
Un estudio publicado en iScience y liderado por la Universidad de Michigan revela que, en los chimpancés, el comportamiento físico más riesgoso ocurre durante la infancia, a diferencia de los humanos, donde se observa en la adolescencia.
La investigación se basó en la observación sistemática de saltos y caídas desde árboles realizados por infantes y jóvenes en el Parque Nacional Kibale, Uganda, y muestra una diferencia fundamental en la forma en que ambas especies enfrentan el riesgo físico a lo largo del desarrollo.
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El equipo, conformado por científicos de la Universidad de Michigan y la Universidad James Madison, entre ellos Bryce Murray, Laura MacLatchy y Lauren Sarringhaus, analizó en 2020 y 2021 el comportamiento de 119 chimpancés salvajes del Proyecto Chimpancé Ngogo y definieron como conductas arriesgadas los movimientos como dejarse caer intencionalmente desde una rama o saltar de una a otra sin ningún soporte, lo que implica que los individuos quedan sin contacto con el árbol y expuestos a caídas desde alturas peligrosas.

Según los resultados publicados en iScience, las crías presentaban una probabilidad tres veces mayor de ejecutar estas acciones respecto a los adultos. En los jóvenes, el riesgo era 2,5 veces superior, y en los adolescentes, 2,1 veces más. El análisis aclara que ni el sexo ni la altura a la que se producían los movimientos tuvieron un impacto relevante en la frecuencia de estos comportamientos.
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Laura MacLatchy, antropóloga de la Universidad de Michigan, destacó que estas conductas pueden ayudar a comprender cómo la vigilancia y el cuidado durante la infancia inciden en las consecuencias de asumir riesgos físicos en humanos. Los investigadores observaron que estas situaciones son especialmente frecuentes durante los descensos de los árboles, momentos en los que se produce el llamado “vuelo libre”, considerado de alto riesgo debido a la posibilidad concreta de caídas accidentales.

Los estudios de campo y datos arqueológicos incluidos en el trabajo muestran que las lesiones y muertes por caídas constituyen un problema real para los chimpancés. En los humanos, en cambio, la mayor frecuencia de conductas riesgosas físicas se da en la adolescencia. El artículo atribuye esta diferencia a la supervisión parental: en la infancia humana, padres y cuidadores mantienen una vigilancia constante que limita la toma de riesgos, mientras que en la adolescencia ese control disminuye y los comportamientos peligrosos aumentan.
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En los chimpancés, la supervisión materna se reduce abruptamente cuando la cría alcanza independencia motriz, lo que les permite una considerable libertad para explorar y asumir riesgos desde edades tempranas.
Lauren Sarringhaus, bióloga de la Universidad James Madison y coautora principal, señaló que crías y jóvenes chimpancés exhiben incluso más conductas peligrosas que los adolescentes, fenómeno opuesto a la dinámica humana.
El estudio comprobó además que no existen diferencias significativas entre machos y hembras en cuanto a comportamientos arriesgados, a diferencia de ciertas tendencias observadas en niños humanos.

La investigación resalta la importancia de la supervisión parental y el cuidado comunitario durante la infancia. El análisis muestra que, en sociedades humanas de todo el mundo, incluso donde los niños disfrutan de gran autonomía, la vigilancia por parte de adultos, hermanos mayores o adolescentes es habitual. En los chimpancés, en cambio, la dependencia se limita casi exclusivamente a la madre hasta que la cría desarrolla autonomía motriz.
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Para los autores, la diferencia humana se encuentra en el desarrollo de redes de apoyo más allá del vínculo materno, con formas de cuidado cooperativo y una supervisión intensiva y prolongada, a diferencia de los chimpancés, donde la autonomía llega antes y la protección es más limitada.

Los datos sugieren que la aparición del mayor riesgo físico durante la adolescencia en humanos se relaciona más con el patrón de supervisión parental que con una diferencia biológica intrínseca en la tendencia al comportamiento arriesgado. Según el estudio, si la vigilancia disminuyera antes en la infancia humana, el pico de conductas peligrosas podría observarse en niños pequeños, como sucede en los chimpancés.
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Los investigadores de la Universidad de Michigan concluyen que la capacidad y destreza alcanzadas en la adultez dependen en gran medida de la experiencia acumulada durante la infancia, incluso cuando ese aprendizaje conlleva enfrentar riesgos difíciles de evitar completamente.
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