
Una regla fundamental de la biología anfibia establece que el agua salada resulta letal para ranas y sapos. Su piel permeable, adaptada para el intercambio de gases y la regulación de la hidratación, los expone a una rápida deshidratación al contacto con ambientes marinos. No obstante, la rana cangrejera (Fejervarya cancrivora) desafía ese principio tradicionalmente enseñado en la herpetología.
En manglares, estuarios y pantanos costeros del sudeste asiático habita esta especie, el único anfibio conocido capaz de tolerar salinidades iguales o incluso superiores a las del océano durante períodos prolongados.
Un análisis detallado, realizado por el biólogo evolutio Scott Travers y publicado en Forbes, describe cómo esta rana supera las limitaciones fisiológicas de los anfibios mediante adaptaciones extremas que reescriben los manuales clásicos de biología vertebrada.
Un límite fisiológico que parecía absoluto
La mayoría de los anfibios depende de una piel delgada y altamente permeable para sobrevivir en ambientes de agua dulce, ya que ingresa con facilidad al organismo y el exceso se elimina mediante orina diluida.
Frente al agua salada, ese equilibrio se invierte: el agua abandona el cuerpo y los iones de sodio y cloruro penetran sin control, lo que provoca colapso celular y fallas en la señalización nerviosa.

Esta vulnerabilidad explica la letalidad del agua salada para casi todas las ranas en pocas horas. A diferencia de los peces marinos, los anfibios carecen de glándulas especializadas para eliminar sal y no poseen barreras cutáneas impermeables.
Según investigaciones citadas por Travers, solo unas 144 especies de anfibios toleran exposiciones muy breves a la salinidad marina, lo que convierte a la rana cangrejera en un caso único en su grupo.
Vida anfibia entre mareas
La rana cangrejera ocupa ecosistemas donde la salinidad varía de forma drástica en cuestión de horas, influida por mareas y lluvias. Estudios publicados en Herpetological Monographs destacaron que algunos ejemplares sobreviven durante días completos en agua de mar a concentración plena, una capacidad inédita entre los anfibios.
Desde el punto de vista biológico, el rasgo más notable no es solo su resistencia a la sal, sino la flexibilidad con la que alterna entre una fisiología de agua dulce y otra de agua salada. Esta plasticidad le permite ocupar nichos ecológicos inaccesibles para otras ranas, con menor competencia y abundante alimento.
Urea: una solución inesperada
El principal desafío de la vida en ambientes salinos es el estrés osmótico. Investigaciones publicadas en el Journal of Experimental Zoology revelaron que la rana cangrejera enfrenta este problema por medio de la acumulación de urea en sus tejidos.

Aunque la urea se considera habitualmente un desecho nitrogenado, en este caso actúa como osmoprotector, equilibrando la presión osmótica entre el interior del organismo y el entorno.
Al incrementar de manera controlada la concentración de urea en sangre y tejidos, la rana reduce la pérdida de agua hacia el ambiente salino. Este mecanismo resulta sorprendentemente similar al de tiburones y rayas, vertebrados marinos que retienen urea para compensar la salinidad del océano.
El biólogo indicó que, al exponerse a ambientes salinos, las ranas cangrejeras multiplican sus niveles de urea plasmática en pocas horas, sin experimentar los efectos tóxicos que esa acumulación provoca en otras especies.
Riñones y piel bajo control fino
La producción y retención de urea exige un control renal preciso. Mientras la mayoría de las ranas elimina rápidamente este compuesto, la rana cangrejera reduce su excreción durante la exposición a la sal. Sus riñones ajustan las tasas de filtración y reabsorción según la salinidad del entorno, conservando tanto el agua como los osmolitos orgánicos.

La piel, aunque permanece permeable, funciona como una membrana regulada y no como un conducto abierto. Este anfibio transporta activamente iones de sodio y cloruro, evitando acumulaciones tóxicas, un nivel de control más frecuente en reptiles y peces que en ranas.
Conducta adaptada a un ambiente extremo
La tolerancia a la sal no depende únicamente de la fisiología. Observaciones de campo citadas en el análisis de Forbes describen estrategias conductuales que refuerzan la supervivencia en manglares. La rana cangrejera sincroniza su actividad con las mareas, limita el movimiento durante los picos de salinidad y utiliza microhábitats con menor concentración salina cuando están disponibles.
Estos comportamientos controlan la pérdida de agua y complementan los mecanismos internos de regulación osmótica, conformando una adaptación integral a un entorno hostil y cambiante.
Presión selectiva y oportunidad ecológica
Los manglares presentan variaciones abruptas de salinidad, oxígeno y temperatura, condiciones que excluyen a la mayoría de los anfibios. Para este anfibio, ese escenario representa una oportunidad ecológica. La selección natural favoreció a individuos capaces de sobrevivir a exposiciones breves al agua salada, que con el tiempo se transformaron en adaptaciones fisiológicas estables.
Según el análisis de Travers, la permeabilidad cutánea de los anfibios no es un límite absoluto y que estrategias osmóticas propias de vertebrados marinos pueden surgir de forma independiente. En ese marco, la rana cangrejera se presenta como un modelo destacado de adaptación fisiológica y conductual en vertebrados.
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