaron que la desesperación los venciera. Según People, cantaban y rezaban juntos todas las noches para mantener el ánimo. The Guardian detalla que también construyeron una cancha de bádminton para distraerse en sus ratos libres
En septiembre de 1966, tras 15 meses atrapados en la isla, su suerte cambió. Peter Warner, que navegaba por la zona, vio el humo de su fogata y decidió investigar. Cuando los seis jóvenes lo vieron, gritaron con todas sus fuerzas y se lanzaron al agua para alcanzarlo.
Warner los llevó de regreso a casa, pero en lugar de una celebración, fueron arrestados al llegar a Tonga. Taniela Uhila, el dueño del bote que habían tomado, aún estaba furioso y exigió que fueran encarcelados. Fueron llevados a prisión, pero Warner pagó su deuda y logró liberarlos.
El capitán australiano no solo los rescató, sino que también les ofreció trabajo en su barco pesquero, permitiéndoles viajar y ver el mundo, como siempre habían soñado.

Décadas después, la historia quedó olvidada hasta que el historiador holandés Rutger Bregman la redescubrió. En 2020, mientras investigaba casos reales de niños abandonados para su libro Humankind, encontró un viejo artículo sobre los náufragos de ‘Ata. Al leer los detalles, supo que esta historia contradecía la visión pesimista de la naturaleza humana planteada en Lord of the Flies, la célebre novela de William Golding.
La historia de los náufragos de ‘Ata se convirtió en un símbolo de resistencia, amistad y solidaridad.
Según The Sun, Warner y los sobrevivientes compartieron su testimonio en entrevistas, y la historia fue vendida a Hollywood para una película.

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