La tortuga lora (Lepidochelys kempii), catalogada como especie en peligro crítico, enfrenta una amenaza adicional y poco estudiada: el ruido antropogénico de baja frecuencia, producido por embarcaciones e industrias en el Golfo de México y el Atlántico noroccidental.
Un estudio difundido por The Journal of the Acoustical Society of America advierte que esta tortuga marina posee una sensibilidad auditiva especialmente alta en frecuencias en las que la contaminación sonora es más intensa, lo que podría poner en riesgo funciones vitales del animal, según subraya el Instituto Americano de Física.
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Esta especie es considerada la tortuga marina más rara y mantiene un rango de distribución muy restringido en aguas de Norteamérica. Ocupa principalmente zonas costeras y de plataforma cerca de rutas marítimas con intenso tráfico y actividad humana.
El Instituto Americano de Física destaca que, además de amenazas conocidas como pesca incidental, colisiones con barcos, ingestión de plásticos y degradación de playas de anidación, el ruido de origen humano surge como un factor de riesgo emergente cuyo efecto sobre la supervivencia de la especie todavía se desconoce en profundidad.
El ruido producido por embarcaciones, industrias costeras y exploración petrolera abarca la misma banda de baja frecuencia a la que la tortuga lora es más sensible. Estas ondas sonoras pueden recorrer largas distancias bajo el agua, enmascarando sonidos biológicos necesarios para la comunicación, la localización de presas y la evasión de depredadores, según indica el Instituto Americano de Física.
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Para indagar la sensibilidad auditiva de la tortuga lora, el estudio reunió un equipo del Laboratorio Marino de la Universidad de Duke, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) y la Universidad Estatal de Carolina del Norte.
El experimento utilizó métodos no invasivos mediante la colocación de electrodos superficiales en la cabeza de trece ejemplares juveniles, expuestos a tonos submarinos entre 50 y 1.600 hercios en tanques experimentales con condiciones controladas.
La investigación reveló que las tortugas lora detectan sonidos dentro del rango de 50 a 800 hercios, con máxima sensibilidad en torno a 300 hercios, precisamente donde se concentra la mayor parte del ruido generado por barcos y maquinaria industrial. A partir de los 400 hercios, la audición disminuye notablemente, lo que limita la percepción de sonidos de frecuencias superiores.
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Los resultados demuestran que las tortugas lora presentan umbrales auditivos más bajos —mayor sensibilidad— en la banda de 200 a 300 hercios que los encontrados en estudios previos con muestras más pequeñas. Esta coincidencia entre el rango sensible y la principal frecuencia del ruido humano refuerza la preocupación de los investigadores.
“Las tortugas lora son más sensibles en la misma banda de baja frecuencia donde se produce mucho ruido industrial y de embarcaciones”, recalcó Charles Muirhead en declaraciones recogidas por el Instituto Americano de Física. Si bien los resultados no prueban un daño directo, el estudio llama a intensificar la vigilancia y el análisis de los posibles impactos del ruido sobre la especie.
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El Instituto Americano de Física advierte que los riesgos para la conservación podrían ser importantes. Señala el peligro de interferencia en la comunicación, la navegación y otros comportamientos decisivos, además de la urgencia de investigar las respuestas fisiológicas y conductuales de la tortuga lora a ambientes acústicos reales, y de avanzar en el desarrollo de estrategias de gestión fundamentadas en estos hallazgos.
Ampliar el conocimiento sobre cómo el ruido antropogénico afecta los sistemas sensoriales de las tortugas marinas permitirá diseñar planes más eficaces para reducir los impactos negativos y armonizar la conservación con las actividades humanas en el Golfo de México y áreas costeras.
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