
El hallazgo de un fósil de ave prehistórica con la garganta repleta de piedras ha abierto un enigma para la paleontología, al ofrecer una de las pocas ocasiones en que los científicos pueden inferir la causa de muerte de un animal extinto.
Este espécimen, analizado por la curadora asociada de reptiles fósiles del Museo Field de Chicago, Jingmai O’Connor, representa no solo una nueva especie, sino también un caso singular en el registro fósil: la evidencia apunta a que el animal murió asfixiado al intentar regurgitar una masa de piedras, aunque la razón por la que las ingirió sigue siendo un misterio.
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El estudio, publicado en la revista Palaeontologica Electronica, sitúa este episodio en el contexto más amplio de la evolución y extinción de los dinosaurios y las aves.

El fósil, bautizado como Chromeornis funkyi en homenaje al dúo musical Chromeo, corresponde a un ave diminuta, de tamaño comparable al de un gorrión actual, pero con rasgos anatómicos similares a los de la especie fósil Longipteryx, como los grandes dientes al final del pico. O’Connor relató sobre el hallazgo que ocurrió en China: “Hay miles de fósiles de aves en el Museo Tianyu de Shandong, pero en mi último viaje a sus colecciones, este me llamó mucho la atención. Supe de inmediato que se trataba de una nueva especie”.
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El análisis microscópico reveló una masa inusual de piedras en el esófago, adyacente a los huesos del cuello, un fenómeno sin precedentes en la literatura paleontológica. “Es realmente extraño, porque de todos los fósiles que conozco, nadie ha encontrado jamás una masa de piedras dentro de la garganta de un animal”, afirmó O’Connor.
La investigación se centró en determinar si estas piedras correspondían a gastrolitos, un término que designa las rocas ingeridas por animales para facilitar la digestión. En especies actuales como las gallinas, estas piedras se almacenan en la molleja, un estómago muscular que tritura el alimento. Sin embargo, entre los miles de aves fósiles del mismo grupo, nunca se había documentado la presencia de piedras en la molleja. Para esclarecer el caso, O’Connor y su equipo recurrieron a tomografías computarizadas, comparando el volumen, la cantidad y la ubicación de los cálculos en Chromeornis con los de otras aves fósiles que sí poseían molleja.
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Los resultados fueron concluyentes: “Encontramos más de 800 piedras diminutas en la garganta de esta ave, muchas más de las que esperábamos en otras aves con molleja. Y, a juzgar por su densidad, algunas de estas piedras ni siquiera eran realmente piedras, sino más bien pequeñas bolitas de arcilla", explicó O’Connor. “Con estos datos, podemos afirmar con total certeza que estas piedras no fueron tragadas para ayudar al ave a triturar su alimento”.
La hipótesis más plausible, según O’Connor, es que el animal pudo haber estado enfermo y, como ocurre en algunas aves actuales, desarrolló comportamientos anómalos como la ingestión compulsiva de piedras. “Cuando las aves se enferman, empiezan a hacer cosas raras”, señaló la investigadora.
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El equipo propuso que Chromeornis funkyi ingirió una cantidad excesiva de piedras, intentó regurgitarlas en una sola masa y esta quedó atascada en el esófago, provocando su muerte por asfixia. “Es bastante raro saber qué causó la muerte de un individuo específico en el registro fósil”, subrayó O’Connor. “Pero aunque desconocemos por qué esta ave se comió todas esas piedras, estoy bastante seguro de que la regurgitación de esa masa provocó su atragantamiento, y eso fue lo que mató a esa pequeña ave”, planteó.

El descubrimiento de Chromeornis funkyi no solo aporta un caso excepcional de muerte documentada en el registro fósil, sino que también amplía el conocimiento sobre la diversidad y la evolución de las aves en el Cretácico. El nombre de la especie rinde tributo a Chromeo, cuyos integrantes, David “Dave 1” Macklovitch y Patrick “P-Thugg” Gemayel, expresaron su entusiasmo: “Llevamos 20 años haciendo esto, ¡pero es la primera vez que nos llaman dinosaurio! Bromas aparte, es un honor increíble que sumamos a una carrera llena de sorpresas. Nos complace aportar un poco de la magia fósil a la gran ciencia de la paleontología”.
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Chromeornis funkyi pertenece al grupo de las enantiornitinas, que durante el Cretácico fue el más numeroso entre las aves. Sin embargo, este linaje desapareció tras el impacto del asteroide hace 66 millones de años, junto con la mayoría de los dinosaurios, sobreviviendo únicamente el grupo que dio origen a las aves modernas. “Durante ese desastre ambiental, las enantiornitinas pasaron de ser el grupo de aves más exitoso a ser exterminadas”, explicó O’Connor al Museo Field. El estudio de Chromeornis y otras especies extintas permite comprender tanto las razones de su éxito evolutivo como los factores que los hicieron vulnerables, lo que podría ofrecer claves para anticipar los efectos de las extinciones masivas actuales y orientar estrategias de conservación.
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