
Un equipo de investigadores documentó el denominado “efecto de visión inferior”, un cambio psicológico y emocional observado en acuanautas que pasan períodos prolongados en hábitats submarinos. El hallazgo, difundido por la Universidad Northeastern y publicado en la revista Environment & Behavior, revela que esta transformación guarda paralelos con el “efecto visión general” experimentado por astronautas al contemplar la Tierra desde el espacio. Según los autores, la vivencia submarina fortalece la conexión con el océano y el compromiso con la conservación marina.
El “efecto de visión inferior” se define como una serie de cambios en la percepción, la emoción y el comportamiento de quienes habitan bajo el mar mediante buceo de saturación. Los acuanautas, quienes permanecen durante jornadas extendidas en instalaciones presurizadas, reportan experiencias que superan la mera adaptación fisiológica. Investigaciones previas, citadas por Phys.org, se enfocaban en los riesgos físicos y la seguridad, mientras que el nuevo enfoque profundiza en la dimensión psicológica. “Se produjo un cambio importante, muy similar a lo que experimentan los astronautas: el efecto de visión general”, explicó Kristen Kilgallen, autora principal del estudio.
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El fenómeno descrito por los acuanautas presenta similitudes notables con el “efecto visión general” (overview effect) observado en astronautas. Ambas vivencias generan asombro, trascendencia y conciencia de interconexión, aunque con diferencias específicas. Mientras el término acuñado por Frank White refiere a la percepción de la Tierra como un todo desde el espacio, el efecto de visión inferior se relaciona con la inmersión total en el entorno submarino.
El estudio publicado en Environment & Behavior expone que, frente a la “visión panorámica” de los astronautas, los residentes del fondo marino desarrollan vínculos íntimos con ecosistemas concretos y suelen experimentar un lazo activo con lo inmediato antes que con el planeta globalmente. Kilgallen remarca: “Había una mayor sensación de conexión con el entorno marino específico que con la Tierra como un todo”. Fabien Cousteau, científico y acuanauta, también señaló que sumergirse en el océano cambia la perspectiva, pues uno se integra de forma directa y prolongada a la dinámica de ese entorno.
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Para llevar adelante el estudio, Kilgallen y su equipo entrevistaron a 14 acuanautas, incluidos científicos y un astronauta, con edades entre 31 y 74 años, en su mayoría hombres. Las entrevistas, realizadas entre noviembre de 2023 y marzo de 2024, se centraron en participantes de misiones en la Base de Arrecifes Aquarius, situada en los Cayos de Florida. El objetivo fue documentar las transformaciones cognitivas, emocionales, conductuales y relacionales asociadas al buceo de saturación.
A diferencia del buceo convencional, los acuanautas pueden permanecer semanas en hábitats submarinos, lo que permite una observación prolongada de los procesos naturales en los ecosistemas marinos, sin la presión temporal habitual.
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Según Brian Helmuth, profesor de estudios marinos en la Universidad Northeastern y coautor del informe: “Significa que tienes tiempo ilimitado para vivir en el fondo”. Esta diferencia respecto al buceo recreativo o científico, restringido por cuestiones de seguridad, resulta fundamental.
Los resultados indican que el 70% de los acuanautas entrevistados manifestó mayor asombro y gratitud tras la experiencia, mientras que el 64% incrementó su compromiso ambiental. Los relatos destacan fenómenos como la experiencia de flujo —un estado de concentración profunda—, el sentimiento de pertenencia y la percepción de la fragilidad del ecosistema.
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El análisis en Environment & Behavior muestra que el 79% de los participantes identificó la ausencia de presión temporal como un factor clave para fortalecer la conexión con el entorno. Esta posibilidad de observación sistemática permite comprender la vida marina en su complejidad y genera emociones de asombro, calma y empatía hacia los organismos del entorno.

Algunos participantes describieron sensaciones de autotrascendencia y unidad con el medio marino, así como la impresión constante de que la inmersión resultó una experiencia reveladora capaz de transformar el vínculo personal con la naturaleza.
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Los testimonios recogidos por Phys.org y el equipo de Northeastern evidencian un impacto claro en el comportamiento proambiental y el sentido de responsabilidad de los acuanautas tras regresar a la superficie. Muchos de ellos destacaron la importancia de compartir sus vivencias para fomentar la conciencia social y el interés en la protección del océano. Uno de los entrevistados afirmó: “Siento una especie de deber de transmitir la perspectiva que adquirí viviendo bajo el agua, para que contribuya a que otros comprendan y aprecien el océano”.
El acceso prolongado a hábitats submarinos resultó esencial para investigaciones imposibles de realizar por otros medios, según los acuanautas consultados. Esta experiencia actuó como catalizador, reforzando el compromiso ambiental y la motivación para inspirar a nuevas generaciones en la ciencia y la conservación marina.
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El estudio reconoce ciertas limitaciones: la muestra es reducida y poco diversa, compuesta mayoritariamente por hombres blancos con acceso privilegiado a la investigación marina. Apenas unas 100 personas en todo el mundo han vivido este tipo de experiencia, lo que dificulta su democratización y diversificación. Environment & Behavior señala que persisten barreras económicas, sociales y culturales para ampliar el acceso a estos hábitats, que además son escasos a escala global.
El equipo de la Universidad Northeastern propone compartir los relatos y aprendizajes de los acuanautas con la sociedad, mediante narrativas divulgativas o herramientas virtuales inmersivas. El objetivo es transformar la relación de la humanidad con los océanos y promover una interacción más consciente y sostenible con el medio marino. Los autores insisten en que no basta con aumentar el número de personas viviendo bajo el mar, sino que es necesario proyectar esas experiencias para fomentar acciones colectivas de conservación. Las comparaciones entre el efecto en acuanautas y astronautas abren nuevas posibilidades para la educación ambiental y el activismo.
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Cousteau describe el impacto existencial de la vivencia submarina: vivir integrado en el océano conduce a comprender que el bienestar y la belleza de ese entorno están inseparablemente ligados a la salud del planeta y de la propia humanidad.
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