
Como un antiguo mago de feria, Vladimir Putin saca supuestas sorpresas de su galera arruinada. Pero no engaña a nadie. Ya se le conocen todos sus trucos. Sin embargo, insiste. Esta vez, es con los referéndums en las zonas ocupadas de Ucrania para anexarlas a Rusia. Un acto ya muy gastado. Es lo que hizo en Crimea en 2014 y lo viene intentando en los enclaves separatistas de Luhansk y Donetsk desde la misma época. Incluso, lo anunció en otras regiones que ya no tiene bajo el dominio total de sus fuerzas. Pero es el único acto que tiene ensayado y lo sigue presentando una y otra vez. El público se renueva, debe pensar.
El truco consiste en los siguiente: toma una región, coloca un gobierno títere, busca unos cuantos nostálgicos ultranacionalistas prestanombres y arma un referéndum: ¿quiere que su tierra sea anexionada a la Gran Madre Patria Rusa? Muy pocos se atreven a no ir a votar. Y cómo voten no importa. El resultado ya está cantado. Todo está supervisado por las autoridades de la ocupación de guerra del ejército ruso.
Y como siempre, en cualquier truco de Putin siempre hay una “ventajita”. El referéndum y sus resultados lo tienen sin cuidado. Tampoco si son reconocidos por alguien más allá de él mismo y algunos amigos como los sirios o los iraníes. Acá lo importante es que esos territorios pasen a ser territorio ruso, que haya algún papel que diga que esa parte de Ucrania es a partir de la próxima semana otro pedazo de Rusia y, por lo tanto, sujeta a los mismos derechos de defensa que el resto del territorio original del país. De esa manera, tienen el “derecho” a ser protegidos como si se tratara de un suburbio de Moscú o la tundra siberiana. Es decir, si me llegan a atacar allí, me puedo defender con armas nucleares. Booooooommmm. Ya no es una sorpresa. Es una bomba.

Fue la salida que encontró Putin después de la sorprendente retirada de Rusia del noreste de Ucrania a principios de este mes. Estaba acorralado. No tenía más soldados entrenados. Tuvo que sacar presos de la cárcel para que vayan a luchar a esta guerra absurda. Perdió su unidad más importante de blindados. Y las fuerzas ucranianas seguían empujando la contraofensiva sobre la estratégica ciudad de Kherson, en el sur. Si tiene que retirarse de allí, está perdido.
En el espacio de 36 horas, entre lunes y martes, el Kremlin dio su respuesta en un despliegue estrechamente coreografiado en los medios de comunicación estatales de Rusia. Anunció que cuatro regiones ucranianas ocupadas prácticamente en su totalidad, o en parte, por Rusia, celebrarán “referendos” sobre la adhesión a Rusia. Una señal al mundo de que Moscú está preparada para defenderla como si fuera territorio ruso, incluso, potencialmente, con su arsenal de cabezas nucleares. “Invadir el territorio de Rusia es un delito, cuya comisión permite utilizar todas las fuerzas de autodefensa”, escribió Dmitri Medvédev, ex presidente ruso y vicepresidente del Consejo de Seguridad de Putin en su cuenta de Telegram.
Se supone que, de esta manera, los generales rusos compran tiempo y espacio para relanzar su campaña militar con mayor vigor. Ahora podrían operar desde una retaguardia más segura desde donde atacar a las afuerzas ucranianas y volver a esconderse en esos territorios supuestamente “intocables”. Desde Washington ya les están advirtiendo que esto va a ser apenas una ilusión óptica. El asesor de seguridad nacional del presidente Joe Biden, Jake Sullivan, dijo que “Estados Unidos nunca reconocerá las reclamaciones de Rusia sobre cualquier parte de Ucrania supuestamente anexionada”. Los gobiernos europeos rechazaron la maniobra en términos similares.

