El asesino Winston Moseley, la portada de The New York Times y Kitty Genovese, la víctima, a quien nadie ayudó. Más de 50 años después, se conoce la verdad sobre el hecho que conmovió a los Estados Unidos
El asesino Winston Moseley, la portada de The New York Times y Kitty Genovese, la víctima, a quien nadie ayudó. Más de 50 años después, se conoce la verdad sobre el hecho que conmovió a los Estados Unidos

Bill Genovese no tenía idea de cuánta gente conocía el nombre de su hermana hasta el día en que se unió a los Marines en 1966. Dos años después de que Kitty Genovese, de 28 años, fuera apuñalada hasta la muerte en Queens mientras 38 vecinos miraban y no hacían nada -o eso decía la historia-, él estaba formado, esperando una parte de su equipamiento. "Genovese, William", dijo el hombre que chequeaba los nombres de la lista. "¿Kitty es tu hermana?".

"Y lo miré como diciendo: ¿qué?", recuerda Genovese 50 años después.

El marine conoció el nombre de Kitty durante una clase de Psicología y Sociología. Ésa fue la manera en que muchas personas durante décadas supieron acerca de su historia. En 101 libros, su muerte es evidencia de apatía social, una advertencia de cómo la difusión de la responsabilidad causa inacción. Un solo testigo es capaz de ayudar más que 38, señala la teoría.

Más allá de los asesinatos de alto perfil, el de Kitty fue uno de los más famosos en la historia moderna de los Estados Unidos. Su martirio de media hora inspiró múltiples líneas en La Ley y el Orden, una canción folk, novelas, un musical y un episodio de Girls. Muchos psicólogos encontraron una forma de vida por el hecho, y el episodio contribuyó a la creación del 911 como una manera de encontrar ayuda.

Kitty Genovese en una fotografía tomada en 1956. La película The Witness relata cómo fue el crimen y desenmascaró un artículo histórico de The New York Times sobre el hecho
Kitty Genovese en una fotografía tomada en 1956. La película The Witness relata cómo fue el crimen y desenmascaró un artículo histórico de The New York Times sobre el hecho

Su historia dejó una impresión, repercutió en todo el país. ¿Importa, entonces, que la mayoría haya creído la versión equivocada?

Desde 2004, Bill Genovese pasó más de una década tratando de comprender cómo y por qué su hermana murió y quién era ella exactamente. El nuevo documental The Witness (El Testigo) documenta los giros y vueltas de la investigación. Dirigida por James Solomon, la película es una mezcla de Serial y de Making a Murderer, pero con más momentos de intimidad y emoción.

Como la mayoría de la gente, el entendimiento inicial de Genovese partió de una nota sensacionalista de The New York Times que apareció en la página frontal el 27 de marzo de 1964. "37 (personas) que vieron un asesinato y no llamaron a la Policía", señalaba el titular. El número se subió luego a 38. Genovese y sus hermanos pasaron los siguientes 30 años cubriendo a su madre de los artículos periodísticos que aparecían. Nunca se recuperó emocionalmente de perder a su hija mayor.

La portada de The New York Times del 27 de marzo de 1964. “37 que vieron un asesinato y no llamaron a la Policía”, se lee en el titular remarcado
La portada de The New York Times del 27 de marzo de 1964. “37 que vieron un asesinato y no llamaron a la Policía”, se lee en el titular remarcado

Pero luego de que su madre muriera en 1992 y que The New York Times admitiera inconsistencias en su narrativa en una nota de 2004, Genovese unió fuerzas con Salomon, quien lo había entrevistado para un proyecto de HBO que nunca vio la luz.

"Por alguna razón, me veo atraído por estas historias icónicas que todos creemos conocer", indicó Salomon. Él escribió el guión de The Conspirator (El Conspirador), un drama dirigido por Robert Redford acerca de Mary Surratt, quien ayudó al asesino del presidente Abraham Lincoln, John Wilkes Booth.

Las cosas en claro

No hubo 38 testigos del asesinato, que sucedió primero fuera y luego dentro del vestíbulo de un apartamento, a pesar de que pudo haber más testigos auditivos. Es probable que sólo un puñado de personas haya visto a Winston Moseley atacar a Kitty, y que uno gritara: "¡Deja a esa chica en paz!". Al menos dos vecinos aseguraron haber llamado a policías, a pesar de que no hay registros de llamadas.

