
3 de abril de 2020
Boris Johnson les dice a todos que se queden en casa este fin de semana.
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Aunque haga buen tiempo y todos se estén volviendo locos, es mejor que se queden en casa, dice Boris Johnson.
Please, please. Repite.
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En Brasil se están distribuyendo algunos barbijos con versos.
Una forma de resistencia, dicen.
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Uno de ellos tiene la frase: "creo en el mundo como una margarita", y las iniciales: F. P. (Pessoa).
Pienso en las iniciales de las sábanas de los nietos, que bordaban con mano trémula las abuelas.
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Era una costumbre de los pueblos.
Una inicial que decía al mismo tiempo: afecto y posesión.
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Aunque creo que la forma correcta del verso es: "creo en el mundo como en una margarita".
Pequeñas diferencias.
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La abuela que cosió esa frase en el barbijo introdujo una buena errata.
Todos los errores de los abuelos serán perdonados.
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Flor, hierba, árbol.
Es interesante la idea de tener una creencia como la tiene un árbol.
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Creo en los árboles —o creo como los árboles.
Los árboles no rezongan ni racionalizan.
Creer como un árbol parece una posibilidad.
En el Washington Post y en el Estadão, periódico del Estado de São Paulo: una imagen aérea del cementerio más grande de América Latina.
En ese cementerio, Vila Formosa, en São Paulo, ya se están preparando cientos de nuevas tumbas con el tamaño adecuado para un ser humano.
Contrataron a 250 sepultureros.
Visto desde arriba parece un campo de cultivo para los frutos más extraños del mundo. Los menos deseados.
A la distancia adecuada, no demasiado cerca, como si todavía pudieran contagiarse.
Tumbas con la forma en la que se acomoda al fin un cuerpo.
Me viene la imagen de ese juego de encastre para los niños de doce meses.
Hacer encastrar el cubo en el espacio vacío que corresponde a la forma del cubo.
Hacer encastrar la esfera en el espacio vacío que corresponde a la esfera.
El paralelepípedo en el espacio vacío que corresponde a esa forma.
Después de los dos años y medio los bebés empiezan a hacer esto con facilidad.
Pero, vista desde arriba, la preparación del cementerio de São Paulo parece un juego demasiado adulto como para soportarlo.
No hay mayor peso que el peso de un cuerpo muerto, escribió una vez Heidegger.
Imagino el peso que los sepultureros han transportado.
Washington Post: la imagen.
Se abre un espacio para que la forma del cuerpo humano encastre en él.
Todos los juegos se han suspendido.
Ya no hay nada más que seriedad —en esta forma vacía que espera su respectivo relleno.
El cementerio de Vila Formosa tiene 763,000 metros cuadrados.
763,175 m2.
Pienso en la artista Rachel Whiteread.
Ella rellenó de concreto el interior del memorial del Holocausto en Viena.
No podemos entrar, sólo podemos quedarnos acá afuera.
No podemos tener la experiencia de estar allí adentro.
El contrario de los días de la Peste.
Ahora, el exterior está ocupado por un concreto invisible que no nos permite salir.
Abro un link en el que el Memorial de Viena de Rachel figura como una de las grandes atracciones de la ciudad.
Hablan de la duración de un tour que incluye la visita (a su exterior), etc., etc.
¿Qué ropa debes ponerte para un sitio al que no puedes entrar? No sé.
El diálogo de un personaje de una película:
"Dicen que las flores del ciruelo no deben vender su perfume".
Una película coreana.
Escribí la frase en mi cuaderno cuadriculado.
La reina Isabel II se dirigirá al país el próximo domingo desde el palacio de Buckingham.
Tiene 93 años.
En una entrevista, Amyr Klink dice que prefiere los tiburones al aburrimiento.
Voy a tratar de averiguar quién es Amyr Klink.
Internet no funciona, lo intento una vez y otra, y después lo olvido.
Es necesario seguir trabajando la creencia.
Levantarse temprano para tener tiempo de trabajar la creencia.
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