
Hay artistas que por cuestiones ajenas a su propio genio son reconocidos primero en culturas lejanas antes que en la suyas. Ese es el caso del director de cine sueco Ingmar Bergman, quien para 1952 -con ya 10 filmes en su haber- recibió su primer premio internacional, por Juventud, divino tesoro, en el Festival de Punta del Este, Uruguay, y, siete años después, triunfó en el Festival de Mar del Plata, Argentina, con Cuando huye el día.
En el medio de esta celebridad rioplatense, con ya un grupo de cinéfilos que esperaban sus estrenos con ansiedad en el extinto cine Lorraine de la porteña calle Corrrientes, Bergman fue ganándose el aprecio de la intelectualidad europea, cuando con Sonrisas de una noche de verano (1955) y El séptimo sello (1957) obtuvo sus primeros galardones en el prestigioso Festival de Cannes.
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Hace 100 años, en Uppsala, una ciudad a menos de 100 km de Estocolmo, nacía Bergman, hijo de un pastor luterano, y desde sus primeros años las enseñanzas morales y la educación religiosa jugarían un rol crucial en su construcción de realidad, y repercutiría luego en su adultez, no tanto en su comportamiento, sino en su obra cinematográfica.
En Linterna mágica (Tusquets), su libro de memorias, escribió: "Casi toda nuestra educación estuvo basada en conceptos como pecado, confesión, castigo, perdón y misericordia, factores concretos en las relaciones entre padres e hijos, y con Dios".
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La religión, la culpa, el amor, la venganza y la muerte son algunos de los ejes de un autor que proponía diálogos interiores de índole existencial, y que a partir de una puesta visual lenta, de pausas deliberadas, buscaba ingresar en las propias dudas del espectador y que la experiencia no fuese solo narrativa, sino también introspectiva. Este estilo, como el del ruso Andréi Tarkovski, tenía además el plus de colocar el eje, el ojo, en lo interpretativo, con imágenes que buscaban transmitir limpieza, equilibrio, aún en la locura, y donde el mensaje era lo esencial.
Para celebrar su natalicio, se llevan a cabo en el mundo diferentes encuentros, muestras y homenajes. En Buenos Aires, por ejemplo, se celebra, en la Casa Nacional del Bicentenario y desde junio, Bergman. Uno en cien, un encuentro organizado por la Embajada de Suecia, el Instituto Sueco y el Ministerio de Cultura de la Nación, que recorre diferentes aspectos de su carrera. El próximo miércoles se proyectará Trespassing Bergman, una serie documental que revela en la voz de directores consagrados como Martin Scorsese, John Landis, Takeshi Kitano, Wes Craven, Woody Allen, Zhang Yimou, Ridley Scott, Francis Coppola y Wes Anderson, cuál es la influencia del sueco el cine internacional.
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También, para aquellos que deseen acercarse a sus películas pueden hacerlo en el ciclo Centenario Bergman, que se desarrolla en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín, donde se proyectan 7 obras fundamentales restauradas con la particularidad de que antes de cada película se muestra material de archivo, como unas breves entrevistas con Bergman en las que el cineasta introduce personalmente el film.
Para aquellos que aún no ingresaron en su gran obra, Infobae Cultura realizó una selección de cinco obras fundamentales:
Un verano con Mónica (1953)
Si bien ya tenía casi 10 años de carrera, como guionista y director, este filme representó casi una presentación en sociedad. Lejos de la oscuridad, de los grandes temas que aplacan el espíritu, la cinta es un canto a la luz, a la energía desafiante de la juventud ante la presión y el desencanto del mundo de los adultos, al amor, al descubrimiento, pero sobre todo a la libertad.
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Un joven pareja se encuentra en una situación laboral bastante desagradable y deciden, luego de algunas circunstancias, escapar en una barco hasta una isla para pasar unas semanas juntos. Si bien al principio todo resulta idílico, la realidad de las relaciones comienza a surgir con el tiempo.

El film, aclamado por la crítica francesa y que ejerció una fuerte influencia lo que luego sería la nouvelle vague y también en el género de road movie, "es la más original de las películas del más original de los directores", de acuerdo a Jean-Luc Godard.
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La sensualidad y el sexo juegan un rol fundamental, especialmente a partir de algunas escenas que fueron escandalosas para la época y que lanzaron la carrera de Harriet Andersson, una de sus musas y que luego sería su pareja -aún casado con su tercera esposa, la periodista Gun Hagberg- y de la que el cineasta nombró como uno de los "raros ejemplares resplandecientes de la jungla cinematográfica".
El séptimo sello (1956)
Son pocas las películas en la historia del cine que son reconocibles solo con mirar una imagen. Antonius Block es un caballero sueco que retorna a su pueblo tras una Cruzada para encontrarse que la peste y la ignorancia han arrasado con la vida. Allí, aparece la Muerte, reina de la tierra yerma, quien acepta el desafío de jugar una partida de ajedrez.
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La escena, inspirada en una obra del pintor medieval alemán naturalizado sueco Albertus Pictor, es una excelsa representación de la obra de Bergman, con esa serenidad que solo pueden tener los eventos que son aún más trascendentes que la propia existencia.

