
Los locales deben ser creativos a la hora de lidiar con el caluroso verano balcánico en un país que se quedó sin mar hace casi once años, cuando Montenegro decidió que no quería ser Serbia, y Serbia tuvo que conformarse con sus propios lagos y ríos. Así que ahí están los serbios en traje de baño, cientos de hombres y mujeres que descansan junto al lago Perucac, a casi 200 kilómetros al sudoeste de la capital, Belgrado. En la otra orilla se llega a ver el minarete blanco de una mezquita rodeado de árboles: eso es Bosnia Herzegovina, donde la población es mayoritariamente musulmana. De este lado hay toallas y sandalias. En el medio, en el fondo del lago, hay cadáveres.

El occidente serbio es un cúmulo de montañas y bosques surcados por rutas que descienden abruptamente hasta el río Drina. Nenad avanza por allí con su pequeño coche Yugo rojo cortando curvas y contracurvas camino a su natal Bajina Basta, la ciudad que le dio nombre a una enorme represa hidroeléctrica. La construyó el gobierno yugoslavo en 1966, cuando no había frontera entre Serbia y Bosnia porque eran el mismo país. Entonces se formó el lago Perucac, donde hoy se bañan los locales. "Este fin de semana va a haber mucha gente por la regata", dice Nenad agarrando firmemente el volante. Él es estudiante de teología cristiana ortodoxa y no le gusta nada la idea de cientos de personas emborrachándose sobre gomones arrastrados por el Drina. "Pero viene mucha gente y eso siempre es bueno para los negocios", admite.


Hay 15 interminables kilómetros de campings, hoteles y turistas desde Bajina Basta, la ciudad más grande de la zona, hasta el lago. Todos parecen despreocupados mientras avanzan con sus sillas plegables y heladeritas. La guerra se ve demasiado lejana, sin dudas mucho más lejana que la mezquita blanca de la otra orilla. Pero está ahí. Bajo la tranquila superficie está la tensión que desencadenó conflictos étnicos y masacres. Y a veces, como los gomones de la regata, flota.

Entre 1998 y 1999 la guerra de Kosovo enfrentó a serbios y albanokosovares, y provocó alrededor de 10 mil víctimas civiles. Muchas de estas muertes intentaron ocultarse haciendo desaparecer a los cuerpos. Todo comenzó con los restos de entre 50 y 60 albaneses que fueron arrojados en el lago Perucac dentro de un camión frigorífico en abril de 1999, y apenas tardaron dos días en salir a la superficie. La policía serbia inmediatamente recuperó los cadáveres y los enterró cerca de la orilla, en fosas comunes que serían descubiertas en 2001. Se encontraron entonces los restos de 48 personas, casi todas vestidas con ropas civiles, y algunas partes del vehículo. Ese mismo año, mientras comenzaban los juicios contra el ex presidente Slobodan Milosevic por crímenes de guerra en la Corte Internacional de Justicia, fueron hallados otros nueve camiones frigoríficos con cuerpos en distintos rincones de Serbia.

Marija se seca el pelo y discute con sus amigos cómo volver al camping en Bajina Basta. Tiene 25 años y carga una enorme mochila en la espalda. "La gente no vendría a bañarse si aún hubiera cadáveres. Ya los sacaron, ya limpiaron el lago", dice. Sonríe. Y acá no ha pasado nada. Le son irrelevantes los hasta dos mil cuerpos que se estiman aún envueltos en barro bajo las aguas. Fue Amor Masovic, director de la Comisión Federal Bosnia de Personas Desaparecidas, quien sugirió ese número en 2010 y describió al lago Perucac como una de las mayores fosas comunes de Europa. En julio de ese año una serie de obras de mantenimiento y limpieza de la represa obligaron a drenar el lago.
Mientras las aguas bajaban comenzaron a aparecer los muertos.



Esta vez no había camiones pero la idea había sido la misma: que el agua ocultara la verdad. Los cadáveres provenían de ciudades río arriba y habían sido arrastrados por el Drina en 1992, cuando comenzaba la guerra de Bosnia. Durante el conflicto, miles de musulmanes fueron asesinados en un intento de limpieza étnica por parte del ejército serbio, y entre mil y tres mil murieron en la masacre de Visegrad, a pocos kilómetros de Perucac. Otros cientos, en distintos pueblos a lo largo del valle del Drina. Tras más de dos meses de trabajo, las autoridades serbias decidieron que era tiempo de poner la represa nuevamente en funcionamiento y dieron por terminada una búsqueda que nunca se reanudó. En ese período se encontraron 396 restos y fueron identificados 162: 160 bosnios, 2 serbios; 40 mujeres; 36 mayores de 60 y 10 niños, uno de ellos de 3 años.
En verano, los bares flotantes están repletos en Perucac, hay pescadores en la orilla y pequeños barquitos recorriendo el lago. A falta de arena, muchas personas descansan en las amplias plataformas de madera sobre el agua; allí unos agujeros permiten que los niños se bañen como si fuera una pileta. Los que no están en el agua sudan y piden otra cerveza. Pero en lugar de tomar cerveza, Nenad recomienda pasar por Mramorje, a apenas dos kilómetros del lago. Es una de las treinta necrópolis medievales de la zona que fueron inscritas como Patrimonio de la Humanidad en 2016. Las casi doscientas lápidas blancas de piedra caliza son enormes y pesadas, como si se hubieran hecho para vencer al tiempo y al olvido. Parece que en Perucac algunos muertos son más importantes que otros.
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