
La capacidad de la reforestación para mitigar el cambio climático fue sobreestimada, según un estudio internacional liderado por Pep Canadell, científico jefe de investigación, y publicado en la revista Science.
Los resultados, difundidos por The Conversation, advierten que si bien plantar árboles es una herramienta importante, su impacto real resulta mucho menor de lo que sugieren discursos y compromisos internacionales.
El análisis concluye que, sin cambios en las estrategias actuales, la reforestación por sí sola no permitirá alcanzar los objetivos de emisiones netas cero fijados por numerosos países.
Un potencial global más limitado de lo esperado
El equipo liderado por Canadell partió de una pregunta central: ¿hasta qué punto la reforestación puede limitar, de manera efectiva, el cambio climático? Con un modelo construido sobre datos globales, el estudio revela que la contribución de la reforestación representa solo una fracción de lo proclamado en foros internacionales.
Aunque 135 países asumieron compromisos de emisiones netas cero, la mayoría —incluidos Australia y China— dependen en gran medida de la reforestación para eliminar dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera.
China encabeza los esfuerzos mundiales con siete mil millones de toneladas métricas de CO2 almacenadas en las últimas cuatro décadas. Australia, mediante el programa “20 Million Trees”, espera capturar 0,2 millones de toneladas de CO2 por año para 2030, apenas un 0,04% de sus emisiones nacionales.
Sin embargo, el potencial global es mucho más reducido: la presión agrícola, el crecimiento urbano y la protección de la biodiversidad restringen considerablemente las áreas disponibles para plantar árboles.

Distribución de la superficie apta y compromisos asumidos
El estudio, detallado en The Conversation, identificó unas 389 millones de hectáreas a nivel mundial aptas para reforestación. Para ello, se excluyeron áreas urbanas, agrícolas, regiones de conservación, zonas en riesgo de pérdida de biodiversidad y lugares donde la plantación podría aumentar el calentamiento o reducir los caudales de los ríos.
Del total, el 42% de la superficie se ubica en América y el 26% en Europa, con Brasil, Rusia y Estados Unidos entre los países de mayor potencial.
Sin embargo, los compromisos nacionales no reflejan esta localización. Para el periodo 2021-2030, los países prometieron reforestar 230 millones de hectáreas, equivalentes al 59% del área identificada como apta.
Cerca del 90% de los compromisos corresponde a países de ingresos bajos y medios, donde la tierra realmente disponible es escasa. La mitad de la superficie comprometida corresponde a África, aunque solo representa el 4% del área potencial global.
Esta situación responde, en gran medida, a la protección de sabanas y hábitats abiertos, que son esenciales para muchas especies y no aptos para la plantación masiva de árboles. En contraste, Europa y Sudamérica comprometieron tan solo el 13% y el 16% de su potencial, respectivamente.

Almacenamiento de carbono y límites frente a las emisiones globales
El equipo de Canadell desarrolló un modelo de aprendizaje automático con datos de vegetación y suelos de 3.190 ubicaciones en grandes biomas forestales. La estimación señala que restaurar las 389 millones de hectáreas identificadas permitiría absorber hasta 4.900 millones de toneladas métricas de CO2 al año hasta 2050. Si solo se cumplen los compromisos nacionales en tierras realmente aptas, la cifra desciende a 1.500 millones de toneladas anuales.
Aunque relevantes, estos volúmenes son solo una pequeña fracción de las emisiones globales de combustibles fósiles: actualmente, la reforestación compensa 1.900 millones de toneladas de CO2 por año, el 5% de las 36.000 millones de toneladas emitidas anualmente por combustibles fósiles. Por eso, el estudio subraya la necesidad de priorizar la reducción de estas emisiones para frenar el cambio climático.
El análisis difundido por The Conversation resalta que los países con más recursos y superficie apta asumieron compromisos muy modestos, mientras que las naciones con menos medios y menos tierra disponible prometieron más de lo que pueden cumplir.
El informe recomienda que los países de altos ingresos incrementen sus compromisos y financien los esfuerzos de reforestación en regiones de menores recursos. También destaca el papel de los mercados que otorgan un “precio a la naturaleza” y la participación directa de comunidades locales y pueblos indígenas para que los programas se adapten a las prioridades económicas y culturales.
La reforestación, necesaria pero insuficiente
Como concluye la investigación difundida por The Conversation, la reforestación no puede sustituir la urgencia de frenar la deforestación ni reemplazar la necesidad de reducir de forma rápida las emisiones de combustibles fósiles. La estrategia global debe centrarse en limitar la degradación de los ecosistemas ya existentes y reforzar los compromisos para frenar el avance de las emisiones.
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