William Wyler fue uno de los destacados directores de cine que participó de la Segunda Guerra Mundial
William Wyler fue uno de los destacados directores de cine que participó de la Segunda Guerra Mundial

Cuando el drama bélico Mrs. Miniver, de William Wyler, llegó a los cines en 1942, la escena final de la película dejaba en claro cómo había cambiado la postura de Estados Unidos con respecto a la Segunda Guerra Mundial.

En su recordado monólogo de cierre, un párroco toma la palabra y desde el púlpito, rodeado por una capilla en ruinas, entre otras cosas, dice: "Porque esta no es solo una guerra de soldados en uniforme, es una guerra del pueblo, ¡de todo el pueblo! Y debe ser peleada no solo en el campo de batalla, sino en las ciudades y los pueblos; en las fábricas y las granjas; en la casa y el corazón, de cada hombre, mujer y niño que ama la libertad". Luego, la cámara abandona a los congregados y hace foco en un hueco producido por algún bombardeo, por donde se ven pasar un convoy de aviones mientras se escucha el canto litúrgico "Hacia adelante, soldados cristianos, marchando hacia la guerra". Sí, era el momento de marchar.

El 7 de diciembre del año anterior se había producido el Ataque a Pearl Harbor por parte de Japón y eso fue el punto de quiebre en la política (y el pueblo) estadounidense. Solo unos meses atrás, la contienda global seguía siendo un tema antipático, todavía recordaban las pérdidas humanas en la Gran Guerra y consideraban que, a grandes rasgos, era un conflicto entre europeos. Luego de Pearl Harbor rápidamente la maquinaria de guerra, con su costado propagandístico, entró en escena.

Mrs. Miniver aclamada como "una película de guerra sin una sola escena de batalla", no fue una película más de aquel año, más allá de haberse quedado con seis premios Oscars – el primero como director para Wyler, aunque el de mejor película fue para Casablanca. Considerada un clásico, la historia retrata todo lo que una madre debía hacer en un pequeño pueblo inglés ante la amenaza nazi mientras espera el regreso de su hijo y marido del frente de batalla. En ese sentido, el mensaje fue claro a tal punto, que solo en Hollywood, dos años después del estreno de la cinta, más de 6,000 trabajadores, incluidos 143 directores, se habían inscripto para el servicio activo.

Entre esos cineastas se encontraba Wyler quien junto a otros destacados hombres detrás de cámara, como Frank Capra, John Ford, George Stevens y John Huston, fueron el entramado que edificó la propaganda de guerra del país de América del Norte, grabando escenas en el frente, realizando documentales sobre higiene, resaltando el lucha de los 'combatientes negros' o incluso recreando batallas para hacerlas pasar por reales y así dar fuerzas tanto al público, que fagocitaba el material en los cines y cooperaba comprando bonos de guerra para subvencionar al ejército en general, o a las mismas tropas, con el fin de levantarles la moral. Muchas de estas historias pueden verse en la serie documental Five Came Back (Netflix), producido por Stephen Spielberg.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Wyler formó parte del Army Air Corp como comandante y allí dirigió dos documentales sobre cazabombarderos: The Memphis Belle: una historia de una fortaleza voladora y, junto con Preston Sturges, Thunderbolt (filmado en 1945, estrenado en 1947), ambas también disponibles en Netflix y youtube.

Los soldados del “Menphis Belle”
Los soldados del “Menphis Belle”

En el caso de Memphis Belle es la historia del primer bombardero en terminar con todas sus misiones; una narración plena de sentido patriótico con los tintes esenciales del cine, como el suspenso, mucha acción y un grado de emotividad que celebra la valentía de la aviación estadounidense. Las imágenes aéreas fueron realizadas, en su gran mayoría, en las misiones reales de 1943 en territorio italiano, francés y alemán, aunque también se realizaron algunas recreaciones.

La experiencia de guerra no fue sencilla para Wyler. Cuando realizaba un reconocimiento de terreno en Italia junto a Sturges, filmando cráteres de bombardeos, un tanque alemán comenzó un ataque con un cañón de 88 mm. Quedó inconsciente al despertar descubrió aturdido una sordera que, para su suerte, no fue permamente al recuperar a los pocos días algo de audición en uno de sus oídos.

Wyler junto a Preston Sturges
Wyler junto a Preston Sturges

"Ese arma podría cortar un poste de teléfono a un kilómetro de distancia, e hizo un ruido tremendo. Todos estos sonidos se precipitaban sobre nuestras cabezas, pero uno de ellos era diferente. El soldado que estaba con nosotros dijo 'Drop!', y Willy y yo caímos en una zanja poco profunda. Recuerdo un silbido y una gran explosión. Todos los arbustos y la hierba alrededor de la zanja fueron cortados", le dijo Sturges al biógrafo de Wyler, Jan Herman.

Además, durante las filmaciones, un avión B-24 Liberator que transportaba al cineasta y técnico de sonido Harold Tannenbaum fue derribado sobre el Atlántico causándole la muerte. Wyler debió volver a los EEUU de manera obligada, abandonó el frente como un veterano discapacitado.

Tras su regreso, sin embargo, la experiencia de la guerra lo acecharía y, a pesar de tener múltiples temores por su sordera, regresó a la dirección con Los mejores años de nuestras vidas (1946), al que muchos consideran su obra maestra. El film, que relata las experiencias y problemas de tres soldados de diferente clase social que regresan de la guerra a un mismo pueblo, le supuso su segundo Oscar como director, aunque esta vez también se quedó con el de mejor película y cinco estatuillas más, en total.

Entonces, el destacado escritor y crítico cinematográfico, James Agee, escribió en Agee on Film: "Wyler siempre me ha parecido extremadamente sincero y buen director; ahora parece uno de los pocos grandes. Ha regresado de la guerra con un estilo de gran pureza, franqueza y calidez, tan claramente desprovisto de manierismo, prisa, movimiento superfluo, exceso estético o emocional".

En múltiples entrevistas, Wyler consideró que tanto el tema de Mrs. Miniver como el de Los mejores años de nuestras vidas eran igual de importantes. Mientras en la primera realizaba un preámbulo sobre lo que podía ser la Segunda Guerra, la manera en que afectaba a la sociedad civil, en Los mejores años… se centró en los problemas, humanos y sociales, que enfrentan los veteranos al regresar a casa.

Wyler junto a Audrey Hepburn  en la filmación de “La princesa que quería vivir” (1953)
Wyler junto a Audrey Hepburn  en la filmación de “La princesa que quería vivir” (1953)

Más allá de estas obras con basamento bélico, la obra de Wyler no puede asociarse a ningún género en particular y, en su momento, su método de trabajo fue rupturista. Fue el primer director estadounidense que seleccionó sus propios proyectos, trabajaba con varios guiones a la vez y antes de empezar a filmar se tomaba un par de semanas para ensayar, tanto con los actores como con los camarógrafos.

Dirigió a la mayoría de los grandes nombres de lo que es considerada la Época de Oro, como Bette Davis, Gary Cooper, Laurence Olivier, John Barrymore, Henry Fonda, Charlton Heston, Humphrey Bogart, Audrey Hepburn, Walter Huston, Kirk Douglas y Greer Garson, por nombrar algunos. De ellos, 14 fueron nominados para mejor intérprete, un récord que mantiene hasta la actualidad. Además, recibió en total 12 premios de la Academia, tres como mejor director -se sumó Ben Hur (1959)-.

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