
China prohibió las peregrinaciones no oficiales de los musulmanes chinos a La Meca, en un nuevo avance del Partido Comunista contra la libertad religiosa en el país.
Este lunes, la Administración Estatal de Asuntos Religiosos anunció que todos los viajes a Arabia Saudita para participar en el el haj —las peregrinación que los musulmanes deben cumplir una vez durante su vida— deben ser organizados por la Asociación Islámica de China, controlada por el régimen comunista.
“La asociación debe educar a los asistentes al haj sobre el comportamiento patriótico y seguro, fortalecer la gestión de los asistentes y prevenir la infiltración de pensamientos y comportamientos religiosos extremistas que ponen en peligro la seguridad nacional”, dijo la administración en el nuevo reglamento.
Además, no se permiten peregrinaciones personales independientes y sólo se aprobarán los peregrinos que sean “patriotas”, “respetuosos de la ley”, que tengan “buen comportamiento” y puedan financiar el viaje por su cuenta, según las nuevas reglas.
El anuncio de las autoridades chinas llega dos semanas después que se reanudó la umrah, la peregrinación menor a La Meca, tras siete meses de interrupción debido al COVID-19 y en momentos en que China es señalada por la comunidad internacional por las violaciones de los derechos humanos en la provincia de Xinjiang, donde al menos a un millón de uigures y otras minorías, en su mayoría musulmanes, fueron internados en “campos de reeducación”.

El último haj tuvo lugar entre finales de julio y principios de agosto, y sólo participaron una decena de miles de fieles residentes en Arabia Saudita, contra 2,5 millones de participantes llegados de todo el mundo en 2019.
“Las medidas imponen una prueba política para los musulmanes que quieran realizar la peregrinación. Es muy probable que el gobierno discrimine a ciertos grupos musulmanes debido a esta prueba política, en particular a los musulmanes uigures, lo cual no es un fenómeno nuevo”, dijo Nury Turkel, un defensor de los derechos uigur-estadounidense miembro de la Comisión de Estados Unidos para la Libertad Religiosa Internacional, al diario hongkonés South China Morning Post.
Según este activista, permitir solo las peregrinaciones oficiales a La Meca había sido una política del régimen desde 2005, pero las nuevas reglas ahora especifican cómo las autoridades chinas deben seleccionar a los participantes del haj.
El haj comenzó comenzó a ser organizado centralmente por el Partido Comunista chino en 1985, cuando se estableció un sistema de cuotas y pagos. El sistema se centró en áreas con importantes poblaciones musulmanas como Xinjiang, Gansu, Ningxia y Qinghai, según la administración de asuntos religiosos.

En 2017, de un estimado de 12.000 musulmanes que participaron en el haj organizado por el gobierno, solo 1.400 eran uigures a pesar de que son el segundo grupo musulmán más grande de China, según la Sociedad para los Pueblos Amenazados, un grupo de derechos con sede en Alemania citado por el diario hongkonés.
Por otra parte, las peregrinaciones personales eran desalentadas a través de obstáculos burocráticos e intimidaciones.
Shih Chien-yu, un profesor de relaciones con Asia Central en la Universidad Nacional Tsing Hua de Taiwán, dijo al South China Morning Post que las nuevas reglas reflejan las preocupaciones de Beijing por los efectos de una mayor libertad religiosa en el país. Las enseñanzas que chocan con la versión china del Islam aprobado por el estado podrían causar problemas y desafiar la política de “Sinoficación de la religión”, según Shih.
En este sentido, los controles a los musulmanes son similares los que el régimen ejerce sobre otros cultos, como la religión cristiana, el budismo o el feng shui.
“Al Partido Comunista no le preocupa tanto que la gente vaya por su cuenta. Lo que les preocupa es el impacto resultante después de su regreso”, dijo Shih.
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