
El Pasaje de Drake, también conocido como Mar de Hoces, representa uno de los brazos de mar más desafiantes e intrigantes del planeta. Esta vía acuática, que separa América del Sur de la Antártida, no es solo un puente entre el Océano Pacífico, el Atlántico y el Océano Austral, sino que es conocida por sus condiciones climáticas adversas y sus aguas traicioneras.
Los vientos poderosos y las corrientes oceánicas chocan y crean allí un ambiente extremadamente peligroso para los navegantes. Cada travesía por el Pasaje de Drake es una verdadera prueba de valentía y resistencia.
Con sus aproximadamente 800 kilómetros de anchura y una profundidad media de 3.400 metros, el Pasaje de Drake ha sido escenario de algunas de las expediciones más audaces de la humanidad. La historia de este brazo del mar se remonta a 1525 cuando fue descubierto, sirviendo como la principal ruta marítima antes de la apertura del Canal de Panamá en 1914.

Su nombre proviene tanto al corsario inglés Sir Francis Drake, asociado también con el tráfico de esclavos en el siglo XVI, como a Francisco de Hoces, el marino español que posiblemente lo avistó medio siglo antes.
Por qué es tan peligroso
- Condiciones climáticas extremas: la convergencia de los océanos Pacífico, Atlántico y Austral crea un entorno único donde los vientos circumpolares antárticos pueden moverse libremente alrededor del continente helado sin encuentros con tierras que los detengan, intensificando su fuerza y creando olas gigantescas y vientos huracanados.
- Corrientes marinas fuertes y complejas: las corrientes en el Paso Drake son particularmente fuertes y erráticas debido a la interacción entre diferentes masas de agua. Estas corrientes pueden cambiar rápidamente y crear condiciones de navegación impredecibles, lo que representa un riesgo significativo incluso para los barcos más grandes y bien equipados.

- Olas gigantescas y mar de fondo: el área es famosa por sus olas monstruosas, algunas de las cuales alcanzan alturas de más de 20 metros durante tormentas severas. Estas olas son peligrosas no solo por su tamaño, sino también por su frecuencia y la fuerza con la que impactan las embarcaciones. Además, el mar de fondo, que son olas que se forman lejos y viajan largas distancias, se suma a la altura y fuerza de las olas locales, complicando aún más la navegación.
- Temperaturas extremadamente bajas: las bajas temperaturas contribuyen a la formación de hielo en las estructuras de los barcos, lo que puede alterar la estabilidad y la navegabilidad de las embarcaciones. El frío extremo también representa un riesgo significativo para la seguridad de la tripulación, complicando las operaciones de rescate y supervivencia en caso de emergencia.
Un caldero de fenómenos naturales
Este pasaje no solo desafía a los navegantes con sus fuertes corrientes oceánicas y olas gigantes que han provocado la muerte de pasajeros en barcos tan recientemente como en 2022, sino que también juega un papel vital en la regulación climática global: los vientos rugientes y las tormentas permiten que el Pasaje de Drake actúe como una barrera natural que mantiene a la Antártida fría, lo que contribuye significativamente al enfriamiento del continente.

Además, la zona se destaca por ser un punto caliente de secuestro de carbono. Las investigaciones sugieren que el Pasaje de Drake es especialmente eficiente en procesos de almacenamiento de carbono, en comparación con otras regiones del mundo. Los fuertes vientos y la forma irregular del lecho marino favorecen la mezcla de aguas, permitiendo que el fitoplancton, que captura carbono de la atmósfera, sea arrastrado hacia las profundidades, donde puede almacenarse durante siglos.
La importancia ecológica del Pasaje de Drake se extiende a su biodiversidad, al ser un corredor para nutrientes que sustentan desde el plancton y el krill hasta las ballenas más grandes. Es este upwelling o afloramiento el que sostiene todo el ecosistema antártico.
A pesar de los desafíos que representa, el Pasaje de Drake continúa llamando la atención de aventureros y científicos por igual. Es un recordatorio de la fuerza indomable de la naturaleza y la interconectividad de nuestros sistemas climáticos.
Cómo fue la expedición de Fiann Paul
En diciembre de 2019, el explorador Fiann Paul y su equipo de atletas emprendieron una de las expediciones más audaces y peligrosas: cruzar remando el Pasaje de Drake. Esta travesía por uno de los cuerpos de agua más traicioneros del mundo no solo fue un desafío físico sino también una confrontación directa con las fuerzas indomables de la naturaleza.
Describiendo la expedición, Fiann Paul compartió: “Frío y húmedo. Es sucio”. Los golpes de las olas cortas, que llegaban en rápida sucesión, fueron los más difíciles de soportar: “Te golpean como muros”. En este punto feroz, donde se encuentran el Océano Pacífico, el Atlántico y el Océano Austral, las tempestades mortales son una amenaza constante.

A pesar de los peligros, el equipo de Fiann Paul enfrentó valientemente el reto, impulsados por la magnificencia y la belleza virgen de la Antártida. “Es un lugar tan hermoso”, recordó, y agregó que algunos miembros de la expedición se conmovieron hasta las lágrimas al avistar finalmente el hielo blanco brillante del continente, teñido aquí y allá de un azul eléctrico.
En su aproximación a Charles Point en la Península Antártica, después de 13 días luchando contra uno de los lugares más salvajes de la Tierra, el equipo fue recibido por pingüinos, delfines y ballenas, una recompensa inolvidable después de enfrentar mares tempestuosos y cielos grises.
El Paso Drake continúa siendo uno de los cuerpos de agua más desafiantes y peligrosos del mundo. Su reputación no solo se basa en las anécdotas de los marineros y exploradores que han intentado conquistar sus olas, sino también en las evidencias científicas que muestran la complejidad de sus condiciones naturales. Navegar por el Paso Drake no es solo un desafío físico, sino también un encuentro con las fuerzas de la naturaleza.
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