
Durante décadas, el comportamiento de las galaxias cercanas planteó un dilema persistente para la astronomía. Mientras casi todas las grandes galaxias del entorno local se alejan de la Vía Láctea siguiendo la expansión general del universo, una excepción sobresale con claridad: Andrómeda.
Nuestra vecina galáctica más cercana, se aproxima a gran velocidad y mantiene una trayectoria que culminará en una colisión futura. Este contraste desafió modelos, simulaciones y supuestos fundamentales sobre cómo se distribuye la masa en el cosmos cercano.
Ahora, una nueva investigación propone una respuesta contundente y elegante: el universo local no se organiza de manera esférica, sino dentro de una vasta lámina plana dominada por materia oscura.

El hallazgo surge de un trabajo que combinó observaciones astronómicas detalladas con simulaciones cosmológicas de alta precisión. El resultado describe un entorno galáctico sorprendentemente ordenado, en el que la geometría de la materia invisible desempeña un papel decisivo.
En lugar de rodear a a las estrellas del Grupo Local de manera uniforme, la mayor parte de la masa se concentra en una estructura aplanada que se extiende por decenas de millones de años luz. Esa configuración explica, al mismo tiempo, la atracción mutua entre la Vía Láctea y Andrómeda y el alejamiento del resto de las galaxias cercanas.
Este modelo resuelve una contradicción histórica entre la teoría cosmológica estándar y las observaciones del llamado flujo de Hubble en el entorno inmediato. También ofrece una imagen más coherente de cómo la gravedad moldea el espacio local y de por qué ciertas regiones del cosmos aparecen casi vacías, mientras otras concentran la mayor parte de la materia.
Un flujo cósmico que no se comporta como debería

La expansión del universo fue uno de los grandes descubrimientos del siglo XX. Según la ley de Hubble, las galaxias se alejan unas de otras a velocidades proporcionales a su distancia. En términos generales, cuanto más lejos se encuentra una galaxia, más rápido parece alejarse. Sin embargo, esta relación presenta desviaciones en escalas locales, donde la gravedad de grandes concentraciones de masa altera el movimiento esperado.
El Grupo Local, integrado por la Vía Láctea, Andrómeda, la Galaxia del Triángulo y decenas de galaxias enanas, representa uno de esos casos. Andrómeda se ubica a unos 2,5 millones de años luz y se desplaza hacia nuestra galaxia a unos 110 kilómetros por segundo. Ese movimiento contrasta con el de otras galaxias grandes cercanas, situadas fuera del Grupo Local, que se alejan incluso más rápido de lo que predice la expansión cósmica promedio.
Este comportamiento desconcertó a los astrónomos durante más de medio siglo. A fines de la década de 1950, los cálculos de Franz Kahn y Lodewijk Woltjer ya sugerían que la masa visible de la Vía Láctea y Andrómeda no alcanzaba para explicar su atracción mutua. Esa discrepancia se convirtió en una de las primeras evidencias de la existencia de materia oscura, una forma de materia invisible que interactúa principalmente a través de la gravedad.

Con el tiempo, se confirmó que ambas galaxias están envueltas en extensos halos de materia oscura, cuya masa supera ampliamente la de sus estrellas y su gas. Esa estructura explica por qué Andrómeda se acerca, pero no aclara por qué otras galaxias cercanas parecen escapar a la atracción combinada del Grupo Local.
El nuevo estudio publicado en Nature Astronomy abordó este problema desde un enfoque integral. Los investigadores partieron de una premisa clave: la distribución de la materia oscura fuera de los halos principales podía resultar tan importante como la masa de las galaxias mismas.
Tal como señalaron los autores, “Nuestra galaxia, Andrómeda, y sus galaxias enanas compañeras forman el Grupo Local. Se cree que la mayor parte de la masa en su interior y a su alrededor es materia oscura en lugar de gas o estrellas, por lo que su distribución debe inferirse del efecto de la gravedad en el movimiento de los objetos visibles”.
Las simulaciones incluyeron no solo al Grupo Local, sino también a 31 galaxias ubicadas justo fuera de sus límites, hasta una distancia de unos 32 millones de años luz.
l modelo partió de las condiciones iniciales del universo primitivo, inferidas a partir del fondo cósmico de microondas, y evolucionó hasta reproducir las posiciones y velocidades actuales de las galaxias observadas.
El resultado fue consistente y revelador. La masa que rodea al Grupo Local no se distribuye de forma esférica, sino dentro de una estructura plana y extensa. En esa lámina se concentran tanto la materia oscura como la materia visible, y su influencia gravitatoria domina el movimiento de las galaxias cercanas.
Una geometría plana que ordena galaxias y vacíos

