
Un descubrimiento inusitado realizado por la NASA y el Smithsonian Institution sugiere que el cambio de color en los árboles podría servir como señal de alerta para anticipar erupciones volcánicas. Según investigaciones recientes, la vegetación que rodea a volcanes activos puede exhibir cambios visuales detectables desde el espacio, advirtiendo de una posible erupción antes que los métodos convencionales.
Los estudios realizados en 2024 y 2025 revelan que en las inmediaciones de volcanes como el Etna en Italia y el Rincón de la Vieja en Costa Rica, se nota un cambio significativo en el color de las hojas de los árboles, tornándose más verdes y exuberantes antes de una erupción. Este fenómeno es captado por satélites como Landsat 8 y Sentinel-2, permitiendo a los científicos monitorear la actividad volcánica sin enfrentarse a los riesgos del terreno. Para la NASA, el verdor intensificado podría ser un indicio de actividad subterránea inminente.
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Cómo el CO₂ del volcán transforma la vegetación
El fenómeno del cambio de color en la vegetación que rodea a los volcanes se vincula directamente con la interacción del magma ascendente con el ecosistema circundante. A medida que el magma se acerca a la superficie, libera dióxido de carbono (CO₂), el cual se infiltra a través de grietas hacia las raíces de los árboles. Al absorber este CO₂ adicional, que actúa como un fertilizante natural, muchas especies vegetales manifiestan un verdor intensificado y mayor densidad en sus hojas.
Tradicionalmente, estudiar este fenómeno requería que expertos se desplazaran a las zonas peligrosas para medir los niveles de CO₂ en el suelo, un proceso tanto costoso como arriesgado. Sin embargo, la colaboración entre la NASA y el Smithsonian Institution ofrece un método innovador que permite utilizar tecnología satelital para monitorear estos cambios desde el espacio, eliminando la necesidad de arriesgar la seguridad de los investigadores.
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Las plantas actúan como sensores naturales que no solo revelan la presencia de CO₂ en exceso, sino que amplifican esta señal mediante un verdor peculiar. De esta manera, la vegetación se transforma en un indicador del despertar volcánico, proporcionando una advertencia anticipada, visible y medible de la actividad subterránea.

Tecnología satelital: Landsat 8, Sentinel-2 y el índice NDVI
La detección de estos cambios en la vegetación se realiza mediante satélites de observación terrestre, como Landsat 8 y Sentinel-2. Estos dispositivos capturan imágenes de alta resolución que permiten analizar la intensidad del color verde en las copas de los árboles. Para cuantificar este fenómeno, los científicos emplean el Índice de Vegetación de Diferencia Normalizada (NDVI, por sus siglas en inglés), una herramienta que mide la cantidad de luz reflejada por las plantas y, por tanto, su estado de salud y nivel de fotosíntesis.
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Cuando una zona boscosa cercana a un volcán muestra un aumento repentino en el valor del NDVI, los expertos interpretan esta señal como un posible indicio de actividad volcánica subterránea. Según la NASA, “ya no es necesario subir a una ladera peligrosa para obtener datos críticos: los satélites pueden vigilar desde arriba, las 24 horas del día, y alertar cuando los árboles empiecen a ‘hablar’”.
Casos de estudio: Etna, Panamá y Costa Rica
El volcán Etna, en Italia, ha sido uno de los principales escenarios de este tipo de investigaciones. Entre 2011 y 2018, las imágenes satelitales revelaron 16 episodios en los que el verdor de la vegetación aumentó de forma notable, coincidiendo con incrementos en la emisión de CO₂ y movimientos de magma bajo la superficie. Muy Interesante detalla que estos picos en la vegetación se correlacionaron directamente con la actividad volcánica, lo que refuerza la validez del método.
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En marzo de 2025, la misión AVUELO (Airborne Validation Unified Experiment: Land to Ocean) llevó a cabo una serie de estudios en Panamá y Costa Rica, centrándose en volcanes tropicales como el Rincón de la Vieja. Durante esta misión, los investigadores observaron cambios significativos en el color de los árboles cercanos a los volcanes y recolectaron muestras de hojas para analizar cómo el CO₂ afecta la fotosíntesis y la pigmentación vegetal.
Estos resultados confirman que el fenómeno no se limita a un solo tipo de ecosistema o región, sino que puede observarse en diferentes contextos geográficos y climáticos, siempre que existan bosques en las inmediaciones del volcán.
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Validación y misiones: el papel de AVUELO y la integración de datos
La misión AVUELO juega un papel esencial en la validación de las observaciones realizadas desde el espacio. Esta iniciativa se basa en la combinación de datos satelitales con vuelos de reconocimiento y mediciones directas en campo. Al hacerlo, garantiza que los sensores espaciales estén correctamente calibrados, asegurando que las alteraciones detectadas en la vegetación sean indicativas de actividad volcánica real.
Su objetivo es asegurar que las señales observadas por satélites reflejen con precisión los procesos que tienen lugar en el suelo volcánico. Al integrar tecnologías espaciales con vuelos aéreos y análisis directos en el terreno, este método aumenta significativamente la fiabilidad de las observaciones.
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Comparación con métodos tradicionales de vigilancia volcánica
Hasta ahora, la vigilancia de volcanes se ha basado principalmente en la detección de actividad sísmica, deformaciones del terreno y emisiones de gases como el dióxido de azufre (SO₂), que resulta más sencillo de identificar desde el espacio. Sin embargo, el dióxido de carbono, a pesar de ser uno de los primeros gases en liberarse durante la activación volcánica, es casi imposible de distinguir entre el ruido de fondo de la atmósfera terrestre.
El uso de la vegetación como sensor natural representa una alternativa innovadora y eficiente. Los árboles, al amplificar la señal del CO₂ a través de su coloración, permiten a los satélites captar indicios de actividad volcánica mucho antes de que se produzcan otros cambios detectables por los métodos convencionales. Según la NASA, este enfoque “marca un cambio de paradigma en la vigilancia volcánica”.
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Limitaciones y advertencias: factores que pueden alterar la señal
A pesar de las ventajas, los científicos advierten que este método no es aplicable a todos los volcanes. No todas las formaciones volcánicas están rodeadas de bosques, y la respuesta de las especies arbóreas al aumento de CO₂ puede variar considerablemente. Además, factores externos como incendios forestales, enfermedades o fluctuaciones meteorológicas pueden modificar el color de las hojas y generar señales que no están relacionadas con la actividad volcánica.
Más allá de estas limitaciones, la herramienta resulta especialmente útil en zonas remotas o de difícil acceso, donde la instalación de sensores terrestres sería inviable. En estos casos, la observación satelital de la vegetación ofrece una alternativa segura y continua para la vigilancia de volcanes activos.
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No obstante, estudiar la respuesta de los árboles al dióxido de carbono volcánico podría proporcionar información valiosa sobre cómo reaccionará la vegetación global ante el aumento sostenido del CO₂ atmosférico provocado por el cambio climático. Los bosques que crecen en las inmediaciones de volcanes activos se convierten así en laboratorios naturales que permiten anticipar posibles escenarios futuros para los ecosistemas terrestres.
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