
En los arroyos del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), que recorren tanto la capital de la Argentina como partidos como San Martín y Lanús, la naturaleza esconde aliadas inesperadas contra la contaminación.
Científicos de la Universidad de Buenos Aires y el Conicet descubrieron que dos bacterias nativas son capaces de descomponer casi por completo colorantes que desafían los métodos de limpieza tradicionales.
Esas bacterias pueden degradar el 96,7% de colorante Verde de Malaquita y el 87,6% de Negro Ácido 210 en menos de 24 horas.

El hallazgo, que fue difundido en Journal Water & Health, surge en un contexto donde los cursos de agua del AMBA están cada vez más expuestos a descargas industriales y contaminantes difíciles de eliminar, como esos colorantes.
Las bacterias fueron aisladas de arroyos contaminados. “Las cepas de las bacterias que identificamos podrían emplearse para el tratamiento de efluentes que los contengan y así prevenir más contaminación de los cursos de agua”, contó a Infobae uno de los líderes de la investigación, el doctor Alfredo Gallego, de la cátedra de salud pública e higiene ambiental de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA.

El avance no solo tiene interés científico, sino que podría ayudar a reducir riesgos para la salud y mejorar la calidad del agua en la ciudad y el Conurbano.
“Los resultados podrían abrir la puerta a soluciones más ecológicas y económicas en el tratamiento de efluentes líquidos industriales”, dijo Gallego.
El trabajo fue realizado también por Luciana Grifes Paisan, Rodrigo Andrés Carballo, Mariana Papalia, María Susana Fortunato, Marcela Radice y Sonia Korol. Contaron con un subsidio UBACYT para hacer el estudio.
Aliadas invisibles en aguas urbanas

El estudio se hizo a partir de una preocupación real: los colorantes industriales llegan a los ríos y se quedan.
El colorante Verde de Malaquita y el Negro Ácido 210 son compuestos difíciles de eliminar. Los métodos de limpieza tradicionales no logran eliminar esos compuestos. Se sabe que los residuos de colorantes son tóxicos para la agricultura y los ambientes marinos.
Por eso, el equipo de los doctores Korol y Gallego buscó una forma de remover esos colorantes en los efluentes con recursos naturales. Los científicos confiaron en que el propio ambiente podía ofrecer herramientas naturales para enfrentar el problema.
Color y amenaza en ríos y arroyos

El grupo de investigadores eligió cinco puntos del Área Metropolitana de Buenos Aires: el Río de la Plata, el arroyo Medrano, el arroyo Morón, La Boca y Lanús.
Tomaron muestras de agua en recipientes estériles y las procesaron pocas horas después, en condiciones controladas.
Analizaron la calidad del agua y midieron la demanda química y bioquímica de oxígeno y la presencia de bacterias nocivas. Seleccionaron cinco colorantes: Verde de Malaquita, Negro Ácido 210, Naranja Directo 39, Rojo de alizarina y Violeta de Genciana.

La prueba clave fue medir cuánto oxígeno consumían las bacterias frente a los colorantes. Si el consumo subía, las bacterias degradaban el compuesto. Si bajaba, el colorante frenaba su actividad.
“En la mayoría de los lugares, los colorantes inhibieron a las bacterias. Pero el arroyo Medrano representó una excepción: allí las bacterias resistieron y empezaron a degradar los compuestos, asociados a la presencia de industrias textiles cercanas”, comentó el científico. Ese arroyo nace en el partido de San Martín y desemboca en el Río de la Plata.
El arte secreto de limpiar el agua

A partir de pruebas de resistencia, el equipo de investigadores aisló 28 bacterias capaces de decolorar colorantes al usar caldo nutritivo como suplemento. De todas, solo dos cepas sobresalieron.
Una de ellas degradó el colorante Verde malaquita, otra el Negro Ácido 210, siempre con una eficiencia superior al 87%. Las bacterias se identificaron como Aeromonas sp. y Shewanella sp., al usar técnicas bioquímicas y genéticas avanzadas.
“Las pruebas confirmaron que la presencia de esas bacterias degradadoras puede indicar una contaminación prolongada, incluso con una persistencia mayor a la del propio contaminante”, aclaró el doctor Gallego.
Un futuro más claro para los arroyos

Tras los resultados, los investigadores sugirieron que se utilice el método que desarrollaron para identificar bacterias útiles y contar la historia de la contaminación en cada arroyo.
“Que no se encuentren bacterias puede indicar que no hay una historia de contaminación en un arroyo. En cambio, si se las detecta, podría indicar contaminación. Es una hipótesis que postulamos en nuestro trabajo”, puntualizó el científico.
Además, señaló que sería importante tener en cuenta que la adaptación bacteriana puede producirse por exposición a compuestos parecidos, incluso si el colorante específico no está en el agua.
Más allá de las limitaciones del estudio, los investigadores destacaron que se debería seguir estudiando factores para optimizar la degradación de los compuestos, como el tipo de fuente de carbono, el pH y la temperatura.

Actualmente, la influencia de diferentes factores en el proceso de degradación está siendo evaluada. “A partir de los resultados publicados en Journal of Water & Health, estamos desarrollando más estudios relacionados con las bacterias encontradas", comentó.
Las dos bacterias del AMBA muestran que la naturaleza puede ayudar a limpiar lo que la actividad humana ensucia.
“Antes de que el colorante llegue al río, las bacterias podrían estar en una planta de tratamiento de efluentes. De esta manera, los contaminantes no llegarían a los arroyos”, señaló Gallego. El descubrimiento entonces genera la posibilidad de pensar en ríos y arroyos más claros y menos tóxicos.
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