
El cambio climático, inducido por actividades humanas, está reduciendo drásticamente la abundancia de aves tropicales debido al aumento de los extremos de calor.
Así lo demuestra un estudio publicado en la revista Nature Ecology & Evolution por Maximilian Kotz, que trabaja en el Centro de Supercomputación Barcelona y el Instituto Potsdam para la investigación del Impacto climático.
También colaboraron Tatsuya Amano y James E. M. Watson, de la Universidad de Queensland en Australia.
El trabajo cuantifica por primera vez el impacto acumulado de los extremos de calor intensificados por la actividad humana sobre las poblaciones de aves terrestres en todo el mundo.
Reducción de aves tropicales por extremos de calor

Reveló que, entre los años 1950 y 2020, la abundancia de aves en regiones tropicales se redujo entre 25% y 38% respecto a un escenario sin cambio climático inducido por el ser humano.
El equipo analizó más de 90.000 registros de abundancia de aves de la base de datos del Índice Planeta Viviente, cruzados con datos climáticos diarios del Instrumento ERA-5 del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio.
Definieron los extremos de calor como días en que la temperatura superó el 99% de los valores históricos locales (1940-1970).
En los últimos 40 años, la frecuencia de estos días extremos aumentó unas diez veces en los trópicos. El análisis controló el efecto de la presión humana directa (cambios en el uso del suelo y densidad de población) para aislar el impacto del clima.

El hallazgo central es que los extremos de calor —más que el aumento de la temperatura media o los cambios en la precipitación— son el principal factor que reduce el crecimiento anual de las poblaciones de aves, especialmente en las latitudes bajas.
El efecto negativo es mucho más fuerte en los trópicos, donde la mayoría de las especies viven cerca de sus límites fisiológicos de tolerancia al calor.
Los investigadores escribieron: “La intensificación histórica de los extremos de calor ha causado una reducción del 25–38% en la abundancia de aves tropicales, acumulada desde 1950 hasta 2020”.
El impacto de los extremos de calor supera al de la presión humana directa en las regiones tropicales, mientras que en las zonas subtropicales ocurre lo contrario.
En latitudes medias, la reducción de la abundancia por calor extremo es menor (3% a 5%), y en latitudes altas no se detectan efectos significativos.

El análisis también muestra que los efectos negativos se acumulan con el tiempo y no se observan recuperaciones posteriores en las poblaciones afectadas.
El estudio evaluó la robustez de sus resultados frente a posibles sesgos geográficos y taxonómicos, así como diferencias entre aves migratorias y residentes.
Los efectos negativos de los extremos de calor se mantienen en ambos grupos y en la mayoría de los órdenes de aves terrestres, aunque el impacto varía según el grupo y el hábitat.
Por ejemplo, las aves de bosques secos tropicales resultan más sensibles que las de bosques húmedos.
Los extremos de calor: principal amenaza para las aves
La metodología empleada se basa en modelos de regresión de efectos mixtos, que permiten distinguir el efecto de las variaciones climáticas interanuales de otros factores de largo plazo.
El enfoque causal se apoya en la aleatoriedad de los extremos climáticos y en la imposibilidad de que los cambios en las poblaciones de aves influyan en el clima local.

Además, el equipo construyó escenarios contrafactuales para estimar cómo habrían evolucionado las poblaciones sin el calentamiento global inducido por el ser humano.
El trabajo destaca que la mayoría de los modelos de riesgo de extinción por cambio climático se centran en promedios anuales de temperatura y precipitación, pero los resultados muestran que los extremos de calor a corto plazo son mucho más dañinos para la biodiversidad.
Esto implica que las estrategias de conservación deben adaptarse para considerar la creciente frecuencia de eventos extremos, no solo los cambios graduales en el clima.
Los investigadores reconocieron limitaciones, como la menor disponibilidad de datos en regiones tropicales y en ciertos grupos de aves, lo que podría subestimar la magnitud real del problema.
Igualmente consideraron que la cobertura es suficiente para identificar una respuesta generalizada de las aves tropicales a los extremos de calor.
Qué implica el cambio climático para la conservación

Las implicaciones son profundas para la conservación de la biodiversidad tropical. El declive de aves en hábitats poco alterados, documentado en selvas de Panamá y la Amazonía, coincide en magnitud con las estimaciones del estudio, lo que sugiere que el cambio climático ya es un factor clave, incluso en áreas protegidas.
El equipo resaltó: “Nuestros resultados muestran la magnitud de los impactos que la intensificación de los extremos de calor puede estar teniendo ya sobre estas especies”.
Advierte que se necesita urgente cumplir los compromisos de reducción de gases de efecto invernadero y de desarrollar estrategias de conservación que permitan la persistencia de especies vulnerables a los extremos de calor.
También llamaron a mejorar el monitoreo en regiones tropicales y a considerar los extremos climáticos en la planificación de áreas protegidas y en la gestión de la biodiversidad.
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