Andréi Tarkovski
Andréi Tarkovski

Sólo hizo siete largometrajes, pero el director ruso Andréi Tarkovski es considerado como uno de los grandes maestros de la historia del cine. La encuesta de la revista Sight & Sound que buscaba rankear las mejores películas de todos los tiempos contiene tres films suyos: El Espejo, Andréi Rubliov, y Stalker, una obra de ciencia ficción fundamental que continúa siendo una gran influencia al día de hoy para muchos cineastas contemporáneos (como Alex Garland y su pronta a estrenarse Aniquilación). El propio Ingmar Bergman dijo una vez: "Tarkovski es el más grande de todos. Se mueve con gran naturalidad en el ámbito de los sueños. No explica. ¿Qué es lo que debería explicar, de todas formas?"

Tarkovski inspira reverencia, y la naturaleza oblicua, sombría y elevada de su trabajo a veces puede ser intimidante. Fue poco prolífico debido a los constantes obstáculos impuestos por las autoridades soviéticas, que consideraban que sus películas eran elitistas. Pero nunca comprometió su integridad artística. Sus películas, caracterizadas por tomas largas y lentas, están llenas de imágenes de profunda belleza que invitan a despojarse de la idea de un significado concreto.

En un panorama atestado de un cine mainstream cada vez más comercial y fagocitado por su propia retromanía, el cine de Tarkovski aparece como un soplo de aire fresco para la cinefilia porteña. El Festival Tarkovski, que comienza el martes 13 de marzo, es una gran oportunidad tanto para los que deseen adentrarse por primera vez en la obra del maestro como para aquellos que quieran revisitarla completa. Además de una retrospectiva de su filmografía en la Asociación de Amigos del Museo de Bellas Artes, estará disponible la muestra Luz Instantánea, una exhibición de sus polaroids, y también habrá conferencias y cursos, una masterclass de Andréi Tarkovski hijo, presidente del Andrey Tarkovsky International Institute, y la presentación de libro Narraciones para Cine, editado por Mardulce, que cuenta con textos escritos por el director hasta ahora inéditos en español.

 libro sobre tarkovski 1920

Tarkovski nació en 1932 en Zavrazhie, dentro del distrito de Yúrievets, ex-Unión Soviética, hijo del poeta Arseni Tarkovsky y la actriz María Ivánova Vishnyakovaa. Sus padres se divorciaron cuando era todavía un niño. La poesía de su padre aparece en El Espejo, Stalker y Nostalgia, mientras que su madre aparece en El Espejo, en una de sus escenas más emblemáticas. Antes de estudiar cine en el Instituto Pansoviético de Cinematografía, pasó por clases de árabe y geología. Su premiado corto de graduación Katok i skripka (La Aplanadora y el Violín, de 1960) fue escrito en colaboración con el futuro director Andréi Mikhalkov-Konchalovksy, quien también colaboraría en el guión de Andréi Rubliov.

Imagen de “Stalker” , de Tarkovski
Imagen de “Stalker” , de Tarkovski

Su primer film, La Infancia de Iván, es una adaptación de una historia de guerra de Vladimir Bogomolov, centrada en un huérfano de doce años cuya infancia perdida es evocada en una serie de secuencias oníricas. El film se aleja de la acción bélica para concentrarse en estudiar a sus personajes en tiempos muertos, y ya empieza a verse allí el interés del director por imágenes de la natureza, líricas y claustrofóbicas a la vez. Fue ganadora del León de Oro en Venecia, y Tarkovski fue el primer cineasta soviético en recibir ese galardón.

“Solaris”, tal vez la más famosa de las películas del director ruso
“Solaris”, tal vez la más famosa de las películas del director ruso

Andréi Rubliov representó un enorme avance en la técnica del director. Basada libremente en la vida del artista que da nombre a la película, es una meditación episódica sobre la sobrevivencia y la relevancia del arte. Como explica en su libro de teoría del cine, Esculpir en el Tiempo, la capacidad inherente del cine de capturar el tiempo es, a su criterio, su característica más importante. Tarkovski favorece tomas largas y fijas que a través de un efecto contemplativo invitan al espectador a  absorberlas completamente. El de Tarkovski es un cine despreocupado por la trama, que favorece el encuadre y el montaje interno de las tomas lánguidas para construir observaciones agudas del momento presente de los personajes y su entorno.

En el cine de Tarkovski abundan las imágenes vívidas de la naturaleza. Tierra, fuego, agua, viento,  y también animales -perros en particular-, que suelen aparecer con frecuencia y de forma enigmática. Los edificios normalmente aparecen en ruinas, al punto de haber sido reclamados por la naturaleza. Incluso sus películas con paisajes urbanos y modernos, también tienen un fuerte sentido de lo atemporal.

Sus películas Stalker y Solaris son obras seminales en el género de la ciencia ficción, aunque más cercanas a la densidad filosófica de Stanley Kubrick en 2001: Odisea en el Espacio que al espectáculo de neón y efectos de un tanque americano. Pero estos films son grandes ejemplos de narrativa y de cómo guiar al espectador.

