Antes de iniciar una misión espacial, los astronautas atraviesan una preparación que va más allá del entrenamiento para operar una nave, realizar experimentos o responder ante una emergencia. El proceso incluye ejercicios físicos, evaluaciones médicas y pruebas psicológicas orientadas a medir su capacidad de adaptación, resistencia y toma de decisiones en un entorno aislado y sin gravedad. La meta es que lleguen al espacio con herramientas para preservar su salud, mantener el rendimiento y cumplir las tareas previstas durante la misión.
El regreso a la Tierra también forma parte de esa preparación. Tras semanas o meses en microgravedad, el cuerpo debe readaptarse a la fuerza de gravedad, recuperar fuerza, equilibrio y coordinación, mientras que los astronautas retoman sus rutinas familiares y cotidianas. Por eso, la NASA dispone de estrategias de aclimatación posteriores al vuelo, con controles médicos, rehabilitación física y apoyo psicológico. El objetivo es facilitar una transición segura hacia la normalidad después de una experiencia que transforma al organismo y la percepción del entorno.
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Cómo es la recuperación de los astronautas al volver del espacio
El regreso a la Tierra abre una etapa de readaptación física y mental que la NASA planifica desde antes del despegue. Tras semanas o meses en microgravedad, los astronautas vuelven a sentir el peso de su cuerpo, deben recuperar el equilibrio y readaptar sus músculos, huesos y sistema cardiovascular a la gravedad. La preparación previa incluye ejercicios, controles clínicos y pruebas psicológicas, pero el trabajo no concluye al aterrizar: cada misión contempla un programa de recuperación que busca restablecer las capacidades necesarias para retomar la vida cotidiana.
Los primeros controles comienzan apenas la tripulación deja la cápsula. Los equipos médicos evalúan la presión arterial, la tolerancia a permanecer de pie, la movilidad, la fuerza y los signos de deshidratación. También revisan la respuesta del sistema vestibular, responsable del equilibrio y la orientación espacial. Según la NASA, los astronautas suelen realizar caminatas con los ojos abiertos y cerrados para medir cómo responde el cerebro cuando vuelve a recibir las señales de gravedad del oído interno.
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La astronauta Jasmin Moghbeli, quien regresó en marzo de 2024 después de casi 200 días en la Estación Espacial Internacional, describió las dificultades de esos primeros días: “Me sentí inestable los dos primeros días”. También contó que tenía el cuello cansado por volver a sostener el peso de la cabeza. Andreas Mogensen, de la Agencia Espacial Europea, relató que caminar en línea recta con los ojos cerrados resultaba “casi imposible”, porque en el espacio la visión se convierte en la principal referencia para orientarse.
La rehabilitación posterior al vuelo empieza al día siguiente del regreso y suele incluir dos horas diarias de actividad física durante unas seis semanas. Natacha Chough, cirujana de vuelo de la NASA y profesora clínica adjunta de la Universidad de Texas Medical Branch, explicó que fisioterapeutas y preparadores físicos trabajan con cada astronauta para recuperar equilibrio, coordinación y fuerza central. La especialista señaló que los hitos de la recuperación, como volver al equilibrio previo al vuelo, suelen alcanzarse entre los 7 y 10 días, momento en el que muchos pueden retomar actividades como conducir.
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El plan combina caminatas, ejercicios de fuerza, trabajo aeróbico, estiramientos y rutinas para recuperar la propiocepción, es decir, la capacidad de reconocer la posición del cuerpo y de sus articulaciones. Los astronautas también se someten a pruebas de fuerza muscular, densidad ósea, función cardiovascular, visión, respuesta inmunitaria y desempeño cognitivo. Los estudios comparan los resultados con los registros obtenidos antes de la misión para identificar los efectos que dejó la estadía en microgravedad.

Los plazos varían según la duración del vuelo y la respuesta de cada organismo. Loral O’Hara, que pasó 204 días en la estación espacial, contó que se sentía casi recuperada una semana después de volver. Frank Rubio, quien completó en septiembre de 2023 una misión de 371 días, el vuelo individual más prolongado de Estados Unidos, explicó que sintió dolor en los pies y en la zona lumbar después de pasar más de un año sin soportar peso. “Fue una montaña rusa de emociones”, afirmó sobre la extensión de su misión, aunque señaló que se sintió mayormente recuperado tras un par de semanas.
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La recuperación también incluye apoyo psicológico y la readaptación al entorno familiar. Los astronautas regresan después de largos períodos de aislamiento, con rutinas estrictas y distancia de acontecimientos personales. Chough comparó ese proceso con el que afronta el personal militar después de un despliegue prolongado: las tripulaciones y sus familias deben ajustarse otra vez a una convivencia cotidiana.
El papel de los cirujanos de vuelo en la salud de los astronautas
Detrás de cada misión espacial hay un equipo médico que acompaña a los astronautas desde mucho antes del lanzamiento y hasta después de su regreso. Entre esos especialistas están los cirujanos de vuelo, médicos dedicados a la medicina aeroespacial que supervisan el estado de salud de las tripulaciones, diseñan estrategias de prevención y coordinan la respuesta ante posibles problemas clínicos. Aunque el nombre puede inducir a error, no realizan cirugías ni viajan al espacio: su trabajo se desarrolla desde la Tierra, en coordinación con ingenieros, especialistas y personal de rehabilitación.
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Según explicó Natacha Chough, cirujana de vuelo de la NASA y profesora clínica adjunta de la Universidad de Texas Medical Branch, estos profesionales cumplen una función similar a la de los médicos de un equipo deportivo profesional.
Antes de cada despegue, revisan antecedentes médicos, consultan con especialistas, adaptan tratamientos para afecciones preexistentes, verifican el contenido de los botiquines y preparan protocolos frente a contingencias. También entrenan a los astronautas para utilizar el equipamiento médico disponible dentro de la nave o de la Estación Espacial Internacional.
La prevención ocupa una parte central de esa tarea. Chough señaló que las emergencias médicas durante los vuelos espaciales suelen tener una representación exagerada en la ficción y que la NASA solo debió interrumpir una misión tripulada de manera anticipada por un problema de salud una vez en su historia. Para misiones futuras hacia Marte, el desafío será mayor: las demoras en las comunicaciones impedirán recibir instrucciones en tiempo real desde la Tierra, por lo que las tripulaciones necesitarán mayor autonomía para resolver diagnósticos y tratamientos a millones de kilómetros del planeta.
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