
Antes de su nacimiento, la langosta del desierto ya ha realizado su primera ingesta. Un estudio reciente, liderado por el entomólogo Koutaro Ould Maeno del Centro Internacional de Investigación de Ciencias Agrícolas de Japón, reveló que este insecto, conocido por su capacidad para devastar cultivos, se alimenta de una porción de yema residual dentro del huevo antes de nacer.
El hallazgo, publicado por Newsweek, ofrece nuevas claves sobre la notable capacidad de supervivencia de una de las plagas agrícolas más dañinas del mundo, especialmente en regiones secas y de condiciones extremas.
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De acuerdo con Newsweek, el equipo de Maeno descubrió que, en ambientes áridos, las crías de menor tamaño emergen de huevos grandes que conservan parte de la yema.
Esta reserva energética, ingerida antes de la eclosión, les proporciona tiempo y energía adicionales para encontrar alimento tras salir del cascarón, lo que aumenta sus probabilidades de sobrevivir donde la comida escasea. El mecanismo descubierto podría explicar en parte la resiliencia y la capacidad de proliferación de esta especie en zonas afectadas por la sequía.
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Condiciones de crianza y hallazgos claves
Según Newsweek, el estudio dirigido por el entomólogo Koutaro Ould Maeno, del Centro Internacional de Investigación de Ciencias Agrícolas de Japón, se centró en la langosta del desierto (Schistocerca gregaria), un saltamontes de cuernos cortos que habita en África, Arabia y Asia suroccidental.

Los investigadores criaron langostas en aislamiento y en grupos, bajo condiciones tanto secas como húmedas, para analizar cómo influyen el entorno y la interacción social en su desarrollo.
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Descubrieron que las hembras gregarias ponían menos huevos, pero de mayor tamaño, lo que favorecía el crecimiento de crías más fuertes.
En entornos áridos, sin embargo, tanto langostas solitarias como gregarias generaron crías más pequeñas que, pese a su tamaño, conservaron una importante cantidad de yema residual, que actúa como reserva energética.
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La “reserva” evolutiva
Los científicos describieron esta yema residual como una especie de “reserva” que acompaña a las crías en sus primeras horas. “La yema adicional funciona como una reserva; producir huevos grandes es ventajoso en condiciones duras”, explicaron los investigadores en declaraciones a Newsweek.

Incluso las crías más pequeñas, nacidas de huevos grandes y secos, mostraron una capacidad de supervivencia superior, gracias a esta reserva interna que les permite resistir periodos sin alimento tras la eclosión. Esta estrategia representa una adaptación clave para enfrentar ambientes hostiles.
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Comportamiento y amenaza agrícola
La langosta del desierto alterna entre una fase solitaria y otra gregaria. En condiciones normales, vive de forma independiente y se camufla entre la vegetación.
Cuando la sequía reduce el alimento y las poblaciones aumentan, su fisiología y comportamiento cambian: adopta una coloración amarilla y libera feromonas. Así se forman enjambres que pueden alcanzar hasta 150 millones de individuos por kilómetro cuadrado, capaces de recorrer largas distancias y devastar áreas agrícolas.
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Según Newsweek, esta capacidad de adaptación frente a condiciones adversas convierte a la especie en una de las plagas más peligrosas del mundo.
Datos cuantitativos y diferencias entre grupos
El análisis mostró diferencias notables en el tamaño de las crías, la cantidad de huevos y las tasas de supervivencia. Las hembras en grupo producían huevos más grandes, aunque menos numerosos. En condiciones de sequía, las crías eran más pequeñas, pero con más yema residual.
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Entre las langostas solitarias en ambientes secos, las crías pequeñas sobrevivieron un 65% más sin alimento que las de tamaño normal. En el caso de crías gregarias nacidas en seco, la supervivencia fue un 230% mayor en comparación con las de huevos solitarios criados en ambientes húmedos. Estos datos confirman que la yema residual es un factor clave en la resistencia temprana.

El equipo de Maeno, apodado “Dr. Langosta”, destacó que la reserva interna de energía aumenta las probabilidades de sobrevivencia en las crías nacidas bajo condiciones extremas. “Demostramos que la descendencia más grande sobrevive más tiempo que la más pequeña, lo cual era esperado”, señalaron.
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Pero lo más relevante, según Newsweek, fue comprobar que las crías pequeñas, nacidas de huevos grandes y desecados, presentan una ventaja evolutiva gracias a esta reserva. Este descubrimiento podría ser clave para desarrollar nuevas estrategias de manejo agrícola, orientadas al control efectivo de una plaga que continúa afectando regiones vulnerables en todo el mundo.
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