El canciller ucraniano, Dmytro Kuleba, rechazó los planes de “falsos referendos” y respondió: “Rusia fue y sigue siendo un agresor que ocupa ilegalmente partes del territorio ucraniano. Ucrania tiene todo el derecho a liberar sus territorios y seguirá liberándolos diga lo que diga Rusia”.
Putin ya reconoció que para este tipo de maniobras no tiene el apoyo absoluto de sus principales aliados. En una cumbre regional celebrada en Uzbekistán la semana pasada, el líder del Kremlin reconoció por primera vez que tanto China como la India, que apoyan la economía rusa en medio de las sanciones occidentales, están “preocupadas” por la guerra. Su otro aliado, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, que trata de mediar entre Moscú y Kiev sin mayor éxito, aseguró que un hipotético acuerdo de paz debería incluir la devolución de los territorios invadidos por Rusia. Y agregó que Putin podría dar “pasos significativos” en breve en busca de un final de la guerra.
La anexión de territorios es un precedente que Putin estableció con Crimea, la península del mar Negro anexionada ilegalmente por el Kremlin en 2014, tras un referéndum que fue ampliamente rechazado en Occidente y calificado como una farsa, pero que Putin utilizó para justificar su amenaza de que estaba preparado para una guerra total si Ucrania intentaba retomar la península por la fuerza.

Entre el lunes y el martes el aparato de propaganda ruso lanzó lo que parecía ser un guion destinado a mostrar que los referendos surgieron de un deseo popular de los residentes de cuatro regiones en el este y el sur de Ucrania para unirse a Rusia. Putin nombró varias veces a esas regiones ucranianas como “parte legítima de Rusia”.
La coreografía comenzó cuando los medios de comunicación estatales rusos informaron de que un órgano consultivo cívico del gobierno de la “República Popular de Luhansk” había presentado “una iniciativa para celebrar inmediatamente un referéndum” para reconocer a la región “como entidad constitutiva de la Federación Rusa”. Luhansk es una de las dos regiones separatistas del este de Ucrania respaldadas por Rusia que Putin declaró independientes en febrero.
Unas horas más tarde, el mismo órgano consultivo pero esta vez de la “República Popular de Donetsk” -la otra provincia escindida- también pidió un referéndum. El líder de la república, respaldado por Rusia, publicó entonces en las redes sociales un vídeo en el que se le ve acercando un teléfono móvil a su oído y supuestamente dirigiéndose a su homólogo de Luhansk para hablar de los llamamientos a votar. “Esto no es más que el reflejo de la opinión de nuestro pueblo que lleva mucho tiempo en el aire”, dice en el vídeo el líder de Donetsk, Denis Pushilin.

Y el martes, las autoridades de ocupación de otras dos regiones ucranianas, Kherson y Zaporizhzhia- también anunciaron planes para celebrar un referéndum. La medida se produjo mientras se registra en esos territorios un contraataque ucraniano cada vez más intenso. Zaporizhzhia sigue estando parcialmente controlada por Ucrania, incluida su capital y la zona donde se levanta la planta nuclear. En Kherson, más al sur, que Rusia capturó rápidamente tras invadirla en febrero, Ucrania montó su contraofensiva más importante, aunque el avance es lento, y costoso en términos de bajas.
El jefe regional impuesto por Rusia, Kirill Stremousov, parece haber explicado claramente por qué muchos residentes que apoyaron la invasión ahora quieren que se realice el referéndum cuando antes. “Tienen miedo de que Rusia se vaya. La gente quiere tener la certeza de que no se quedará atrás o que tendrá que huir como en Kharkiv”, explicó Stremousov a la agencia RIA Novosti. Con el avance de las tropas ucranianas se vivieron horas de pánico entre los colaboracionistas de los rusos que tuvieron que escapar con lo puesto hacia la frontera rusa.
La farsa de votación comenzará el viernes y se prolongará por cuatro o cinco días, de acuerdo a los ocupantes. De todos modos, ya sabemos cuál será el resultado. A partir de ese momento, Putin quedará atrapado en su propia promesa. Si las fuerzas ucranianas continúan su avance y liberan parte de estos territorios ¿va a utilizar las armas nucleares, aunque sea en una escala muy menor? Sabe que, en ese caso, Estados Unidos le responderá y que entrará en una etapa en la que no habrá ganadores. Ciertamente él será el gran perdedor. Ahí ya no habrá mas trucos para sacar de su raída galera.
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