
La gran política es capaz de hacer, con creatividad y audacia, aquello que se podría considerar de antemano imposible. Alemania, como casi la totalidad de los países europeos, básicamente estaba dividida desde el final de la Segunda Guerra entre corrientes principales políticas, la democracia cristiana a la derecha y la socialdemocracia a la izquierda. Entre estas fuerzas se producía la alternancia en el poder.
Sin embargo, en los últimos años este escenario ha cambiado radicalmente. La gran fragmentación política, el fin del bipartidismo, es realidad en la mayoría de los países. Alemania, motor de Europa, no escapa a este dilema y desde el 24 de noviembre de 2021 estrenó una alianza inédita de tres partidos para gobernar a nivel nacional: socialdemócratas, liberales y verdes.
Pero el desafío para el sistema de poder va más allá. Luego de 22 años bajo el liderazgo de los socialdemócratas, el estado de Berlín volverá a estar dirigido por un demócrata cristiano (CDU). A pesar de la fuerte resistencia entre sus partidarios, 12.000 miembros del socialismo de Olaf Scholz (SPD) en la capital dieron efectivamente una estrecha mayoría del 54,3 % de los votos para dar a luz el domingo a la formación de una gran coalición bajo el liderazgo de la CDU, el partido de Angela Merkel.
Luego de este acuerdo, Kai Wegner, el líder de los demócratas cristianos en el Senado de Berlín, será investido el jueves como nuevo alcalde de la capital alemana y jefe del Land. El acuerdo es un hecho ya que cerrar con los Verdes es un escenario muy poco probable, debido a que los ecologistas a nivel local son considerados un partido de izquierda radicalizada.
Lo llamativo es que el CDU, los demócratas cristianos, son el partido de oposición a nivel nacional. A escala local, con esta reciente alianza, contrariamente serán socios del partido rojo del canciller. El pragmatismo en los pactos se ha vuelto fundamental como manera de adecuarse a una realidad donde la división politica será constante.
Hay que recordar el escenario que dejaron los elecciones de 2021 y un pais que debe alejarse del liderazgo de Merkel. El SPD bajo el liderazgo de Scholz obtuvo una ajustada victoria con el 25,74% de los votos, primeriando para quedarse con el Bundestag por primera vez desde 2002. Sin embargo, con el porcentaje más bajo para los socialdemócratas desde 1930. Por otra parte, el partido de la ex canciller, CDU, lógicamente debilitado tras 16 años al frente del poder, obtuvo el segundo lugar, con el CDU/CSU sumando el 24,07% de su historia.
La amalgama lograda en Berlín suena como una victoria para el CDU pero también para el SPD. La actual alcaldesa socialdemócrata, Franziska Giffey, de estrecha relación con Olaf Scholz, había preferido en efecto una alianza con la centro derecha cristiana a tener que inclinarse con una coalición con los Verdes y la izquierda radical.

Pero la rareza pasa a ser regla. Los equilibrios de gobierno sugieren acuerdos extraordinarios. En los últimos tiempos la politica alemana se pregunta quién representa la oposición más dura a los socialdemócratas. Si los democristianos de la CDU, que no son gobiernos a nivel nacional, o los liberales del FDP, que forman el pacto semáforo en el Bundestag. Es decir: rojos-socialdemócratas, amarillos-liberales y verdes-ecologistas
Aunque ambas critican el “progresismo” socialista son los liberales quienes han puesto más obstáculo en la gobernanza alemana. Finalmente, lo que parecía un buen equilibrio terminó siendo una puja que en muchos temas terminó haciéndose pública.
Las diferencias repetidas están en puntos claves como la estrategia energética o el plan para la transición hacia autos que no consuman combustibles fósiles. Aunque, la puja más latente está en el equilibrio de los recursos fiscales. Christian Lindner, líder de los liberales (FDP) viene sostiene que el “país tiene un gran poder económico. Aunque sólo el apetito de gasto de los políticos es aún mayor. Ese es el problema”.
Por eso, frente al aumento del gasto que exigen tanto el socialismo como los ecologistas, Lindner busca desmarcarse invocando la rigidez del corsé al endeudamiento que marcan las disposiciones constitucionales del país.
Este estilo “bipolar” de acuerdos supondrá tiempos difíciles para el armado político de Alemania. Todo el sistema de acuerdos estará en vigilancia. Pero no sólo desde la observación de la casta politica, sino tambien de los electores que advierten la flacidez de estos pactos.
Los Verdes, que son los que más han visto resentido su poder en el escenario nacional, esperan ansiosos que las fricciones les den la oportunidad para recuperar terreno perdido. Frente al desafío abierto entre socialistas y conservadores, la presidenta del grupo parlamentario ecologista regional, Bettina Jarasch, ya ha advertido sus malos augurios para el ejecutivo que nace.
“El socialismo se ha manifestado a favor del paso atrás y en contra de un Berlín social y socialmente ecológicamente justo y abierto al mundo”, abordó.
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