
Nuevamente nos encontramos ante una de las problemáticas ambientales más devastadoras para la Argentina. De acuerdo con datos recabados por el Servicio Nacional del Manejo del Fuego (SNMF) y el INTA, los incendios forestales han arrasado, en lo que va del 2022, más de 700 mil hectáreas en distintas provincias del país.
Esto ha generado la pérdida de cientos de especies y ecosistemas, la aparición de problemas de salud en las comunidades afectadas y la emisión de gases de efecto invernadero que continúan exacerbando la problemática del cambio climático.
En los últimos 5 años se vienen registrando los picos más altos de incendios forestales en el país. En este contexto, es posible identificar factores tanto naturales, como políticos y económicos. De acuerdo con el SNMF, el 95% de los incendios son provocados por la acción humana.

En algunos casos, se debe a focos accidentales por falta de cuidado a la hora de desarrollar actividades en entornos naturales. Sin embargo, en su mayoría, estos incendios están asociados al sector agroganadero. Allí el fuego se utiliza para renovar los pastizales, con el objetivo de que estos rebroten al llegar la primavera, también como medio para expandir la frontera agropecuaria.
Asimismo, encontramos un vínculo bidireccional entre los incendios forestales y la crisis climática y ambiental. En primer lugar, los impactos del cambio climático han llevado a aumentos en las temperaturas y con ello a modificaciones de los patrones de las precipitaciones. Esto ha derivado en la prolongación de los períodos de sequía, con temperaturas y vientos mayores a los habituales.
En el caso de Santa Fe y Entre Ríos, a estos factores se les suma una bajada histórica del Río Paraná, lo que exacerba la falta de agua en los ecosistemas y suprime las barreras naturales, como cursos de agua e islas naturales, que en un contexto normal evitarían el avance y propagación del fuego.

En primer lugar, estas condiciones producidas a causa del cambio climático no sólo son propicias para la propagación de los incendios (escasez de agua, fuertes vientos y altas temperaturas), sino que continuarán empeorando conforme no logremos estabilizar y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que generan este fenómeno.
En segundo lugar, los incendios forestales implican tanto una problemática en términos ambientales, como una fuente de emisión de gases de efecto invernadero, lo que contribuye a la profundización del cambio climático.
De esta manera, cuando se quema un bosque o un humedal, no solo nos enfrentamos a pérdidas de ecosistemas que afectan la biodiversidad e integridad de los sistemas naturales, profundizando la crisis ambiental que atraviesa el país. También derivan en la destrucción de sumideros naturales de carbono. De esta manera, se reduce la capacidad de capturar este gas de efecto invernadero, al mismo tiempo que se emiten en el proceso toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera.

Los incendios forestales representan una problemática compleja, con causas y consecuencias multidimensionales. Por este motivo, la coordinación entre diversos actores y niveles de gobierno, la concientización y el manejo responsable de los bosques, el cumplimiento de las normativas existentes -como la ley de bosques o la ley de manejo del fuego- y la formulación de nuevas leyes -como la ley de humedales- son fundamentales para asegurar la protección de nuestros ecosistemas y los impactos que su destrucción tiene a nivel ambiental, climático, social y económico.
* Docente de la Licenciatura en Ambiente y Energías Renovables de Universidad Siglo 21
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