Todo parece estar listo para una nueva velada. Más de 16 peleas están pautadas para que comiencen a partir de las siete de la tarde de Londres, siendo la de Scott Midgley frente a Ashley Gibson, una de las más importantes, ya que se medirán por el título británico de peso pesado.

Los combates no serán televisados. Las repeticiones no se podrán ver por ningún lado, o por lo menos hasta que la organización decida darlas a conocer. Este sábado, en el Bowlers Manchester, se llevará a cabo un deporte en el que los peleadores tendrán prohibido el uso de guantes para subir al ring.

"Los luchadores usan vendas en sus manos. Eso es para proteger la mano y también para proteger al oponente de los cortes. No queremos ver a la gente maltratada. Estamos allí para ver un deporte", es lo primero que atinó a decir Andrew Bowling, el portavoz de Bare Fist Boxing Association, al portal británico The Sun.

Él, junto al resto de los organizadores, afirmaron que las peleas son legales y legítimas, aunque no están reguladas porque no disponen de un organismo que las autorice.

Un deporte, que como tal, tiene un reglamento. Los guantes están prohibidos, el enfrentamiento consiste de dos rounds de tres minutos (Imposible que los competidores completen 12, como suele ocurrir en el boxeo), sólo están permitidos los golpes de puño y el premio ronda los 70 mil dólares para el vencedor. Hay un árbitro que imparte justicia y un personal médico siempre alerta.

Bowling se mostró orgulloso de ser parte del deporte. Reconoció que estos eventos organizados previenen las peleas ilegales y sin licencia, además de asegurar que lo que se practica en esos recintos no es más violento que lo que se ve en las luchas de MMA.

"Un evento no organizado podría tener lugar en un estacionamiento, donde aparecen inesperadamente 50 amigos del otro boxeador. Eso es peligroso y no nos representa", explicó el hombre de 33 años y agregó: "Si quieren competir, pueden venir a un evento seguro y administrado. Tenemos un equipo médico a disposición y un árbitro con mucha experiencia. Nosotros elegimos los lugares para pelear mucho antes de la fecha y siempre seleccionamos un recinto profesional".

Así es como a partir de las siete de la tarde comenzarán a medirse unos contra otros en el Bowlers de Manchester, hasta llegar a Midgley y Gibson, quienes se medirán por el título de peso pesado.

Una cantidad de peleas que rara vez alcanzan a completar los dos rounds. Los luchadores, cubiertos de sangre, terminan abandonando, ya sea porque el equipo de su esquina tira la toalla o porque el árbitro detiene el combate entendiendo que es una "competencia injusta".

"Tenemos un árbitro con mucha experiencia. Una de nuestras peleas duró solo un par de segundos", recordó el portavoz del evento, "el árbitro vio inmediatamente que no era una competencia justa y detuvo la pelea. Fue una decisión que apoyamos totalmente", sentenció.

Keith Vaughton, un fotógrafo de Bolton que cubrió el evento en septiembre del año pasado, remarcó que "había una genuina camaradería entre los luchadores, después de las peleas hubo abrazos, risas y apretones de mano".

Tanto Andrew Bowling, como los organizadores, mantienen la esperanza de que, a corto plazo, estas peleas a puños desnudos se conviertan en un deporte convencional, esperan que ocurra algo similar a lo que sucedió con el ascenso repentino de las Artes Marciales Mixtas, las cuales hoy ocupan un lugar estelar en las televisiones.

"Si las MMA pueden vivir junto al resto, un deporte en el que realmente puedes darle un rodillazo en la cabeza a otro, entonces estoy bastante seguro de que podríamos hacerlo", supuso el portavoz de Bare Fist Boxing Association.

Finalmente, el hombre ratificó que estos eventos son 100% legales, "pero si el gobierno regresara mañana y dijera: 'Está prohibido', seríamos los primeros en decir: 'Bueno, pasamos un buen rato, pero es hora de descansar'".