
Los investigadores aún están lejos de comprender el mecanismo exacto, pero un equipo francés dijo haber observado rigurosamente el fenómeno por primera vez en cinco guacamayos del zoológico de Beauval en Francia, y publicaron sus resultados en la revista científica estadounidense PLOS One el miércoles.
Parte de las mejillas del guacamayo azul y amarillo (Ara ararauna) están desnudas, sin plumas. Es esta piel blanca la que, según advirtieron los investigadores, se sonrojó durante las interacciones con los cuidadores en momentos considerados como "positivos" por ellos.
"Las aves no tienen músculos en la cara", dice Aline Bertin, investigadora del Instituto Nacional de Investigación Agronómica (INRA), quien dirigió el experimento. "Nunca han sido estudiados por sus expresiones faciales".
Ya los dueños de los guacamayos habían notado estos rubores, así como en algunas otras aves silvestres. Sus mejillas están irrigadas de vasos sanguíneos, como en los humanos. Pero aún debían documentar el fenómeno.
El experimento consistió en filmar y fotografiar a las aves, en un aviario de Beauval, durante interacciones organizadas con los cuidadores que habitualmente se ocupan de ellas.
Con mucha frecuencia, durante estas interacciones, la piel de las aves alrededor de los ojos y cercana al pico comenzaba a sonrojarse.
El experimento es limitado por la muestra pequeña, solo de cinco pájaros, y no permite sacar conclusiones formalmente sobre el motivo del sonrojo.
"No sabemos si las aves pueden sentir emociones positivas", dijo Aline Bertin. Pero este trabajo prepara el escenario para futuros experimentos, creando un método que permitirá "comprender mejor la sensibilidad de las aves".
El conocimiento es aún muy limitado respecto a la "sensibilidad" del cerebro de las aves, mientras que están muy avanzados en su inteligencia, comparable a la de los mamíferos. Muchas aves saben cómo usar herramientas y resolver problemas.
Pero en sus emociones positivas, la investigación es floja, dice Aline Bertin.
"No puede imaginarse que el pájaro pueda tener un mundo emocional tan complejo como un primate, un perro o un gato", dice la investigadora. "No sorprende a nadie ver a papagayos en jaulas en las tiendas de mascotas, cuando no vemos primates. Hay un desajuste".
Con información de AFP
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