
Para muchos observadores, el argumento de John Beddington, el científico del Reino Unido que asegura que el mundo se enfrenta a una “tormenta perfecta” de eventos globales para 2030, se ha convertido en una advertencia profética. La mención reciente de “futuros espantosos”, “colapso generalizado del ecosistema” y “efecto dominó en los objetivos de sostenibilidad”, que emitieron diferentes especialistas en sus respectivas investigaciones, aprovecha un creciente consenso dentro de algunas comunidades científicas: la Tierra se está desestabilizando rápidamente, a través de cascadas de colapso.
Asimismo, este fenómeno también está planteado sobre escenarios que algunos estudiosos califican como de “fin del mundo”, los cuales involucran la transgresión de los límites planetarios (clima, agua dulce y acidificación de los océanos), mecanismos de retroalimentación positivos de refuerzo acelerado y tensiones multiplicativas.
Los eventos climáticos extremos, como los incendios forestales y las sequías, acelerarán el cambio en los sistemas estresados, lo que conducirá a puntos de inflexión más rápidos de deterioro ecológico, según confirma ahora un nuevo estudio.

Mediante modelos informáticos, el equipo de investigación del Reino Unido, que incluye a científicos de la Universidad de Sheffield, de Bangor y de Southampton, analizó cuatro ecosistemas amenazados para determinar qué factores podrían conducir a puntos de inflexión, más allá de los cuales el colapso era inevitable. En algunos de ellos, la combinación de agregar nuevos eventos extremos además de otras tensiones en curso acercó el momento de un punto de inflexión pronosticado al presente hasta en un 80%.
En última instancia, dicen los autores, una “tormenta perfecta” de estrés continuo de factores como: uso insostenible de la tierra, expansión agrícola y cambio climático, junto con episodios disruptivos como inundaciones e incendios, actuará en conjunto para poner rápidamente en peligro a los sistemas naturales.
El equipo analizó dos ecosistemas lacustres y dos ejemplos forestales, incluido el colapso histórico de la civilización de la Isla de Pascua (Rapa Nui), que se cree que fue el resultado de la sobrepoblación, combinada con la explotación insostenible de la cubierta arbórea. Los modelos se corrieron más de 70.000 veces para cada ecosistema, con variables ajustadas en cada ocasión.

Hasta un 15% de los colapsos ocurrieron como resultado de nuevos esfuerzos o eventos extremos, aún cuando el esfuerzo principal se mantuvo constante. En otras palabras, incluso si los ecosistemas se gestionan de forma más sostenible manteniendo constantes los principales niveles de estrés, como la deforestación, nuevos factores como el calentamiento global y los fenómenos meteorológicos extremos aún podrían provocar un colapso.
“Los cuatro sistemas ecológicos que observamos mostraron los mismos resultados generales. Esto tiene implicaciones potencialmente profundas para nuestra percepción de los riesgos ecológicos futuros. Si bien actualmente no es posible predecir cómo se conectarán los puntos de inflexión inducidos por el clima y los efectos de las acciones humanas locales, nuestros hallazgos muestran el potencial de cada uno para reforzar cualquier aumento de la presión, el cual será extremadamente perjudicial y podría tener consecuencias peligrosas”, dijo el coautor, el Gregory Cooper, especialista del Instituto de Alimentos Sostenibles de la Universidad de Sheffield.
Poner fecha al cataclismo
El número de eventos climáticos extremos ha aumentado desde 1980 y el calentamiento global, incluso a 1,5°C, incrementará aún más esos números. Los científicos también están preocupados por los posibles efectos colaterales a medida que un ecosistema que colapsa impacta en los vecinos.

“Más de una quinta parte en todo el mundo están en peligro de colapsar. Sin embargo, el estrés continuo y los eventos extremos interactúan para acelerar cambios rápidos que bien pueden estar fuera de nuestro control. Una vez que alcanzan un punto de inflexión, es demasiado tarde. En los últimos dos años, el mundo se ha unido en torno a las crisis climática y ecológica a través de las Conferencias de la ONU, pero debemos recordar que las causas de las crisis están interrelacionadas, que ya han colisionado, y que la inacción sobre ambos puede tener consecuencias nefastas”, afirmó Simon Willcock de la Universidad de Rothamsted y Bangor, quien codirigió el estudio que acaba de publicarse en Nature Sustainability.
Un ejemplo es la estimación del Panel Internacional sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU para un punto de inflexión en la selva amazónica antes de 2100. El nuevo estudio sugiere que un colapso puede ocurrir varias décadas antes de lo previsto. Por ejemplo, es bien sabido que esta región está amenazada por la deforestación. Sin embargo, es fácil imaginar cómo el calentamiento global y los eventos climáticos extremos, como las sequías y los incendios forestales, se suman a este estrés.
Esto puede disminuir la capacidad del Amazonas para generar su propia lluvia, haciéndolo más seco y más vulnerable, lo que resulta en que el ecosistema caiga en un bucle fatal. “Estudios previos de puntos de inflexión ecológicos sugieren costos sociales y económicos significativos a partir de la segunda mitad del siglo XXI. Nuestros hallazgos sugieren la posibilidad de que estos costos ocurran mucho antes”, agregó el coautor John Dearing, profesor emérito de la Universidad de Southampton.
“Es imprescindible que la humanidad esté atenta a las señales de que los ecosistemas se están degradando incluso más rápido de lo que se pensaba”, concluyó el documento.
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