
En Oakland, California, al lado de San Francisco, Nathalie Huerta fundó en 2010 The Queer Gym, un gimnasio dedicado a la población LGBT, cuyas necesidades particulares no cubrían los gimnasios comunes. "Había gimnasios propiedad de personas queer, o destinados a personas queer, pero no se ocupaban necesariamente de la comunidad", dijo Huerta a The San Francisco Chronicle.
"Uno no va al gimnasio si no se siente cómodo, seguro, incluido, bienvenido", explicó Coach Nat —como la llaman en el Queer Gym— a la publicación local East Bay Express. "Ir al gimnasio, en sí, puede ser un desafío para las personas, y si a eso se le suma no sentir seguridad en los vestuarios o recibir la imposición de un género en la recepción, son muchas barreras".

En un ambiente despojado y sin espejos, pintó en el suelo las creencias básicas del proyecto: #noalahomofobia #noalatransfobia #noaladiscriminacion, entre otros hashtags.
Pero una vez que se estableció en Oakland —"la tormenta perfecta para crear esto, con su diversidad y su pensamiento progresista"— Huerta observó que los clientes trans se quedaban alrededor de seis meses y desistían. Luego de hablar con varios, comprendió que "no sabía mucho sobre la T" en la sigla LGBT.

Comenzó así a corregir el uso de los pronombres, y a preguntar por las preferencias de cada persona. Hoy The Queer Gym tiene afiches y folletos que brindan opciones para utilizar un lenguaje inclusivo o respetar las identidades de género." ¡Somos el primer gimnasio queer del país, y no hay otro lugar así! Cada clase comienza con la presentación de nombres y pronombres", presentan, por ejemplo.
Y, sobre todo, comenzó a cambiar el estilo de entrenamiento para acompañar las necesidades de las personas en transición. "Una vez que se establecen las líneas básicas, nos concentramos en ayudar a trabajar las partes del cuerpo que ayudarán a que los clientes se ajusten mejor a su identidad de género", explicó. El entrenamiento contempla también la preparación para la cirugía de reasignación de género, y la recuperación de las personas una vez operadas.

Con un equipamiento mínimo —las rutinas se concentran en el movimiento del cuerpo, no tanto en el levantamiento de peso o los aparatos—, el lugar que intenta ofrecer seguridad y salud a personas de todas las edades, capacidades y orientaciones. "Se trabaja en una comunidad diversa de otras personas queer y de aliados maravillosos (sí, también puede venir la gente heterosexual)", explica la web de The Queer Gym.
"La respuesta de la comunidad ha sido tan positiva que el Queer Gym se ha tenido que mudar tres veces, cada una a unas instalaciones más grandes", explicó. Cree que la clave del éxito radica en que sentirse físicamente bien ayuda a sentirse emocionalmente bien, satisfecho con el cuerpo y con la vida.
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