Exmilitar narró en audiencia de la JEP el asesinato de un padre que salió por la torta de cumpleaños de su hija

Ante la JEP, exmilitares adscritos al Batallón de La Popa narraron cómo fueron asesinados civiles por la presión de sus superiores de tener resultados en cuanto a bajas guerrilleras

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Audiencia de la JEP con familias de las víctimas de los Falsos Positivos y exmiembros del Batallón La Popa Del Ejército Nacional | FOTO: JEP Twitter
Audiencia de la JEP con familias de las víctimas de los Falsos Positivos y exmiembros del Batallón La Popa Del Ejército Nacional | FOTO: JEP Twitter

Uno de los exmilitares que estuvo este martes en la audiencia ante la JEP de miembros adscritos al batallón La Popa, contó un estremecedor testimonio asociado a los falsos positivos.

Las ganas de prebendas y mostrar resultados a sus superiores llegaron a la muerte de simples campesinos e indígenas que pasaron el frente de los militares, eso automáticamente los convirtió en víctimas de los asesinatos extrajudiciales conocidos como falsos positivos.

El soldado profesional Álex José Mercado contó que los líderes militares del Batallón La Popa tenían estrategias para galardonar a las personas que más producían ejecuciones extrajudiciales.

“Con los comandantes que trabajé, ellos premiaban con una medalla, algunos también con ir al Sinaí. El miedo de los soldados en ese momento era porque los comandantes tenían vínculos con los paramilitares”, señaló Mercado.

Mercado también narró el asesinato de un hombre que fue asesinado al salir de su vivienda para ir a comprar una torta de cumpleaños a su hija; el hombre nunca volvió.

“el 3 de octubre de 2005 asesiné, por orden de mi comandante, al indígena Deiber de José Mendoza. El 16 de julio de 2003, a Uriel Evangelista Arias; a él no lo asesiné, pero encubrí que lo asesinaran, que asesinaran a ese campesino que recuerdo que solo llevaba una mochila, un mico y un balde”, señaló Mercado.

El testimonio a grandes rasgos fue el mismo: sus superiores les pedían resultados de bajas de guerrilleros, a cambio les daban algunos privilegios, pero siempre ejercían presión para entregar más caídos, incluso violando protocolos de guerra.

“Quizá como lo ofrecían los comandantes del batallón, después de 7 bajas le daban a uno una medalla que se llama “la gris”, quizá después de siete resultados operacionales seríamos candidatos a un viaje al Sinaí”, relató el uniformado Elkin Burgos.

Quienes sufrieron más el flagelo de las ordenes impartidas por los superiores del Ejército fueron los guerrilleros que quedaban heridos en batalla, pero -con el fin de cumplir con las metas trazadas de bajas- no brindaban los primeros auxilios dictados en guerra en los tratados de derechos humanos internacionales.

El exuniformado Yeris Andrés Gómez Coronel, contó que recibió la orden del mayor José Pastor Ruiz Mahecha de asesinar a un guerrillero que quedó herido en medio de un enfrentamiento con el ELN.

“No le prestamos los primeros auxilios que se merece un excombatiente, violando el derecho a la vida y violando el derecho a la seguridad ciudadana”, dijo el ahora exsoldado.

Lo que más estremeció al auditorio fue el premio que recibió de sus superiores por haber cometido ese asesinato:

“El comandante del batallón La Popa, en el rancho de tropa, me dio 100 mil pesos y también le compró un arroz chino a todo el grupo especial. No nos merecíamos eso porque violamos los derechos de las personas”, dijo arrepentido el exmilitar.

Los generales Mario Montoya Uribe, el general Justo Eliseo Peña, el general Juan Pablo Rodríguez Barragán, el general Raúl Antonio Rodríguez Arévalo y el coronel Monsalve Hernández “están manchados de sangre, así como mis manos”, según Gómez, pues eran quienes daban los premios y permisos por estas operaciones de ejecuciones extracurriculares.

Por último, Gómez agregó a su relato que “hasta el presidente de entonces, Uribe Vélez, pedía resultados. Tropa que no daba resultados no tenía permisos. Esa era la seguridad democrática, matar inocentes”.

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