
Las recientes erupciones solares de magnitud extraordinaria detectadas en la cara oculta del Sol han validado un sistema capaz de anticipar el riesgo de superllamaradas solares con meses o incluso años de antelación.
Este avance, desarrollado por un equipo internacional bajo la dirección del Dr. Víctor M. Velasco Herrera, de la Universidad Nacional Autónoma de México, supone un giro en la gestión de amenazas espaciales y la protección de infraestructuras críticas, según detalla la investigación publicada en la revista Journal of Geophysical Research: Space Physics.
La validación de este nuevo modelo predictivo se produjo en paralelo a una cadena de eventos extremos no observables desde la Tierra, cuando, entre el 14 y el 20 de mayo de 2024, la sonda Solar Orbiter detectó varias superllamaradas masivas en el hemisferio oculto del Sol.
Entre ellas se identificaron erupciones clasificadas como X11.1 el 14 de mayo, X9.5 y X9.7 el 15 de mayo, así como una X16.5 el 20 de mayo. Según un informe publicado por la NASA, estos episodios coincidieron de manera precisa con las zonas de alto riesgo identificadas por el pronóstico del equipo dirigido por Herrera.

La confirmación se produjo mientras el artículo se encontraba en proceso de revisión, lo que permitió al grupo constatar en tiempo real que el sistema predecía patrones de riesgo no solo en la cara visible, sino en toda la superficie solar.
El Dr. Herrera describió este hallazgo como una combinación de suerte y prueba de robustez científica: “Creamos nuestro pronóstico sin saber de estas superllamaradas en la cara oculta. Cuando se descubrieron durante la revisión del artículo, coincidieron perfectamente con nuestros patrones predichos. Esto demuestra que nuestro enfoque basado en la física funciona en todo el Sol, no solo en la cara que da a la Tierra”.
El coautor Dr. Willie Soon, del Centro de Investigación Ambiental y Ciencias de la Tierra (CERES), subrayó: “La naturaleza nos dio la prueba perfecta. Estos descubrimientos en la cara oculta validaron nuestro método en tiempo real, demostrando que los patrones subyacentes que identificamos son fiables y funcionan en toda la superficie solar”.
Un sistema basado en ciclos solares, zonas críticas y aprendizaje automático
El método diseñado descansa sobre el análisis de casi 50 años de registros satelitales (1975-2025) que monitorean las emisiones de rayos X solares. Los investigadores describen dos hallazgos fundamentales.

En primer lugar, identificaron regiones específicas del Sol donde se acumula energía magnética con mayor intensidad. Estas zonas, según el modelo, son las que presentan un mayor índice de generación de erupciones extremas.
En segundo término, descubrieron la existencia de dos ciclos rítmicos en la actividad solar, uno de 1,7 años y otro de 7 años. Cuando ambos ciclos alcanzan determinadas fases de coincidencia, la probabilidad de que se produzcan superllamaradas aumenta considerablemente.
El equipo aplicó técnicas matemáticas avanzadas y aprendizaje automático para integrar estos patrones, construyendo un método para anticipar no solo el periodo, sino también la ubicación en la superficie solar con mayor peligro. Para el actual Ciclo Solar 25, el sistema prevé dos ventanas críticas: de mediados de 2025 a mediados de 2026 (especialmente en el hemisferio sur, entre las latitudes 5°S y 25°S), y a comienzos o mediados de 2027 (centrado en el hemisferio norte, entre 10°N y 30°N).
El Dr. Herrera explicó en Journal of Geophysical Research: Space Physics que “el pronóstico solar tradicional presenta dificultades con estos eventos extremos debido a su rapidez e imprevisibilidad. Nuestro método proporciona a los operadores de meteorología espacial y a los administradores de satélites un aviso con uno o dos años de antelación sobre cuándo las condiciones son más peligrosas. Este plazo crítico les permite preparar y proteger los sistemas de comunicaciones, las redes eléctricas y la seguridad de los astronautas”.

Repercusiones para la seguridad en la Tierra y la exploración espacial
Las superllamaradas solares son considerados los eventos eruptivos con mayor potencial destructivo generados por el Sol. Sus efectos directos comprenden cortes generalizados de energía, daños irreparables a satélites, interrupciones en la navegación por GPS, fallas graves en las comunicaciones por radio, y exposiciones a radiación peligrosas tanto para astronautas como para pasajeros de vuelos comerciales que transiten a gran altitud.
La posibilidad de anticipar con suficiente antelación el momento y el lugar de ocurrencia de estos fenómenos habilita a organismos clave —como empresas de servicios públicos, operadores de satélites y agencias espaciales— a implementar medidas preventivas. Estas incluyen desde el ajuste de órbitas satelitales y la activación de sistemas eléctricos de respaldo, hasta el aplazamiento o reprogramación de misiones tripuladas.
Este aspecto adquiere especial relevancia en el contexto actual de exploración lunar. Según el Dr. Herrera, “la NASA tiene razón al posponer la misión Artemis II a la Luna hasta marzo, pero dada la actividad solar actual, nuestros pronósticos sugieren que retrasar el lanzamiento hasta finales de 2026 podría ser una decisión mucho más segura”.

Consecuencias para la gestión global del clima espacial extremo
El avance obtenido en la predicción solar representa una herramienta estratégica para reducir la vulnerabilidad de los sistemas tecnológicos interconectados de la sociedad contemporánea. El nuevo modelo transforma el enfoque tradicional de alerta inmediata —limitado a horas o, como máximo, días de anticipación— en una arquitectura preventiva basada en periodos que se extienden hasta un año.
En palabras del equipo, este margen permite a los actores involucrados “preparar y proteger los sistemas de comunicaciones, las redes eléctricas y la seguridad de los astronautas”. La robustez demostrada por el método frente a eventos sorpresivos y fuera del alcance de la observación terrestre revela, según el Dr. Soon (CERES), que “los patrones subyacentes que identificamos son fiables y funcionan en toda la superficie solar”.
El presente Ciclo Solar 25 se caracteriza por una actividad elevada, lo que confiere especial valor a la capacidad de identificar ventanas críticas con anticipación. El desarrollo abre una vía efectiva para mitigación de impactos del clima espacial extremo, un dominio de creciente interés ante la expansión de la infraestructura satelital y los nuevos proyectos de exploración lunar y misiones tripuladas.
La investigación firmada por Herrera y Soon y avalada por la validación involuntaria de la sonda Solar Orbiter y la NASA habilita por primera vez la planificación estratégica frente a las amenazas de superllamaradas, marcando un hito en la meteorología espacial y la gestión global del riesgo tecnológico.
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