Roma, 30 de abril de 1993. Unas 200 personas se agolpan en Largo Febo, una plazoleta ubicada entre las callejuelas que rodean Piazza Navona. Esperan que Bettino Craxi salga del Hotel Raphaël.
En el ambiente hay tensión. La víspera, el Parlamento había rechazado quitarle los fueros al entonces líder del Partido Socialista Italiano, impidiendo que avanzaran los juicios en su contra en el marco del escándalo de corrupción Mani Pulite.
La decisión había desatado un rechazo generalizado, con manifestaciones por toda Italia. La más importante había sido en la Piazza Navona de Roma. Al término del mitin, muchos manifestantes se desplazaron frente al vecino hotel donde el ex primer ministro había tenido siempre su residencia romana.
Alrededor de las 19,30, un desafiante Craxi salió por la puerta principal. Y la multitud explotó: “¡Aquí está, aquí está!”.

Gritos: “¡Ladrón! ¡Ladrón!”. Otros, agitando billetes de mil liras, cantaban al son de “Guantanamera”: ¿También quieres estos, Bettino, también quieres estos?”.
Además de los cánticos, contra el líder socialista devenido emblema de la mala praxis política, se desató una lluvia de objetos: cigarrillos, piedras, trozos de cristal y, sobre todo, monedas.
Sólo un amplio cordón de policías antidisturbios consiguió preservar la seguridad de Craxi. La secuencia fue filmada por dos cámaras de la RAI y Tg4 y en su momento no se le prestó demasiada importancia. Parecía una protesta más de las muchas que había en esa época. 30 años después, se considera un momento bisagra de la historia política italiana. El paso simbólico de la Primera a la Segunda República.
Los antecedentes
Entre 1992 y 1993, Italia estaba sumida en el caos. En 1992, las investigaciones Mani Pulite habían destapado una corrupción política generalizada. Cosa Nostra desataba el terror con una serie de atentados con bomba en los que, entre otras víctimas, murieron los jueces antimafia Giovanni Falcone y Paolo Borsellino.

La investigación Mani Pulite (Manos Limpias) había comenzado en febrero de 1992 con la detención por corrupción de Mario Chiesa, un político socialista que gestionaba una residencia de ancianos en Milán.
Los fiscales, encabezados por Antonio di Pietro, destaparon “Tangentopoli” (la ciudad de los sobornos), sacando a la luz un entramado masivo y ramificado en el que los políticos recibían importantes pagos a cambio de ayudar a los empresarios a conseguir contratos públicos, obras y subvenciones estatales. El escándalo afectó especialmente a los más importantes partidos entonces en el gobierno, la Democracia Cristiana y el Partido Socialista Italiano de Craxi.
El 3 de julio de 1992, en un famoso discurso ante la Cámara de Diputados, el líder socialista había admitido la financiación ilícita, explicando que implicaba a todos los partidos. Craxi esperaba poder transformar el problema del financiamiento de los partidos en un tema exclusivamente político y que la política pudiera frenar la iniciativa del poder judicial.
“Lo que hay que decir, y lo que todo el mundo sabe por lo demás, es que una gran parte de la financiación política es irregular o ilegal. [...] Si una gran parte debe considerarse puramente delictiva, entonces una gran parte del sistema sería un sistema delictivo”, dijo en el discurso.

No obstante, Craxi fue formalmente acusado el 15 de diciembre de 1992. El 29 de abril de 1993, la Cámara de Diputados rechazó las solicitudes de quita de fueros de la Fiscalía de Milán. La decisión, una victoria para Craxi, fue rechazada por la ciudadanía y provocó una crisis del gobierno del ex gobernador del Banco de Italia Carlo Azeglio Ciampi.
Al día siguiente, ocurrió la protesta frente al Hotel Raphaël.
Esa misma noche Craxi fue entrevistado en un programa de televisión: “Me insultaron durante dos horas, agredieron a mis colaboradores. Querían que saliera por la puerta trasera del hotel a toda costa, pero salí por la delantera, entre gritos de burla. Por primera vez en mi vida experimenté el escuadrismo de primera mano”.

A lo largo de 1993, las investigaciones en las que estaba implicado continuaron e incluso aumentaron. En la primavera de 1994, el ex dirigente socialista no se presentó a la reelección y perdió los fueros. Sin embargo, Craxi ya había huido a Túnez, en su casa de Hammamet. Allí murió, prófugo, el 19 de enero de 2000.
El legado del Raphaël
En los treinta años que siguieron, aquella protesta fue recordada por muchos con orgullo, como un momento en el que la clase política corrupta fue desafiada con eficacia y contundencia por la ciudadanía.
Para otros, como el entonces líder del Partido Democrático de la Izquierda Achille Occhetto, fue en cambio “un ejemplo de barbarie desencadenada por la furia justicialista”. “Aquella noche”, dijo al Corriere della Sera, “sin duda, se abrió el camino al populismo”.

El episodio del Hotel Raphaël también marcó el fin de los partidos políticos que se habían formado en la primera mitad del siglo XX y habían gobernado Italia desde que 2 de junio de 1946 se proclamó la Republica.
En las elecciones de 1994 ya participarían nuevas formaciones, que heredaron los viejos políticos e ideologías o nacieron de la nada. Era el comienzo a la Segunda República.
Una época que sería dominada por un hombre del que Craxi había sido padrino político: Silvio Berlusconi.
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