Winston Moseley fue condenado a prisión perpetua por el crimen de Kitty Genovese. Murió este año. Al principio, reconoció haberla matado, luego diría que fue el conductor del verdadero asesino
Winston Moseley fue condenado a prisión perpetua por el crimen de Kitty Genovese. Murió este año. Al principio, reconoció haberla matado, luego diría que fue el conductor del verdadero asesino

Otra vecina, Sophia Farrar, corrió para ayudar a Kitty y la sostuvo hasta que murió. "Ella voló por la escalera hacia abajo a las 3:30 de la mañana", cuenta Genovese respecto de Farrar. "No sabía qué sería lo que vendría. No se le había cruzado por la cabeza pensar que él seguiría allí".

Ese acto heroico, de todos modos, no se ajustaba al retrato de la indiferencia hecho por el Times. No había mención de ella en la historia de 1964.

Refiriéndose a ese artículo, Genovese también se entrevistó con A.M. Roshenthal, quien era el editor de la sección de The New York Times cuando Kitty fue asesinada y ayudó a darle forma a la narrativa.

"¿De dónde salieron los 38?", preguntó Genovese mientras se filmaba la película. Rosenthal, que ya ha muerto, respondió con una sonrisa forzada. "No puedo jurar por Dios que hubiera 38 testigos. Algunos dicen que había más, otros que eran menos", dijo mientras hacía un ademán con su mano. "Qué es cierto: la gente alrededor del mundo se vio afectada por el hecho.  ¿Sirvió de algo? Apostarías tu ojo a que sí. Estoy contento por eso".

El libro ’38 testigos’ fue publicado meses después de la muerte de Kitty Genovese
El libro ’38 testigos’ fue publicado meses después de la muerte de Kitty Genovese

Aún cuando Genovese reconoce que el mensaje de esa nota -esencialmente, si ves algo, di algo- "era necesario ser dicho, hubo 636 asesinatos en Nueva York ese año".

"Las parábolas son importante, tienen una función", explicó Salomon. "La investigación de Bill no era para desenmascarar un artículo. Era sólo para seguirla y darle una voz a aquellos que se han visto más profundamente afectados".

Lo más fascinante de The Witness no es que llega a la verdad. Porque no lo hace, no puede, con tantos reportes en conflicto. Aún prueba que la difusión de la responsabilidad puede afectar a las personas, pero también da otro aspecto de la naturaleza humana: las historias que nos contamos a nosotros mismos para justificar nuestros actos.

"Lo diría menos delicadamente. Es como que inconscientemente inventamos cosas, luego las creemos, porque las repetimos en nuestras cabezas tantas veces hasta que se vuelven parte de nuestra historia vivida", subrayó Genovese.

¿Realmente algún vecino de Kitty llamó a la Policía? ¿O es lo que dice así puede vivir tranquila? Moseley, quien murió este año, admitió el crimen en 1964, pero luego diría que fue el conductor de un mafioso que mató a la joven mujer. Su hijo, entrevistado por Genovese, cree que su padre apuñaló a Kitty porque ella le gritó consignas raciales. Los residentes que la escucharon esa noche creyeron que se trataba de una pelea doméstica. Pero ella y Moseley eran desconocidos.

Kitty Genovese, en una fotografía tomada en 1959 en el jardín de la casa de sus padres en Brooklyn
Kitty Genovese, en una fotografía tomada en 1959 en el jardín de la casa de sus padres en Brooklyn

Para mejor o peor, esas historias penetran en las personas que creen en ellas. El artículo de The New York Times condujo a una investigación mayúscula en Psicología y Sociología, pero también hizo que un grupo que vivía en Queens se viera como sin corazón al permitir un asesinato. Se suplantó la vida de Kitty Genovese por la muerte de Kitty Genovese. La gente no recuerda al encargado de un bar, al bromista, a la hermana amada. Recuerdan a una víctima.

La historia ciertamente marcó a Bill Genovese. Después de graduarse del secundario, se enlistó en la escuela militar en lugar de ir a la universidad. Sus amigos trataban de esquivar la responsabilidad en el Ejército, pero eso le recordaba a Genovese toda la gente que vio a su hermana morir y no hizo nada. Por eso fue a Vietnam, donde perdió sus piernas.

"Tendido en el medio de ese arrozal, estaba completamente solo", cuenta en la película. "Pensé en Kitty. ¿Cómo fue para ella darse cuenta de que nadie la salvaría?", remarca.

Fue lo más cerca que estuvo de comprender cómo se habrá sentido Kitty esa noche de 1964 en Austin Street. Su historia terminó diferente, sin embargo. Los marines fueron en su rescate y lo pusieron a salvo.

"Viví para contar la historia", dijo. Y también vivió para contar la de su hermana.

Stephanie Merry – The Washington Post.