El Akademik Lomonosov, un “Titanic nuclear ruso”
El Akademik Lomonosov, un “Titanic nuclear ruso”

Una central nuclear flotante viaja rumbo a un remoto pueblo del Ártico ruso dejando una estela de incertidumbre. Rusia aprovecha al máximo las oportunidades que le abren los efectos del cambio climático en el hasta ahora mar congelado y se dispone a una conquista sin medir ninguna consecuencia. Va a dar energía a ciudades costeras que podrían tener un enorme potencial económico y lo hará de una manera inédita, sin las pruebas necesarias para evitar un desastre atómico. Una verdadera "Chernobyl en el hielo".

El Akademik Lomonosov es una unidad de energía flotante masiva que contiene una planta nuclear del reactor de propulsión naval KLT-40. Fue diseñada por la corporación nuclear estatal rusa Rosatom. Navega como un gran carguero y puede dar energía a una ciudad de 300.000 habitantes. Es la primera de una serie de plantas que el Kremlin tiene en producción para reforzar la red eléctrica de una zona hasta ahora prácticamente despoblada. 

El primer viaje de la nave fue en secreto, desde San Petersburgo, en el Báltico, hasta Murmansk, en el noroeste del Ártico, donde se hicieron pruebas de resistencia y funcionamiento. Ahora navega otras 3.100 millas marinas hacia la ciudad más septentrional de Rusia, Pevek, ubicada en la región de Chukotka que se encuentra al otro lado del estrecho de Bering, a 82 kilómetros del territorio estadounidense de Alaska. Allí será atracada en un sector especialmente construido del pequeño puerto y comenzará a dar energía de inmediato reemplazando la que hasta ahora proporcionaban desde largas distancias la central nuclear de Bilibino y la de carbón de Chaunskaya. Su principal objetivo es dar energía a las industrias que se están radicando en esa zona para comenzar a explotar las enormes reservas de petróleo, gas y otros minerales. 

Cuando se supo de la existencia de esta "maravilla de la ingeniería", Greenpeace puso el grito en el cielo. La maniobra de llevar una planta nuclear por el Ártico era imposible hasta ahora. Se necesitó un permiso especial del gobierno de Vladimir Putin para realizarlo. Y se hizo sin consultar a ninguno de los otros países con los que comparte la jurisdicción sobre las nuevas rutas árticas y que podrían ser damnificados por un derrame o una explosión. El grupo ambientalista advirtió que la instalación flotante podría representar "un Chernobyl sobre hielo". Una frase ingeniosa que hace referencia al peor desastre nuclear de la historia ocurrido en abril de 1986 en la planta de ese nombre ubicada en la ciudad ucraniana de Pripyat, que en ese entonces formaba parte de la Unión Soviética. El hecho tuvo una enorme repercusión global en los últimos meses debido al lanzamiento de una serie muy realista de la cadena HBO que narra lo sucedido. El desastre produjo oficialmente 28 muertes por exposición directa de una emisión masiva de radiación que siguió a una prueba de seguridad fallida en la Planta de Energía Nuclear de Chernobyl. Pero varios miles de personas fueron afectadas por el cáncer relacionado con la contaminación y murieron en los meses y años siguientes. En ese momento, fue creada una zona de exclusión a 30 kilómetros a la redonda de la planta y se evacuaron 120.000 personas. Fue uno de los dos únicos desastres ocurridos en la Historia que se clasificaron como "incidente mayor de nivel 7" en la Escala Internacional de Eventos Nucleares. El otro fue la explosión de Fukushima Daiichi que siguió al terremoto y tsunami de 2011 que sacudió a Japón.

La empresa Rosatom se defendió diciendo que "debe quedar claro que Greenpeace no ha producido ninguna evidencia concreta y creíble para apoyar sus denuncias". Pero otro incidente que se produjo el mes pasado en el Ártico con el submarino nuclear AS-31, encendió todas las luces rojas. En el primer momento el Kremlin intentó taparlo, pero luego se supo que se había producido una explosión que mató a 14 marineros. Putin dijo esta semana que se trataba de verdaderos héroes que "lograron prevenir una catástrofe planetaria". Mediciones oficiales de las aguas en la zona del accidente señalaron que los niveles de radiación eran 100.000 veces más altos de lo normal. Algo similar había ocurrido en la zona del naufragio del submarino de ataque soviético K-278 Komsomolets, que se hundió en 1989 en el Mar de Noruega, en el Ártico.

"Es más riesgoso que operar una estación de energía nuclear ordinaria, y Rusia tiene un pasado de graves accidentes y manejos turbios de estas plantas", explicó al periódico Business Insider, Jan Haverkamp, un experto en energía nuclear de Greenpeace. Los ambientalistas aseguran que los riesgos de seguridad de los reactores nucleares superan los beneficios de la energía nuclear renovable. Aunque la generación de energía nuclear produce menos contaminación del aire y emisiones de carbono que sus homólogos de combustibles fósiles, y libera más energía utilizando menos combustible. Las plantas nucleares también son más baratas de operar que las plantas de carbón o gas natural. Para Haverkamp, la mayor preocupación es el largo viaje que está haciendo la planta flotante en una zona "potencialmente peligrosa" debido a la costa rocosa que bordea el Océano Ártico. En 2012, una violenta tormenta en ese mar hizo que una plataforma de perforación petrolera de la Shell se liberara de su remolcador y encallara en la costa de Alaska. La plataforma evitó un derrame de combustible, pero el incidente provocó serias dudas sobre la seguridad de remolcar un buque cargado de petróleo a través de las aguas árticas. "Si el Akademik Lomonosov se estrellara contra las rocas, su combustible podría derretirse y provocar una explosión una vez que toque el agua. A partir de ahí, el material radiactivo se esparciría a la atmósfera", dijo Haverkamp. Rosatom asegura que la planta flotante es "invulnerable a los tsunamis", y que cuenta con un sistema de respaldo que puede enfriar los reactores sin electricidad en menos de 24 horas. Greenpeace le respondió diciendo que los equipos de emergencias tardarán mucho más de un día en llegar a la plataforma. "Literalmente, dijeron que es insumergible y esas son las mismas palabras que se usaron para el Titanic. Potencialmente esto es, como dijo un colega, un Titanic nuclear", comentó Haverkamp. "Para mí, esa es una luz de alarma que parpadea muy intensamente. Es un exceso de confianza, y el exceso de confianza no es bueno para actividades ultra peligrosas como esta".

Rusia tiene una larga historia de la utilización de barcos propulsadas con energía nuclear que utilizó para mantener su presencia en el Ártico. La Unión Soviética construyó el primer rompehielos de propulsión nuclear del mundo en 1957 y, más de seis décadas después, Moscú continúa manteniendo la única flota de este tipo. En mayo, el Astillero Báltico botó la última de las tres naves consideradas como las más grandes y poderosas de su tipo. Estos barcos son imprescindibles para la expansión en un mar que hasta hace pocos años permanecía congelado todo el año e impedía la navegación de grandes cargueros y que ahora, como consecuencia del cambio climático, se abre a la explotación comercial. Allí Rusia tiene que competir con Estados Unidos y los países nórdicos que tienen jurisdicción sobre ese mar. Por lo que va a utilizar todos los recursos que tenga a mano y asumir todos los riesgos posibles para liderar esta carrera.