
Un equipo multidisciplinar liderado por el Instituto Max Planck de Sistemas Inteligentes ha descubierto que los bigotes sensoriales de la trompa del elefante presentan una inteligencia material singular. Según Science, la variación progresiva de rigidez a lo largo de estos bigotes permite a los elefantes percibir el mundo con una precisión táctil extraordinaria, a pesar de su piel gruesa y visión limitada. Este hallazgo ofrece claves sobre cómo estos animales manipulan objetos frágiles y allana el camino para el desarrollo de robots bioinspirados con sensores avanzados.
El enigma del tacto en los elefantes
Los elefantes cuentan con cerca de 1.000 bigotes sensoriales en la trompa, cuya composición difiere notablemente de la de otras especies. Science detalla que cada bigote exhibe un gradiente funcional de rigidez: la base es rígida y la punta es blanda, con textura similar a la goma. Esta transición contrasta con los bigotes de ratones y ratas, que mantienen la misma rigidez en toda su longitud.
Este diseño otorga a los elefantes la capacidad de identificar el punto exacto de contacto sobre cada bigote. Con esta habilidad logran recoger un maní o una papa frita sin romperlos. La sensibilidad que proporciona esta estructura compensa otras limitaciones físicas y evidencia una adaptación evolutiva llamativa.

El mismo patrón de gradiente funcional se identificó en bigotes de gatos domésticos, pero no en otros mamíferos estudiados. Para los investigadores, este diseño marca una diferencia central en la forma en que elefantes y gatos procesan el tacto.
Cómo lo descubrieron: del laboratorio a la simulación
El estudio fue dirigido por el investigador posdoctoral Dr. Andrew K. Schulz y la profesora experta en háptica Katherine J. Kuchenbecker. Emplearon técnicas de imagen avanzada y análisis de materiales. El equipo examinó bigotes de elefante y gato de hasta cinco centímetros de longitud y analizó su estructura hasta una escala de nanómetros.
Mediante micro-TAC tridimensional, observaron que los bigotes de elefante son gruesos, achatados, con base hueca y canales internos similares a los cuernos de oveja o las pezuñas de caballo. Esta arquitectura porosa reduce el peso del bigote, aporta resistencia al impacto y permite a los elefantes consumir cientos de kilos de alimento diarios sin dañar estos órganos sensoriales, que no se regeneran si se pierden.
Para determinar cómo varía la rigidez, recurrieron a la nanoindentación, presionando con un pequeño diamante desde la base hasta la punta del bigote. Comprobaron así la transición de una base firme, semejante al plástico, a una punta elástica y resiliente. Este gradiente se distingue claramente de los pelos en otras partes del cuerpo del elefante, que son rígidos de principio a fin.

El equipo fabricó réplicas gigantes de los bigotes mediante impresión 3D, para experimentar sus propiedades físicas. Kuchenbecker relató a Science que al golpear diferentes partes de la réplica notaba un contacto fuerte en la base y suave en la punta, sin necesidad de mirar el punto de interacción.
Posteriormente, usaron simulaciones por computadora para modelar cómo la geometría, la porosidad y el gradiente de rigidez de los bigotes influyen en la percepción táctil. Estas pruebas virtuales mostraron que el gradiente facilita identificar dónde ocurre el contacto, lo que permite maniobras precisas incluso con objetos delicados.
Implicaciones para la robótica y la ciencia
Los resultados del estudio, según Science, expanden el conocimiento de la neurociencia animal y ofrecen inspiración directa para la robótica inspirada en la biología. El Dr. Schulz destacó que los sensores bioinspirados que reproducen el gradiente funcional de rigidez de los elefantes podrían mejorar la sensibilidad en tareas delicadas, manteniendo un bajo coste de procesamiento gracias a la inteligencia incorporada en el propio material.
La resiliencia que aportan la arquitectura porosa y el gradiente de rigidez permitiría a los robots manipular objetos y adaptarse a entornos complejos aplicando principios biomiméticos. Esta tecnología tiene potencial para transformar campos como la manipulación robótica precisa, la exploración subacuática y la medicina robótica.

La doctora Lena V. Kaufmann, experta en neurociencia y coautora, subrayó en Science que “nuestros hallazgos contribuyen a la comprensión de la percepción táctil de estos fascinantes animales y abren oportunidades para estudiar la relación entre las propiedades materiales de los bigotes y el procesamiento neuronal”.
Un equipo multidisciplinar y el futuro de la investigación
El avance fue posible gracias a la colaboración entre ingenieros, científicos de materiales y neurocientíficos de cinco grupos de investigación en Alemania. El Dr. Schulz, especializado en biomecánica de elefantes, y la profesora Kuchenbecker, referente en inteligencia háptica, integraron múltiples perspectivas disciplinarias.
La investigación abarcó tres años de trabajo experimental, validación y análisis. Además del Instituto Max Planck, participaron la Universidad Humboldt de Berlín y la Universidad de Stuttgart, reforzando el enfoque interdisciplinario al combinar biología, ingeniería y simulaciones avanzadas.
El equipo anticipa que futuras investigaciones analizarán las aplicaciones de estos sensores bioinspirados en sistemas robóticos y explorarán la relación entre el tacto y la arquitectura material en otros animales.
La edición especial de Science reflejó el entusiasmo de este logro, subrayando el valor de la cooperación interdisciplinaria. La experiencia del proyecto pone de relieve el potencial de integrar diferentes áreas científicas para desentrañar los secretos acerca del fino sentido del tacto de los elefantes.
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