La vida, se revela, no es más que un juego, una partida contra el propio infortunio, contra la extinción, aunque está en el poder del hombre ser lo suficientemente ingenioso para ganar tiempo a ese desenlace y, en el camino, poder desentrañar algunas de las cuestiones, de las inquietudes, de los pesares, que lo conforman, como el sentido de la guerra, el hambre o la injusticia, entre otros temas.
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Cuando huye el día (1957)
Lo ilusorio, la reflexión, lo onírico y lo real se conjugan en una de sus películas más premiadas, en la que un anciano profesor emprende un viaje en auto hacia Estocolmo, donde será homenajeado, junto a su nuera.
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En una de las escenas de apertura de la también conocida como Fresas salvajes, el miedo a la muerte surge como leit motiv para este trabajo introspectivo, que lo llevará a su infancia tras una visitar a su madre, y luego recorrerá su juventud, el primer amor, aunque, a partir de otro sueño, los recuerdos que no dejan de invadirlos muestran el costado más egoísta, frío y falso de su pasado.

Fundadora de lo que se llamó "segundo surrealismo", la película puso las bases del cine de la década del 60, en lo que lo real, lo imaginario y lo soñado ya ingresan en fronteras más difusas.
"En Cuando huye el día me muevo sin esfuerzo y con bastante naturalidad entre diferentes planos: tiempo, espacio, sueño, realidad (…) El impulso que mueve a la película es un intento desesperado de justificación dirigido hacia unos padres indiferentes y míticamente exagerados, un intento condenado al fracaso. Mis padres se convirtieron en personas de proporciones normales muchos años después", escribe Bergman en su libro Imágenes.
El manantial de la doncella (1960)
Basada en una balada sueca del siglo XIII, la obra situada en el medioevo relata una historia de venganza y le valió su primer Oscar como película extranjera.
Una joven sale con su hermana bastarda, que trabaja como criada, a realizar un recado en Viernes Santo, pero el infortunio las separa y la chica es violada y asesinada por un par de pastores y un niño, quienes luego buscan asilo en la casa de los padres de su víctima y, a partir de allí, se revela toda la furia que genera la pérdida y la transformación de la esencia humana motivada por el odio.

La película muestra una confrontación entre paganismo y cristianismo, aunque no toma una postura favorable por ninguna de las dos, sino más bien como fuerzas -o los medios- que ayudan a generar rencor devenido en violencia. Otra vez, el eterno regreso de los temas esenciales de Bergman: la religión, la muerte, el amor, la culpa y la venganza.
Fanny y Alexander (1982)
Su anteúltimo largometraje para la pantalla grande es quizá su obra más autobiográfica. Allí aparecen, en una familia burguesa, todo el peso de la educación religiosa, los mandatos, el rol del patriarcado, e incluso los fantasmas como metáfora de la herencia del pasado.
Ganadora de 4 premios Oscar, presenta esa división invisible entre un mundo vívido, de emociones, a través de los ojos de dos hermanos de 8 y 10 años perteneciente a una familia dedicada al teatro, en la Suecia de principios del siglo XX, con el universo del exterior.

Cuando el padre de los niños muere, la madre se casa con un pastor protestante que viene a compartir su vida con ellos. El ambiente cálido y familiar del que disfrutaban hasta entonces cambia radicalmente, debido al carácter severo y cruel del pastor.
Estos cinco títulos son solo una acotada muestra de una filmografía de más de 60 títulos, por lo que resulta importante nombrar a películas como Como en un espejo (1962), Persona (1966), Gritos y susurros (1974), Cara a cara al desnudo (1977), Sonata otoñal (1978) y Saraband (2003), para vivir una "experiencia Bergman" mucho más completa.

*Centenario Bergman
Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín, Av. Corrientes 1530, CABA
Hasta el jueves 19 de julio
Las localidades podrán adquirirse personalmente, el día de la función
Precio: $40, estudiantes y jubilados $20 (con la acreditación correspondiente).
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