
Los ovirraptores eran dinosaurios terópodos con un aspecto similar al de las aves. Tenían un cuerpo liviano, pico sin dientes, extremidades largas, garras y, en algunas especies, plumas.
Ponían huevos en nidos, pero no podían volar y vivieron durante el período Cretácico, hace entre 70 y 66 millones de años.
Científicos de Taiwán realizaron la reconstrucción de nidos y un modelo a tamaño real de ovirraptor. También llevaron a cabo experimentos de transferencia de calor y simulaciones numéricas.

De esa manera, descubrieron que los ovirraptores no lograban mantener todos sus huevos a la misma temperatura. Esta forma de incubación resultaba menos eficiente que la de las aves actuales.
Estas diferencias en la incubación implican que los ovirraptores presentaban patrones de eclosión asincrónica, con huevos que abrían en momentos distintos, y reflejan una etapa evolutiva intermedia entre la reproducción de los dinosaurios y la de las aves modernas.
La investigación fue realizada por Chun-Yu Su y colaboradores en el Departamento de Ingeniería Mecánica de la Universidad Nacional Tsing Hua en Taiwán. Publicaron los resultados en la revista Frontiers in Ecology & Evolution.
Contaron con el apoyo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y el Museo Nacional de Ciencia Natural, ambos de Taiwán.
Cómo eran los ovirraptores

Los ovirraptores vivieron principalmente en lo que hoy es Asia, con hallazgos fósiles en regiones como Mongolia y China, especialmente en el Desierto de Gobi y la provincia de Guangdong.
Hacían nidos semiabiertos, distintos a los de aves y cocodrilos de hoy. Esto generó dudas sobre si realmente se sentaban sobre los huevos o si estos recibían calor del ambiente.
El objetivo del estudio fue analizar cómo incubaban sus huevos los ovirraptores, usando modelos físicos y simulaciones por computadora, para ver si seguían el patrón de las aves actuales o si usaban un método único.
Secretos de un nido ancestral

Los científicos armaron una réplica a tamaño real de un ovirraptor y reconstruyeron nidos con huevos de resina, al basarse en fósiles encontrados en Asia.
Usaron sensores para medir cómo se distribuía el calor en distintas partes del nido y simularon diferentes posturas del adulto y condiciones ambientales.
Los experimentos se completaron con simulaciones por computadora, que permitieron analizar cómo el calor del adulto y el ambiente llegaba a los huevos.
Así, comprobaron si todos los huevos recibían la misma cantidad de calor o si había diferencias según la ubicación en el nido.
Los resultados mostraron que el adulto no tocaba todos los huevos y que el calor no se distribuía de forma pareja.

Los huevos del borde del nido alcanzaban temperaturas más altas que los del centro, llegando a diferencias de hasta 6 grados en ambientes fríos.
Esto significa que algunos huevos se desarrollaban antes que otros, provocando que no todos los polluelos nacieran al mismo tiempo.
Cuando la temperatura era más alta, la diferencia bajaba a menos de un grado, pero seguía existiendo.

Los científicos observaron que el calor del cuerpo del adulto no bastaba para incubar todos los huevos, y que la energía del sol o del ambiente también jugaba un papel importante. Este método de incubación resultó menos eficiente que el de las aves actuales.
El estudio sugiere que los ovirraptores estaban en una etapa intermedia entre la incubación enterrada, como la de los cocodrilos, y la incubación por contacto directo de las aves.

Los científicos recomiendan no generalizar estos resultados a todos los dinosaurios, ya que se trabajó con un modelo y especie específicos.
Además, señalan que entender cómo incubaban sus huevos estos dinosaurios ayuda a conocer mejor la evolución de la crianza en aves y reptiles.
La investigación abre nuevas preguntas sobre cómo se adaptaron los dinosaurios a diferentes ambientes y formas de reproducción.
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