Minerales presentes en las rocas permitieron determinar la antigüedad del impacto y, al emplazarlo en la línea de tiempo histórica, determinar que probablemente haya jugado un rol trascendental en el fin de una era glacial
Minerales presentes en las rocas permitieron determinar la antigüedad del impacto y, al emplazarlo en la línea de tiempo histórica, determinar que probablemente haya jugado un rol trascendental en el fin de una era glacial

Un grupo de científicos aseguró haber encontrado en Australia el impacto de asteroide más antiguo de la historia del planeta Tierra, e indicaron que el hecho podría haber catalizado un evento climático trascendental: el final de una era de hielo.

El hecho tuvo lugar hace aproximadamente 2.200 millones de años -es decir, la mitad de la edad del planeta- en el oeste del país oceánico, y supera por alrededor de 200 millones de años al segundo en la lista, ubicado en Sudáfrica.

Si bien el impacto -de 60 kilómetros de diámetro- no puede ser percibido por el ojo humano, las características del suelo proveyeron la información necesaria para llegar a las conclusiones.

Para determinar la fecha, el equipo analizó pequeños cristales de minerales como el circón y la monacita, presentes en las piedras. Ellos contienen pequeñas cantidades de uranio, que, como se convierte en plomo con el paso del tiempo, permite determinar la antiguedad de la materia.

La conclusión significó a su vez la posibilidad de encuadrar al hecho en la línea temporal de la Tierra. Al hacerlo, los científicos advirtieron que este podría explicar un incremento en su temperatura durante una era conocida como Proterozoica, cuando el oxígeno recién había aparecido y todavía no existían formas de vida.

“La edad del cráter se corresponde de manera bastante precisa con el final de una posible era glacial, por lo que el impacto puede haber tenido efectos significativos sobre el clima de nuestro planeta”, dijo a la BBC el profesor Chris Kirkland.

A través de una simulación digital, el equipo de científicos calculó como el asteroide habría impactado sobre una capa de hielo de varios kilómetros de espesor, liberando enormes volúmenes de vapor de agua a la atmósfera. El evento, de hecho, podría representar el dos por ciento del total de vapor que se encuentra actualmente en la atmósfera.

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