Abelardo De la Espriella no va más como columnista: se aburrió de la dinámica obligatoria, de algunos periodistas y de sentir que no le provoca decir nada

Aseguró que estaba aburrido de la dinámica, del gremio periodístico, y que quería seguir lo que le dictaba su corazón.

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Abelardo de la Espriella, abogado
Abelardo de la Espriella, abogado especialista en derecho penal, y una de las personalidades más controvertidas dentro de la política colombiana, anunció que se retiraba de la escritura durante una buena cantidad de tiempo o, como lo dijo él, hasta cuando se le ‘apetezca’.

Abelardo de la Espriella, abogado especialista en derecho penal, y una de las personalidades más controvertidas dentro de la política colombiana, anunció, a través de su columna de opinión en el periódico El Heraldo, de Barranquilla, que se retiraba de la escritura durante una buena cantidad de tiempo o, como lo dijo él, hasta cuando se le ‘apetezca’.

“Este no es un adiós definitivo, queridos lectores. A lo mejor, cuando me apetezca, volveré a escribir sobre asuntos políticos, económicos y de coyuntura”, comenzó su texto explicativo de las razones de su salida de la escritura no solo en el diario barranquillero sino en los demás portales que alojan sus textos.

“Quizás me acostumbré a no sentir la necesidad de tener que publicar lo que pienso o, a lo mejor, está desapareciendo para siempre de mí ese delirio que nos hace creer a todos los que opinamos que nuestros análisis y posturas son necesarias para salvar al mundo, en mi caso a Colombia”, explicó el dueño de la firma De La Espriella Lawyers Enterprise Consultorías y Servicios Legales Especializados.

De la Espriella, quien además de escribir columnas para El Heraldo, también lo hacía para el periódico económico La República y blogs, aseguró que lo que quería en el momento era dedicarse a hacer cosas que ‘le enriquecieran el espíritu’ que, lastimosamente, escribir ya lo tenía ‘aburrido’ y, que en muchas ocasiones, ni siquiera le ‘provocaba’ decir algo sobre ningún tema en específico.

“Por ahora, quiero alejarme un buen rato de estas lides y seguir las pulsiones de mi corazón: hacer solo cosas que enriquezcan el espíritu y evitar a toda costa proceder por mera obligación. Y escribir sobre lo de siempre, incluso sobre otros temas, me tiene francamente aburrido, porque a veces no me provoca decir nada”, agregó De la Espriella, quien a través de sus columnas, masivamente compartidas, se convirtió en un referente de pensamiento político de derecha.

El abogado y autor del libro Muerte al Tirano, explicó que aunque durante 13 años ha cumplido con sus labores de columnista correctamente y que nunca ha fallado con su compromiso, definió la estricta labor como ‘una camisa de fuerza’ a la que ya no estaba dispuesto a seguir sometido, aún y cuando, según él, sus textos tienen un éxito enorme.

“No importa que mis artículos semanales sean de los más leídos y que siempre se conviertan en tendencia en las redes sociales, o que el hecho de opinar otorgue cierto poder y aura de sabiduría: renuncio expresamente a cualquier beneficio colateral, por la dicha de hacer lo que me da la reverenda gana cuando yo quiera. Este es un acto de rebeldía y de reivindicación de mi libertad: no soy de la clase de hombres que se dejan manejar la vida, por circunstancias exógenas que, al final del día, nada logran”.

De la Espriella, que está casado con Ana Lucía Pineda desde 2008, y con quien tiene tres hijos, aseguró que el tiempo con ellos es invaluable, y que no pensaba sacrificarlo por nada del mundo, “no sirve de mucho haber ganado tantas cosas, y no tener espacio para disfrutarlas a plenitud. Quitarles tiempo a la familia, los amigos y a los placeres de la vida carece de sentido y lógica”.

Para el abogado, que ha defendido polémicos casos como el del agente del Esmad acusado de haberle quitado la vida al joven Dilan Cruz, tras dispararle en la cabeza durante las manifestaciones que empezaron en noviembre de 2019, aseguró que ya había dicho mucho, y que las situaciones del país se solucionan por medio de acciones efectivas y escribir no era precisamente una de ellas.

“Quien quiera saber lo que pienso acerca de política y economía puede consultar en internet (...) Ciertamente, se crea conciencia al escribir, pero la materialización de cualquier idea requiere el apalancamiento del Estado y el sector privado: las verdaderas transformaciones se hacen desde el poder real, desde el Gobierno, o haciendo empresa; no opinando y teorizando sin parar”.

En su columna, comparó su caso con el de Manuel Marín, comisario de la Unión Europea, creador de Erasmus y presidente del Congreso de diputados de España, quien se retiró de su cargo cuando, según De la Espriella, estaba en su posición más alta, ejemplo que él también debía seguir teniendo en cuenta la frase que dijo Marín al despedirse, “De ahora en adelante, solo quiero estar rodeado de buenas personas”.

Aclaró que con eso no quería decir que todos los periodistas fueran malos pero que, sin embargo, “¡qué cantidad impresentable de comemierdas los que hay en esa actividad! (...) Ya no me siento cómodo haciendo parte de un gremio en el que el éxito se mide por la cantidad de gente que se descabeza”.

Tras su salida, y la pulla que tiró al gremio periodístico, el abogado manifestó su necesidad de desconectarse. Según él, no saber de muchas cosas que pasan a su alrededor lo hace feliz, “entre las cosas que he venido haciendo para ser más feliz están no ver noticieros ni escuchar radio (hace más de 1 año no lo hago, y no se imaginan la dicha). También quiero salirme de WhatsApp cuanto antes: el celular es una nueva forma de esclavitud que tampoco estoy dispuesto a seguir consintiendo”.

En su última columna en El Heraldo, De la Espriella aseguró que tenía otras cosas por hacer como “empresas que impulsar, novelas que escribir, muchas ideas maravillosas que explotar, parrandas interminables que gozar y ramilletes de besos y abrazos que entregar”.

Advirtió que no estaba ‘abandonando’ a Colombia, que eso no era algo que él le haría a su patria y que se siente honrado por “aquellos compatriotas que creen que puedo gobernar la Patria”, pero que el mundo que traía el hecho de ser presidente de la república estaba lejos de su filosofía de vida: “sería un gran presidente, no tengo duda, me sobran cojones, iniciativa y capacidad de gestión; pero nada más contrario a mi forma de ver la vida que la actividad política”.

Finalmente, Abelardo de la Espriella se despidió de sus lectores haciendo énfasis en lo que siempre ha hecho, su corriente política tan clara. “Todos debemos buscar una manera de trascender, esta es la mía. Arrivederci. La ñapa: patriota, uribista y guerrero hasta el final. Por Colombia todo, nada sin ella”.