
Después de 21 días de guerra, aparece en el horizonte un posible acuerdo de paz. Un compromiso de poco y nada para que las dos partes puedan cantar victoria. Ucrania abandonaría sus aspiraciones a ser miembro de la OTAN, la alianza militar occidental, a cambio de la retirada rusa y la garantía de que ante cualquier otra agresión un conglomerado de países (Estados Unidos, Gran Bretaña y Turquía, entre ellos) le daría garantías de seguridad. Incluye otros 13 puntos de los que trascendió que tratan de formalidades de la posguerra. Pero nada más en concreto.
Un acuerdo así planteado parece poco para los dos bandos. No habla de Crimea y los enclaves separatistas de Luhansk y Donetsk, que ya fueron invadidos por Rusia en 2014 ¿Ucrania va a aceptar la soberanía rusa de hecho en estos territorios? ¿Los va a entregar alegremente?
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Putin puede declararse ganador con el sólo hecho de que logró que la OTAN se mantenga alejada de su territorio y volver tener a Ucrania dentro de la órbita de poder ruso como lo fue antes del soviético. Encajaría dentro de su discurso de recrear la Gran Madre Rusia, los territorios que alguna vez tuvo el Imperio Ruso en el siglo XIX y la URSS en el XX. Pero para apuntalar esta postura no puede dejar fuera de la discusión la soberanía sobre los territorios que conquistó en 2014. Putin no puede aceptar menos que la anexión del Donbás y la península de Crimea, así como la autodeterminación de los ruso-parlantes del resto del Este de Ucrania.
Pero este sería un acuerdo absolutamente favorable para Rusia y un verdadero desastre para los ucranianos. Es una capitulación de hecho. Y si se firmara sería el fin de Zelensky. Los ucranianos no pueden aceptar una humillación semejante después de haber sacrificado tanto. Una cosa es ser derrotado por un ejército diez o veinte veces superior y la otra es rendirse sin dar la pelea hasta el final.
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La cuestión de la OTAN no debería estar en la mesa de las negociaciones porque Ucrania nunca perteneció a esa alianza ni a la Unión Europea ni albergó un número significativo de tropas occidentales en su territorio. Decir que renuncia a ingresar a la OTAN es una falacia. La OTAN nunca dio señales de que iba a incorporar a Ucrania.
De todos modos, Zelensky y el canciller ruso, Sergei Lavrov, sugirieron que las conversaciones estaban avanzando. En el resto del mundo hay mucho escepticismo. Se cree que Rusia está comprando tiempo para reorganizar sus tropas y lanzar un asalto final sobre Kiev. Y en el terreno se siguen produciendo graves ataques. El centro de Kharkiv está ardiendo. Kiev está siendo bombardeada con obuses y misiles en el norte y el este. Hay mucho temor de que haya decenas de víctimas entre los escombros de un teatro de la ciudad de Mariupol que oficiaba de refugio y que fue bombardeado por las fuerzas rusas.
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El optimismo de Lavrov, evidentemente, no es compartido por su jefe, Vladimir Putin. “Si Occidente piensa que Rusia dará un paso atrás, no entiende a Rusia”, dijo. “Nunca permitiremos que Ucrania se convierta en un reducto de acciones agresivas contra nuestro país”. Con este discurso, no parecería que el líder ruso esté dispuesto a otorgar nada más que el retiro de las tropas. Se trataría de un tubo de oxígeno para su campaña errante y sus soldados desmoralizados.
Putin sabe que más allá de si consigue o no un acuerdo favorable, saldrá de esta guerra con heridas. Por eso ya comenzó a advertir –como si hiciera falta- a su aparato de oligarcas y agentes de los servicios de inteligencia que no va a tolerar disidencias. En una reunión televisada con sus ministros se lo vio más agresivo que nunca y lanzó insultos a la oposición interna. “Cualquier pueblo, y especialmente el pueblo ruso, siempre sabrá distinguir a los verdaderos patriotas de la escoria y los traidores, y escupirlos como a un mosquito que accidentalmente se metió en la boca”, dijo. “Estoy convencido de que esta autolimpieza natural y necesaria de la sociedad no hará más que fortalecer nuestro país, nuestra solidaridad, cohesión y preparación para afrontar cualquier desafío”.
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El mejor acuerdo es el que ninguna de las partes quede contenta. Las concesiones deben ser mutuas y dolorosas. No hay otra forma de salir de una guerra. En las próximas 48 horas sabremos si hay un acuerdo infeliz con dos presidentes mostrándose victoriosos o si el conflicto se termina de dirimir en el campo de batalla.
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