
Las alarmas suenan cada vez más fuerte. Los estudios científicos suman datos y advertencias respecto de la urgencia con la que es necesario abordar la deforestación en la Amazonia. Tal es la situación que esta área del planeta podría dejar de ser un receptor de dióxido de carbono para pasar a ser un emisor de este gas, uno de los culpables de la crisis climática.
Desde principios de este siglo la Amazonia ha perdido el 30% de su capacidad de absorción de CO2, y estudios recientes indican que la selva puede estar emitiendo más carbono del que absorbe. Datos satelitales recientes, publicados por la Agencia Espacial Brasileña, sugieren que en la primera mitad de 2022, la Amazonía brasileña experimentó las tasas de deforestación más altas desde 2016, el equivalente a un área cinco veces mayor que Nueva York.
Este y otros datos serán presentados desde hoy, que se celebra el Día de la Amazonia, por organizaciones de la sociedad civil para generar conciencia sobre la situación que atraviesa esta región del planeta. El bioma abarca el territorio de nueve países: Brasil, Guyana, Venezuela, Bolivia, Guyana Francesa, Colombia, Perú, Surinam y Ecuador.

¿Pero por qué es fundamental preservar este bioma? Las razones son varias y están todas interrelacionadas: la más importante sea, tal vez, que allí se genera el 20% del agua dulce del planeta y el 6% del oxígeno, dos elementos fundamentales para la vida de los seres vivos, incluido el hombre. La Amazonia abarca el bosque tropical más grande del mundo y es hogar de al menos el 10% de la biodiversidad conocida. Contiene alrededor de 40.000 especies de plantas y animales; 2500 variedades de peces. Entre 1999 y el 2009, 1200 especies de plantas y vertebrados fueron identificadas por primera vez. Desde una rana de anillos rosados del tamaño de una moneda hasta una anaconda de 4 metros de largo.
Y hay un dato que es crucial para América latina: los ríos de la región representan entre el 15% y 16% de la descarga fluvial total a los océanos del mundo. El Amazonas juega un rol clave en la regulación climática de Sudamérica, influyendo incluso en el régimen de precipitaciones de la región.
La investigadora Luciana Gatti, del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE), advierte los daños que produce la deforestación: “Estamos destruyendo nuestra fábrica de lluvia. Para tener una idea, la Amazonía arroja a la atmósfera una cantidad de agua casi igual a la que el río Amazonas arroja al mar todos los días. ¡Es mucha agua! El árbol recoge líquido del suelo y lo libera a la atmósfera en forma de vapor. Este es un sistema extremadamente importante para la formación de la lluvia. Además, la masa de aire que proviene del Océano Atlántico y entra a Brasil a través de la costa norte trae la humedad que causa las lluvias, y es necesario tener el reemplazo de este vapor de agua para seguir lloviendo a lo largo del camino de esta masa de aire. Y este reemplazo ocurre en el bosque. Solo que ya hemos deforestado la Amazonía en un 20 %. Así que la reposición de esta masa de aire con vapor de agua está disminuyendo en las regiones más deforestadas.”

Gatti agrega: “La Amazonía actúa como protección contra el cambio climático, porque además de producir lluvia, enfría la temperatura. Al extraer agua del suelo y arrojarla a la atmósfera en forma de vapor, el árbol necesita energía. Esta energía la toma del medio ambiente en forma de calor, causando enfriamiento. Imagine un bosque lleno de árboles. Es fresco y agradable, ¿verdad? Ahora piense en este bosque con todos los árboles talados. ¿Qué cree que va a pasar con la temperatura? Va a subir. Eso es lo que sucede en la Amazonía y en todas partes. Además, el bosque absorbe carbono, algo que también ayuda a contener los cambios en el clima”.
Las explicaciones y los estudios de la investigadora forman parte de la plataforma Plena Mata, una asociación entre Natura, Mapbiomas, InfoAmazonia y Hacklab, que proporciona información y datos sobre la deforestación de una manera accesible, con el objetivo de llamar la atención sobre el tema y movilizar a la sociedad en torno a las iniciativas de conservación y regeneración forestal.
“En Natura decidimos hace varios años trabajar fuertemente en la deforestación. En conjunto con otras organizaciones lanzamos esta herramienta de concientización. Nos interesa que se pueda ver qué está pasando. Es necesario que se comprenda que no se trata de pensar en si es la naturaleza o el hombre, es posible comprender que se pueden desarrollar procesos económicos con la menor afectación de los ecosistemas, en una región que aporta el 75% de la humedad de América del Sur y cómo se relaciona con las sequías que sufre hoy a Argentina, por ejemplo.”, indicó Sabina Zaffora, Gerente de Sustentabilidad de Natura para América Latina.
“La interdependencia no tiene fronteras, ya lo demostró la pandemia. Tenemos que trabajar como región y probar que hay modelos económicos posibles. Esto no sólo es para futuras generaciones sino para nuestro presente. Para nosotros Amazonia es el diferencial, uniendo la naturaleza con el hombre. Es nuestra gran fábrica de bioingredientes, sumado a la innovación y la colaboración del conocimiento ancestral en una zona habitada por 47 millones de personas”, agregó Zaffora.
La Amazonía aporta una experiencia científica y cultural milenaria: “Sólo en Brasil se hablan 200 idiomas. No es sólo una cuestión de biodiversidad de plantas y animales”, destacó en una entrevista con Infobae Christopher Anderson, investigador del Conicet y uno de los autores principales de la Evaluación Regional de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES, por sus siglas en inglés) para América.
El informe Planeta Vivo, realizado por la WWF, calcula que los primeros asentamientos humanos en la Amazonía aparecieron hace más de 10.000 años. Desde entonces, los pueblos amazónicos han desarrollado estilos de vida integrados con los beneficios y restricciones del bosque tropical. Hoy, según los expertos viven en esa zona unas 350 comunidades aborígenes.
Entre hoy y pasado mañana, líderes y lideresas indígenas de los nueve países de la cuenca amazónica (Brasil, Guyana, Venezuela, Bolivia, Guyana Francesa, Colombia, Perú, Surinam y Ecuador) se reunirán en la V Cumbre de Pueblos Indígenas: Soluciones por una Amazonía Viva, en Lima, Perú, donde presentarán nuevas investigaciones y definirán estrategias para proteger el bioma amazónico. Los hallazgos que se presentarán en la cumbre revelarán que este patrón de deforestación está afectando no solo a Brasil, sino a todos los países amazónicos, repercutiendo al cambio climático a nivel global.
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