Una imagen de “El violín y la apisonadora”
Una imagen de “El violín y la apisonadora”

Tanto Solaris como Stalker son ejemplos del costado más existencialista de la ciencia ficción, pero rara vez se los considera como ejemplos de cine de género. Stalker y Solaris enfatizan la extrañeza de sus mundos ajenos en sus largos prólogos iniciales. Los cambios en el color, típicos para el director, servían para este efecto, logrado a través del uso distintos tipos de fílmico, a veces película soviética, a veces película Kodak importada de USA con algo de tinte en blanco y negro. Notoriamente, Stalker tuvo que ser re-filmada desde cero cuando los laboratorios soviéticos destruyeron gran parte del metraje existente, producto de no saber manejar el material de forma apropiada.

Pero además del uso onírico de la fotografía y el color, ambas películas tienen un notable manejo del ritmo y las expectativas de la audiencia. El contraste entre el interior y el exterior de la Zona, cada con sus respectivas amenazas. O la forma en que desarrolla el misterio de la estación espacial en Solaris, la ambigüedad de sus personajes. A diferencia de un film de Hollywood, Tarkovsky encuentra un efecto liberador en crear constantemente nuevos horizontes de expectativa para el espectador, en vez de conformarse con darle al público la comodidad de un cine sencillo de digerir. En el medio de estas dos obras icónicas, filma El Espejo, una obra maestra autobiográfica, alejada de toda convención narrativa en su forma, que se desenvuelve con la lógica de un sueño y que combina la experiencia personal de su infancia con la conflictiva historia rusa. 

“El espejo”, de Tarkovski
“El espejo”, de Tarkovski

Los constantes problemas con las autoridades soviéticas lo llevaron a retomar su carrera en Italia luego de exiliarse de Rusia: Nostalgia, escrita en colaboración con el distinguido guionista Tonino Guerra y filmada luego de un breve paso por la televisión documental, contiene una toma final larguísima que está entre las más conmovedoras de su obra. Finalmente murió en París en 1986, luego de haber filmado Sacrificio, ya gravemente enfermo de cáncer.

El libro Narraciones para Cine, editado por Mardulce, representa otra forma de acercarse a la obra del director ruso. Un volumen sencillamente espectacular que incluye las narraciones de películas como Solaris, Stalker, Nostalgia y Sacrificio, pero también de otras películas que no pudieron ser filmadas, como Viento Luminoso, Hoffmaniana y Sardor.

Completa la edición la inclusión de dos guiones técnicos, que permiten observar en detalle la narrativa tarkovskiana. En el texto se observa claramente la economía en el montaje que se ve en sus films: el guión de La Infancia de Iván tiene apenas 384 tomas. Directores contemporáneos como David Fincher llegan a 2.400 cortes en sus películas.

Por supuesto, los tiempos cambian, y así también cambian las técnicas de iluminación, grabación y otros aspectos técnicos, como la duración promedio del plano en el film moderno. Allí están la prosa y los diálogos de Tarkosvki para recordarnos que el cine no necesita asaltar necesariamente los sentidos para capturar al espectador. Por el contrario, el cine de Tarkovski nos remite a esa fantasmagoría tan propia de los comienzos del cine, un aspecto casi mítico y olvidado en el cine de hoy. Pero además de haber sido un gran cineasta, Tarkovsky se revela también como un prosista notable, en un libro que mezcla relatos y cuentos con dramaturgia y poesía.

Es también lectura esencial el prólogo de Bernando Nante y Mariano Nante, un ensayo de 35 páginas que aborda las cuestiones psicológicas, filosóficas y simbólicas en las películas del autor ruso. Allí, dicen: "Tarkovski creía en la potencia efectiva de las imágenes. Por ello, la puesta en escena de lo sagrado no es un acto meramente intelectual de representación, un ejercicio estético o filosófico, sino más bien un acto de fe, de confianza en el poder de aquellas imágenes que pueden transformar verdaderamente el destino del hombre''.  

Quienes deseen profundizar estos aspectos podrán asistir a una conferencia del filósofo Bernando Nante en el contexto del festival, o asistir a un curso académico en la casa del Bicentenario, donde también se dictará la clase magistral de Andréi Tarkovski hijo.

Un visionario comprometido con la idea de un arte profundamente espiritual y trascendente que hizo del cine su herramienta para comprender el mundo y el propósito del hombre, Andréi Tarkovski dijo una vez "El artista existe porque el mundo no es un lugar perfecto. El arte sería inútil si el mundo fuera perfecto, ya que el hombre no buscaría la armonía, simplemente que simplemente viviría en ella".

Ciertamente la idea de un mundo imperfecto, entonces, es algo para celebrar, dado que de vivir en la armonía de un mundo ideal, no tendríamos su magnífica obra, ofrenda vital y necesaria del mundo del cine.

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