La existencia de esta lámina de materia oscura cambia la forma de interpretar el entorno galáctico. Las galaxias que se encuentran incrustadas en esa estructura experimentan una atracción gravitatoria hacia regiones más distantes de la lámina, lo que compensa casi por completo la atracción ejercida por la Vía Láctea y Andrómeda. De ese modo, esas galaxias siguen el flujo de Hubble o incluso se alejan más rápido de lo esperado.
En cambio, Andrómeda comparte el mismo plano que la Vía Láctea y se encuentra dentro del dominio gravitatorio mutuo de ambos halos. Esa ubicación explica por qué resulta la única gran galaxia que se desplaza hacia nosotros.
El estudio también iluminó el papel de los grandes vacíos cósmicos. Por encima y por debajo de la lámina, el espacio aparece notablemente desprovisto de galaxias. Estas regiones se formaron en áreas del universo primitivo donde la densidad inicial fue ligeramente inferior al promedio. Como consecuencia, se expandieron más rápido y expulsaron su materia hacia las zonas circundantes.

Este patrón explica por qué no se observan otras galaxias dirigiéndose hacia la Vía Láctea desde esas direcciones. Simplemente, no hay objetos masivos en esos vacíos que puedan hacerlo. La geometría del entorno actúa como un filtro dinámico que ordena los movimientos posibles.
Los propios autores reconocieron que los modelos anteriores enfrentaron dificultades persistentes. “Los esfuerzos de modelado han tenido dificultades durante mucho tiempo para reproducir el flujo silencioso de Hubble alrededor del Grupo Local, ya que requieren una masa irrealmente pequeña más allá de los halos de las dos galaxias principales. Aquí revisamos esto utilizando simulaciones de análogos del Grupo Local con condiciones iniciales restringidas para que coincidan con la dinámica observada de los dos halos principales y el flujo circundante”.
El nuevo enfoque logró reconciliar esas tensiones dentro del marco del modelo cosmológico estándar, conocido como materia oscura fría con constante cosmológica, o ΛCDM. Según el trabajo, “Las observaciones son reconciliables dentro de Λ CDM, pero solo si la masa está fuertemente concentrada en un plano de hasta 10 Mpc, con la densidad superficial aumentando alejándose del Grupo Local y con profundos vacíos por encima y por debajo”.

Esta configuración no solo concilia las estimaciones de masa dinámica del Grupo Local con el campo de velocidades observado, sino que también refleja estructuras ya conocidas en la distribución de galaxias cercanas. El flujo de Hubble resultante presenta un comportamiento ordenado, aunque anisotrópico, una característica que permaneció parcialmente oculta debido a la escasez de galaxias observables en ciertas direcciones.
Más allá del entorno inmediato, los investigadores detectaron indicios adicionales que refuerzan el modelo. Galaxias ubicadas a mayores distancias y en latitudes elevadas parecen desplazarse hacia la lámina plana a velocidades de varios cientos de kilómetros por hora. La identificación futura de más estructuras que caen desde las regiones vacías podría aportar una confirmación independiente de esta arquitectura cósmica.
El impacto del estudio va más allá de resolver un misterio local. Al mostrar que la dinámica observada encaja plenamente dentro del modelo cosmológico estándar, el trabajo fortalece la idea de que la materia oscura no solo gobierna la formación de galaxias individuales, sino también la organización a gran escala del espacio cercano.

En palabras de los autores, la coherencia alcanzada entre simulaciones, observaciones y teoría ofrece una imagen más completa del vecindario galáctico. El universo local deja de ser un escenario caótico y pasa a revelarse como una estructura cuidadosamente esculpida por la gravedad, donde incluso lo invisible impone un orden preciso.
Así, la futura colisión entre la Vía Láctea y Andrómeda ya no aparece como una anomalía, sino como una consecuencia natural de nuestra posición dentro de una lámina cósmica de materia oscura.
Una estructura silenciosa e imperceptible que, desde la sombra, define el destino de las galaxias.
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